Entrevista con Pablo Hempler Villanova, técnico informático

 

Mola, Diario de Ibiza, 17 de enero de 2007

 

Nuestro entrevistado de esta semana es técnico informático. Estudió en Salamanca un par de años, cuando ya vivía acompañado de su silla de ruedas. Antes también había hecho un curso de Ofimática en Ibiza, justo después de pasar por el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Estuvo siete meses y aprendió a vivir en su nueva situación. Le gusta acordar aquello de "la silla la llevo bajo el trasero, no dentro de la cabeza". Llega al lugar de la entrevista conduciendo su coche adaptado, que es una pequeña obra de ingeniería.

– ¿Cómo fue tu estancia en el centro de recuperación de Toledo?

– Allá te enseñan a enfrentarte a tu nueva vida. Te lo enseñan todo, a vivir en tu nueva situación física. Dependiendo de las secuelas que te hayan quedado y las posibilidades que tengas, te exprimen más o menos. En mi caso, que tengo paraplejia, pero las extremidades superiores perfectamente, soy de los más afortunados, porque puedo llegar a hacer una vida completamente normal. Yo vivo solo, conduzco, trabajo, tengo pareja… Hago lo mismo, pero sentado en vez de estar de pie. Hay gente que tiene menos suerte que yo. Si pasas una semana en el Hospital de Toledo, aprendes a valorar lo que tienes. Había mucha gente joven con la vida destrozada.

– ¿Y al volver a Ibiza?

– Pues hice un curso de Ofimática y trabajé en una gestoría. Más tarde decidí marcharme a Salamanca, a estudiar un módulo superior de Informática. Al acabar, volví a la isla y desde entonces he tenido varios empleos. Ahora mismo soy profesor de Informática en un curso organizado por el Ayuntamiento de Santa Eulària. Pero no he podido acceder a un trabajo confortable, porque la principal dificultad que encuentro en Ibiza son las barreras arquitectónicas. No he encontrado uno que sea exactamente lo que necesito. Y es que en Ibiza casi todos los locales y oficinas aún no están adaptados a las sillas, suelen ser viejos y estrechos, o si no tienen escaleras o escalones.

– Ibiza no parece nada adaptada a las sillas de ruedas...

– No. Está en camino, pero va muy lenta, igual que la mayor parte de España.

– Pero aquí, además de la poca concienciación de las administraciones públicas, tampoco hay demasiadas empresas que se hayan adaptado a la normativa, ¿verdad?

– Ni las empresas privadas, ni los particulares... Pero lo más triste es que haya administraciones públicas que continúan sin adaptarse, sobre todo cuando el año 2008 entrará en vigor la Normativa Europea para los derechos de los discapacitados. Y eso se sabe hace diez años. Yo mismo reclamé a la Dirección General de Tráfico (DGT) para que construyesen una pequeña rampa de acceso para poder entrar. Se lo pedí porque no me parecía complicado. Pero al final respondieron, no recuerdo si desde Madrid o desde Palma, que las condiciones del local no lo permitían. No lo entiendo, porque sólo hace falta la rampa.

– ¿Usted suele reclamar a las instituciones cuando topa con obstáculos?

– Sí, pero la mayoría de las respuestas que recibo de las administraciones son protocolarias. Son respuestas del todo impersonales, parece que no se paren ni un segundo a estudiar la reclamación. Te responden con un formulario.

– Hemos hablado de la Administración, pero la gente, ¿crees que entiende vuestro caso?

– La gente mayor suele mirarte con más pena. Se comprende, porque en su época no era tan corriente. Pero la mayoría lo comprende, lo respeta y te ayuda. Después hay gente un poco burra, que no lo piensa o no le importa. Pero vaya, éstos no me respetan ni a mí ni a nadie. Hay de todo.

– En un día normal aquí en la isla, ¿con cuántas barreras puedes topar?

– Uf, son tantas que no sé por dónde empezar…

– Su casa debe estar adaptada.

– Sí, es una planta baja. El propietario que me la alquila me dejó instalar dos rampas de hormigón. No hay escalones. Pero una vez en la calle, el primer problema que encuentro es aparcar el coche. Las plazas para discapacitados suelen estar ocupadas por personas que te dicen que "sólo son cinco minutos". Que los aparcamientos reservados para discapacitados sean más anchos tiene una razón: porque debemos poder sacar la silla por la puerta. Pero hay gente que aún no lo entiende. Después, una vez en la calle, hay pocas aceras adaptadas. Y en casi todos los establecimientos debo pedir que me ayuden para acceder. No suelen estar adaptados para sillas de ruedas, tienen escalones, escaleras… Es una dificultad continua.

– ¿Y los centros deportivos?

– Los pabellones y las piscinas suelen tener más espacio y están adaptados.

– Ahora llegan las elecciones. Supongo que comenzará a apuntarse las promesas que harán los políticos para facilitarles la vida.

– Sí, cuando hay elecciones parece que los políticos se acuerdan de la gente con problemas. Pero después de ganar se olvidan, y debemos irles detrás para recordarles sus compromisos. Sólo entonces es cuando se ponen a trabajar... o cuando la oposición de turno se lo recrimina. Les cuesta.

– ¿Qué municipios están más adaptados?

– Más o menos están todos igual. En Ibiza se adaptan algunas aceras últimamente. Y en Santa Eulària, por ejemplo, hicieron un gran esfuerzo por acondicionar los accesos a las playas. Ahora hay rampas hasta el agua, está muy bien. Pero las calles y el resto del pueblo necesitan muchos cambios, como el resto de la isla.

– ¿Qué pedirías a los futuros alcaldes y presidentes insulares?

– Quieres decir en relación a los discapacitados, ¿no? [ríe] Porque hay tantas cosas más que les pediría...

– Sí, está claro...

– Pues muy fácil: que cumplan la ley, que apliquen la normativa europea.

– ¿Eres de alguna asociación?

– No. Últimamente estoy a la de Sa Colomina por el servicio de Fisioterapia. Un ‘fisio' privado te cuesta 40 euros por sesión y, evidentemente, es muy caro. Aunque parezca un poco extraño, no estoy en ninguna otra asociación. He conocido gente discapacitada que se cuelga de su dolencia. Ellos mismos se vuelven más discapacitados de lo que son. Particularmente, yo pienso que si tienes una discapacidad física como yo debes pedir ayuda cuando no puedas hacer una cosa. Tú mismo debes esforzarte por no ser discapacitado, o para que no se note tu discapacidad. Está muy bien recibir ayuda, pero no debes estar quieto esperándola.

– ¿Y tu entorno, cómo lo lleva?

– Bien, el accidente tuvo lugar en el 2000 y ya están acostumbrados. A menudo mi familia y mis amigos se olvidan que voy en silla de ruedas, y a veces me piden cosas que no puedo hacer. Les digo "pero tío, ¿qué me estás contando?". Pero al principio les chocó mucho. Fue un cambio radical. Por todo lo que comporta. En el caso de mi pareja, ella ya me ha conocido así. De hecho, cuando me conoció, pensaba que era de nacimiento. Se sorprendió. Y mis amigos están acostumbrados. Salimos cada fin de semana.

– Mucha gente en tu situación acaba marchándose de la isla.

– En la Península hay equipos de baloncesto y muchas más actividades para la gente con silla de ruedas. Y las ciudades están más adaptadas, como Ciudad Real y Vitoria. La gente con silla de ruedas huye de la isla. Bien, no sé si han huido, quizá no es la palabra. Pero yo quiero hacer por cambiar la isla y no tener que marcharme. Seguramente deberé hacerlo, pero sería más por motivos laborales y económicos. En la isla es muy difícil sobrevivir. El precio de los alquileres, aquí el acceso al trabajo y la organización de mi vida personal y del ocio son difíciles. Sobre todo en mi situación.

– ¿Pero tú querrías quedarte?

- Sí, soy ibicenco. Y si debo salir, seguro que vuelvo algún día. Ibiza me encanta. Espero que de aquí a unos años la isla esté mejor adaptada para los discapacitados. Porque si no, seguiré dando por saco [ríe]

 

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