Antoni Ferrer Abárzuza - Del XIII al XXI - Traducción castellana de Juan Manuel Grijalvo

 

Original català

 

Ultima Hora, 11 de noviembre de 2006

 

De repente, hace pocos días, el gobierno británico se hace portavoz de un informe sobre el pésimo estado del medio ambiente de la Tierra. La novedad no es el resultado, sino la fuente de la que proviene. El agresivo e insensato capitalismo -reconocen implícitamente- se ha pasado de optimista a la hora de calcular la capacidad de aguante del ecosistema planetario que ahora traquetea (sólo el ecosistema, el Planeta seguirá estando ahí secula seculorum). Los técnicos cuya voz Blair nos ha dejado oír prevén enormes gastos para contrarrestar los cambios que se producirán. Serán las mutaciones en el clima, principalmente, el primer agente modificador de la vida y de la orografía sobre la cual se asienta. Los dineros que se habrán de invertir serán muchos, y las pérdidas materiales que se sufrirán serán grandiosas y, naturalmente, deberán pagarlas todos los ciudadanos y ciudadanas. En el siglo XIII, un feudalismo consolidado se extendía sobrre tierras y gentes ajenas a aquel sistema que era, también, como el nuestro de ahora, agresivo e insensato. La necesidad de expansión de los feudales creó un conflicto; primero mediterráneo, atlántico después (¡ay, América!) y planetario finalmente. En el contexto del occidente del Madre Nostrum, el feudalismo creó un enfrentamiento abierto con el Islam, devenido «el enemigo» por antonomasia. Los nobles terratenientes, los feudales, con su estética férrica, hoy llustrada de nuevo por la última versión cinematográfica de "El Señor de los Anillos" y los inmortales cuentos de princesas y reinos, eran los promotores y beneficiarios del choque. Eran ellos los que tenían necesidad de aumentar sus rentas para mantener su sistema de vida basado en la violencia. Pero las rentas sólo crecían saqueando al enemigo, invadiendo y colonizando, para asegurar que los nuevos campesinos produjesen para engordar las arcas nobles, pequeñas, medias y grandes.

Todo, claro, es más complicado, pero aquellos promotores del feudalismo iniciaron un enfrentamiento que, como suele pasar, involucró a más gente, y no sólo a ellos, a su clase. Dentro del marco general del conflicto, los ataques y contraataques entre los reinos o territorios controlados por los reyes o nobles feudales o por los sultanes árabes eran sufridos por buena parte de la población; en Ibiza, por su totalidad. Eso ocasionaba unos gastos que eran pagados por todo el mundo; los más ricos supieron posicionarse y beneficiarse, porque estaban en situación de prestar dinero a las instituciones que ellos mismos dirigían.

Al final del siglo XV y durante el XVI las arcas municipales ibicencas estaban agotadas y los ingresos intervenidos por los acreedores. El producto de los impuestos y derechos de la sal percibidos anualmente por la Universidad huía forma de torres de vigilancia, reparaciones de murallas, armas y municiones, fletes de barcos para la defensa e importaciones de trigo (jugoso tema también, el de la alimentación). La deuda pública no paraba de aumentar. Así, la belicosa política global conducida por el feudalismo llevó a Ibiza (convertida en lo que era por el feudalismo, ciertamente) a un esfuerzo económico grandioso. Hoy nos anuncian que la política capitalista nos pondrá ante peligros vitales, especialmente a los «pequeños», a los que no hemos visto el timón de esta política, a los que no entendemos ni siquiera cómo se lleva el rumbo. La capacidad de adaptación, sin embargo, solucionará la papeleta a la especie... lástima, sin embargo, que nosotros sólo somos individuos y que las adaptaciones se hagan, desde Darwin, a fuerza del sacrificio de individuos.

 

Eivissa - Ibiza...

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