Francisco Hermosa Pérez - ¿Jardines?

 

ABC, Sevilla, 16 de julio de 1992

 

Señor director:

Soy forastero, aún cuando ya me haya irrogado el derecho a utilizar el título de sevillano. Mucho me habían hablado de los olores de Sevilla. Desde los tradicionales del azahar y la dama de noche hasta el ritual del incienso pasando por el sibarita del «pescaito frito». Todos los aspiré y de todos me emborraché. Me empapé de tradición en San Bernardo y de historia en San Bartolomé. Quise meditar y me dirigí a los cercanos «Jardines de Murillo».

Vi a jóvenes practicantes de la «cultura de la litrona» apurar su contenido y arrojar el cuenco a los pies de Don Juan, convirtiendo la placita en un sembrado de cristales. Vi a extranjeros de blanca piel comer en Cano y Cueto a escasos metros de contenedores con los chorreones lógicos de aquello que está permanentemente lleno de algo más que basuras.

En la búsqueda de mi deseado retiro, encontré bancos medio destrozados que lucían en sus bajos los jaramagos de la desidia y los pocos que estaban utilizables estaban ocupados por orientales sonrientes con mapas y bocadillos. Otros rincones estaban capitalizados por indigentes con sus tristes equipajes. Comprobé cómo los surtidores permanecían mudos y los estanques llenos de latas de cerveza y cajas de leche. Vi un kiosco sin estilo de donde provenía una música extranjera y estridente impropia de una ciudad sensible y de unos ciudadanos eternos esclavos del buen gusto.

Al fin encontré, entre yerbajos, cuatro rosas blancas y ajadas. Frente a ellas me senté. Llegaron dos niños. Quisieron cortarlas. Se lo prohibí. Enojados volvieron con sus padres. El con corbata y cazadora de cuero. Ella con traje de chaqueta y bolso de charol. Escucharon las quejas de sus hijos. El hombre avanzó y, una a una, violó a las cuatro rosas blancas, ajadas y casi marchitas que fueron a a parar a manos de los niños. No supe protestar. Desde ese momento, los «Jardines de Murillo» sencillamente no existen. Me marché meditabundo. Un temor bailaba en mi mente: Cartuja-93.

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