Juan Manuel Grijalvo - Juan Grijalbo Serres

ha fallecido el 22 de noviembre de 2002

 

Fundación Juan Grijalbo Serres

 

 

Tengo el sentimiento de comunicar a los lectores de estas páginas que el editor Juan Grijalbo Serres ha muerto en Barcelona el 22 de noviembre de 2002

Siguen diversos obituarios.

 

ABC 23/11/02

El editor barcelonés Joan Grijalbo falleció ayer a los 91 años de edad.

Fue uno de los editores emblemáticos de los años 80 y sus dos grandes sellos, Grijalbo y Crítica, gozaron del favor del público español e hispanoamericano.

El histórico editor Joan Grijalbo falleció ayer por la tarde en Barcelona a los 91 años de edad, después de una larga trayectoria profesional que no abandonó en ningún momento ya que hasta este año colaboró con sus hijas Paloma y Poppy, en el que fue el más reciente de sus proyectos: la creación de la editorial Serres (su segundo apellido), un sello de alta calidad destinado al público lector infantil.

Joan Grijalbo - que será enterrado mañana domingo - nació en Gandesa (Tarragona) en 1911. Con anterioridad a su carrera profesional en el sector de la edición, participó de modo activo en la política, un ámbito en el que destacó primero como directivo del Sindicato de Banca de Barcelona (1932-1939); y desde 1936, como vocal-consejero de construcción en el consejo de Economía de la Generalitat de Cataluña, en tanto que representante de UGT.

Entre los años 1937 y 1939 fue director general de Comercio de la Generalitat y consejero fundador de la Caja de Crédito Industrial de Cataluña. Por aquella época escribió además, junto con Francesc Fàbregas, «La municipalización de la propiedad urbana» y colaboró en la publicación «Treball», así como en el Boletín Trimestral de la Consejería de Economía.

Por su marcada militancia de izquierdas y su participación activa en política, en 1939 se exilió a Francia, donde se convirtió en jefe de correspondencia del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles, una entidad a la que acudieron las numerosas personas que en aquellos momentos dejaron el país forzadas por las penosas circunstancias de la guerra civil. Grijalbo, lejos de arredrarse, consideró que trasladarse a América podía ser un buen punto de partida para recomenzar cuanto antes. Y así lo hizo: como otros españoles - y un nutrido grupo de intelectuales catalanes -, ese mismo año se instaló en México, donde adquirió la nacionalidad de aquel país y fundó la que sería su gran editorial: Grijalbo.

Su primer catálogo incluía una colección de biografías de divulgación pensadas fundamentalmente para el público hispanoamericano, diccionarios, novelas, guías de la naturaleza y obras de economía. Una vez la editorial alcanzó un buen crecimiento económico, se empleó a fondo en la influencia que podía tener sobre el público de España. Tras esta primera fase de establecimiento en el mercado español desde el exterior, Grijalbo decidió regresar a su país y a su ciudad. Una vez aquí, en 1976 fundó la editorial Crítica, que supondría un claro referente para las voces críticas y el izquierdismo de la época, en que también trataban de profundizar en este mismo aspecto varias revistas y editoriales, desde la catalana Edicions 62 (que ya llevaba catorce años en funcionamiento) hasta Anagrama, esta en lengua castellana.

 

El triunvirato

En 1974 había fundado Ediciones Junior, y en 1979 creó Grijalbo-Dargaud, centradas en la edición de cómics tanto en castellano como en catalán. Con la sede central ubicada en Barcelona, el grupo Grijalbo llegó a contar con un cincuenta por ciento de su producción dedicado a las exportaciones y, poco a poco, se convirtió en parte de un triunvirato que compartía con las editoriales Planeta y Plaza y Janés. En su catálogo se contaban algunos de los nombres más famosos de escritores de «best seller», pensadores europeos (dentro de Crítica) y Astérix, lo que da idea de la pluralidad de las colecciones y los públicos a los que llegaba.

A finales de los 80, Juan Grijalbo decidió reubicar el grupo en otra posición. Vendió en 1988 el setenta por ciento de su capital a la casa italiana Mondadori. Más adelante, la editorial quedaría totalmente en manos de Mondadori, que sin embargo decidió respetar el nombre del sello por su merecida fama. Aunque ya no en manos de su fundador, Grijalbo forma hoy parte del conglomerado empresarial Random House Mondadori, controlado por el grupo Bertelsmann junto con sus socios italianos.

 

Juan Grijalbo es el primero por la derecha

 

El editor y político catalán Juan Grijalbo Serres ha fallecido en Barcelona a la edad de 91 años, según han confirmado fuentes cercanas a la familia. En su trayectoria profesional, Juan Grijalbo ha recibido numerosas distinciones, entre ellas la Medalla de Oro de la Ciudad de Barcelona o el pasado año la Gran Cruz de la Orden de Isabel I la Católica y participado de manera activa en la vida cultural - fue fundador del Ateneo de Barcelona -. Juan Grijalbo Serres, que había nacido en 1911 en la localidad tarraconense de Gandesa, había sido empleado de banca y directivo del Sindicato de Banca de Barcelona entre 1932 y 1939 y en 1936 ocupó el cargo de vocal-conseller de construcción en el Consejo de Economía de la Generalitat republicana como representante de UGT. Durante la Guerra Civil española, Grijalbo fue también director general de comercio de la Generalitat y al acabar la contienda se exilió a México donde fundó la editorial Grijalbo, con delegación en Barcelona desde 1957.

 

 

Muere Juan Grijalbo. El editor, de 91 años, estaba escribiendo sus memorias

LA VANGUARDIA - 03.46 horas - 23/11/2002


DAVID AIROB

 



Juan Grijalbo Serres fotografiado
el pasado mes de febrero en Barcelona

El editor Juan Grijalbo Serres, nacido en 1911 en Gandesa (Tarragona), falleció ayer en Barcelona a la edad de 91 años. El fundador de la editorial que lleva su nombre -vendida a Mondadori en 1988- forma parte de la historia de la edición española desde que, en su exilio mexicano, creara su propia editorial en los años 50. El pasado mes de febrero, recibió la gran cruz de Isabel la Católica y entonces declaró a este diario: "La muerte sólo da miedo a los imbéciles".

Juan Grijalbo comenzó su andadura profesional como empleado de banca, en los años 20 del siglo pasado. Este hijo único, miembro del PSUC, llegó a ser director general de Comerç de la Generalitat a los 27 años, y posteriormente ejerció como delegado del gobierno autonómico en el Banco Zaragozano. Más tarde, tuvo que exiliarse a México, "un país que me lo dio todo - por ejemplo, la nacionalidad - y no me pidió nada". Allí, tras el fracaso de la editorial Atlante, que fundó junto a otros socios con un préstamo del Gobierno republicano, creó Grijalbo, editorial que se fue expandiendo por diversos países: Argentina, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Uruguay y Puerto Rico. Siempre presumió de su formación autodidacta, pues "mi familia no leía libros".

En los años 70 volvió a España, pudiendo al fin trabajar en el sector editorial en su país de origen. Entre sus mayores éxitos, destacan títulos como "El motín del Caine", "El padrino" o "Memorias del duque de Windsor", por no citar los álbumes de "Astérix". Su política fue alternar la novela con ensayos marxistas, como las obras completas de Lukacs traducidas por Manuel Sacristán, los clásicos de Marx y Engels o incluso la traducción de diversos volúmenes de la Academia de las Ciencias de la URSS. Su sello cosechó fama, ya en su etapa española, de "literatura comercial" - frente a firmas más "literarias" como Seix Barral o Anagrama - y, actualmente, el grupo Random House Mondadori publica en él sus títulos de novela histórica o policiaca. Entre las personas que trabajaron para Juan Grijalbo se encuentran nombres como Ernest Lluch o Pasqual Maragall. Tras vender su empresa a un gran grupo, continuó en el mundo editorial con el modesto sello Serres.

 

Buen fumador de habanos

La muerte ha sorprendido a Grijalbo cuando estaba escribiendo sus memorias, por encargo de su amigo Jorge Herralde, aunque ya no podía hacerlo a mano, por problemas de salud. Entre los episodios que tenía previsto relatar en ellas se encontraba su amistad con Andreu Nin o sus relaciones con otros editores, como Gustavo Gili.

Con porte de caballero a la antigua, y buen fumador de habanos, una vez declaró que la clave de su buena salud era "no comer demasiado, beber poco y fumar mucho. También hay que procurar no tener deudas: generan ansiedad. Y no sufrir. Yo, en mi larga vida, no he sufrido nunca y nunca me he quejado".

 

José Martí Gómez - La Vanguardia, 26 de noviembre de 2002

Del largo exilio de Josep Tarradellas en Saint-Martin-le-Beau, el único que salía bien parado era el editor Juan Grijalbo, fallecido este fin de semana. El editor que se pateó sus filiales latinoamericanas con una libreta en la que llevaba al día toda la contabilidad fue el único, según explicaba el honorable sentado en su butaca del frío y destartalado salón, "que cuando por aquí no venía nadie nos traía obsequios, comestibles e incluso ayuda económica". Tarradellas conocía a Grijalbo desde que "era un mocoso, y un día se me plantó y me dijo que no estaba de acuerdo con lo que yo decía". Fue un gran editor y un hombre generoso, fiel a sus ideas y a sus amigos

 



GONZALO PONTÓN

EL PAIS | Cultura - 23-11-2002



Tengo ante mí una fotografía tomada en Ciudad de México el día de Santa Cecilia de 1979, hace hoy justamente 23 años. Un grupo de personas toma otanas en un típico restaurante mexicano, lugar de muerte del general Obregón. Docenas de faroles eléctricos que penden como machetes nopaleros iluminan un mariachi charro que empuña violines y trompetas. Un enorme letrero en la pared advierte con fingida cortesía: "Evítenos la pena de negarle el servicio si viene armado". Tapa el letrero, de vez en cuando, una poderosa cabeza aún cubierta de ondulada cabellera, ya blanca, que cobija un ancho rostro en el que campea una rotunda uve que dibujan dos cejas circunflejas y una nariz sensualmente encarnada. La uve ha de ser por fuerza cursiva, pues una línea recta la subraya: es el negro bigote colonial, perfilado en blanco, de don Juan. De don Juan Grijalbo Serres, quien celebra esa noche, con sus colaboradores, sus 40 años de editor, los que van desde El motín del Caine hasta El vampiro de la colonia Roma, primer premio Juan Grijalbo, concedido esa misma tarde. Pero don Juan no acaba de ser feliz. Le falta para ser un gran editor -me dice tras un largo trago de herradura reposado y con una sonrisa de complicidad- publicar una enciclopedia. Le veo venir y me arrepucho. Cuando le digo que ya hay muchas en el mercado, me replica veloz y taimado: "Mire, con las enciclopedias pasa como con los abrigos de pieles, siempre se venden". No me libré de su tesón: cuatro años más tarde, dirigí para él el gran Diccionario enciclopédico Grijalbo (DEG) en seis volúmenes, con un prefacio de Jorge Luis Borges, que le hizo inmensamente feliz. Releo ahora la entrada "Grijalbo i Serres, Joan" y veo que sólo le concedí ocho escuetas líneas y ninguna ilustración. Jamás me lo reprochó. En la nota editorial que escribió para el DEG, del que decía sentirse orgulloso y satisfecho, declaraba: "Nuestro apoyo al director ha sido total y le hemos demostrado constantemente nuestro entusiasmo dejándole absoluta libertad de acción. No hemos hecho recomendación alguna para poner, suprimir o rectificar. El DEG es lo que su director ha querido que sea". Así se comportó en su vida profesional: cuando daba su apoyo, lo hacía sin reparos, cuando se entusiasmaba ante un proyecto dejaba completa libertad para actuar y jamás imponía su criterio en cuestiones editoriales. Me decía a menudo que su falta de formación universitaria le forzaba a ser modesto, y aunque yo le llevaba inmediatamente la contraria desbarrando desaforadamente contra la mediocridad de la Universidad y la sublime estupidez de las minucias que nos enseñaban en ella, él respondía invariablemente, sacudiendo la cabeza: "Sí, pero usted fue a la Universidad y yo pasé de largo". Nunca le hizo falta a don Juan ir a la Universidad: le enseñó, más, la necesidad. La que le llevó, en buen hora, por el camino de la edición que, en su caso, fue extenso y fecundo en el tiempo y en el espacio.

Gonzalo Pontón es editor

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