Adelaïde de Clermont-Tonnerre - Otto de Habsburgo

 

Antes que nada, sigue siendo mi padre

 

Hijo primogénito y heredero del Emperador Carlos I, el Archiduque Otto es el único de sus ocho hijos que lo ha conocido de veras. Excepcionalmente, ha aceptado confiar sus recuerdos a "Point de Vue".

 

(Point de Vue, 6 / 12 de octubre de 2004)

 

P D V: El 1 de abril de 1922, cuando vuestro padre entregó el alma, teníais diez años de edad. ¿Qué recuerdo guardáis de aquel día?

O de H: Me ha marcado para toda la vida. Era el único de sus hijos que estaba presente, cerca de él. Quería que viera cómo debe morir un cristiano. Fue muy duro. Se ahogaba lentamente. Pero yo querría, cuando me llegue la hora, saber morir como él.

P D V: ¿Cuál fue la última frase que os dijo?

O de H: El día de su muerte no me dijo nada. Estaba totalmente concentrado en la oración y guardaba sus últimas fuerzas para hablar a mi madre.

P D V: ¿En qué ha sido un ejemplo para vos?

O de H: Me ha enseñado a escoger siempre el deber antes que la comodidad personal. Me ha mostrado cuán importante era trabajar por la paz, intentando cumplir la Voluntad de Dios. Me hizo comprender que Europa es una entidad a unir. Por esta razón, me hace feliz que su beatificación tenga lugar en el mismo año en que se produce el ensanchamiento de la Unión Europea. Su visión política se realiza hoy.

P D V: A la caída del Imperio, teníais sólo seis años de edad. ¿Cómo os ha explicado vuestro padre este acontecimiento histórico?

O de H: Mi padre fue un gran hombre. Hizo todo lo posible, de acuerdo con mi madre, para protegernos del impacto que pudiera tener sobre nosotros la caída del Imperio. Quería que mantuviéramos una ligazón absoluta con nuestra patria. Jamás tuvo resentimiento ni amargura.

P D V: ¿Cómo habéis vivido este cambio radical de vida?

O de H: Para nosotros, no cambió nada. Vivíamos sencillamente. Nuestros padres siempre nos hicieron compartir la suerte del pueblo. En tiempos de guerra, mientras el país sufría las peores privaciones, era inimaginable vivir entre lujos.

P D V: En esta época, ¿compartíais la mesa con vuestro padre?

O de H: No. Estaba ausente con frecuencia. En el frente durante la guerra, y en su despacho el resto del tiempo. Trabajaba hasta muy tarde, en general hasta después de la medianoche. Cuando venía a vernos en nuestras habitaciones, ya estábamos dormidos. No recuerdo aquellos momentos. Era nuestra madre la que se ocupaba de veras de nuestra vida cotidiana.

P D V: ¿Cuál es el recuerdo más grato que conserváis de él?

O de H: En Madeira, en su último exilio, tenía más tiempo para nosotros. Fue en ese momento cuando estuve más cerca de él. Ya era lo bastante mayor como para comprender nuestra situación. Dábamos paseos, hacíamos excursiones en bicicleta. Teníamos largas conversaciones... Fue un período corto, pero muy intenso, de nuestra vida familiar.

P D V: Vuestro padre fue emperador, y ahora es "Bienaventurado". ¿Aún pensáis en él llamándole "papá"?

O de H: Claro que sí. La beatificación no cambia el hombre que fue. Para mí y para mi familia, sigue siendo una realidad viva.

 

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