LAS MANOS DE UN REY, por David Cofield

 

"Las manos del Rey son manos que sanan", dijo Ioreth, mujer sabia de Gondor. Al hacer presente este recuerdo del pasado de su país, Ioreth no sólo ayudó a salvar la vida a varios de los principales personajes del "Señor de los Anillos", sino también expresó una creencia que estuvo extendida en algunas zonas de Europa occidental, igual que en la Tierra Media.

Durante la Edad Media, se creía que los monarcas de Francia e Inglaterra tenían el poder divino de curar la escrófula, nombre que se daba en la época a varias enfermedades e infecciones de la piel. De hecho, la escrófula también era conocida como "el Mal del Rey". Se creía que tal facultad descendía a los gobernantes en la coronación, al ser ungidos con el santo óleo. Los monarcas franceses dijeron tenerla desde los tiempos de Clodoveo, en el año 481, hasta Luis XVI, el que fue decapitado en 1793. Y sabemos que en Inglaterra esta práctica comenzó con el Rey Eduardo el Confesor, antes de la conquista normanda, y duró hasta la muerte de la Reina Ana, en 1714. "Bonnie Prince Charlie", el pretendiente Estuardo, mantuvo la costumbre hasta 1745.

La cura de la escrófula, según la practicaban los monarcas medievales, recuerda mucho a los actuales "sanadores por la fe". La Reina Isabel I oraba, y luego "apretaba las llagas y úlceras" de los pacientes, "valientemente y sin repugnancia". La Reina Ana impuso las manos a cientos de enfermos en grandes ceremonias, y el Domingo de Pascua de 1686, Luis XIV de Francia tocó a mil setecientas personas. Es posible que hubiera algunas "curaciones", o por lo menos mejorías pasajeras, pero la mayoría de los casos debieron ser como el de Samuel Johnson, que tuvo cicatrices de escrófula hasta su muerte, pese a que la Reina Ana le impuso las manos en 1712.

J.R.R. Tolkien conocía sin duda esta antigua creencia en los poderes salutíferos de la monarquía, y dotó a Aragorn, heredero de Elendil, de unas capacidades parecidas, pero superiores, como parte de su real herencia. Tolkien vinculó los poderes de Aragorn con su posición como uno de los "hijos de Lúthien" en una de sus cartas (la núm. 155 de la edición de H. Carpenter). Puede que Lúthien recibiera estas facultades de su madre Melian, una Maia que servía a Estë, la que cura el dolor y la fatiga (ver el Valaquenta). Otros descendientes de Lúthien las heredaron también. Las consejas de Ioreth decían que los Reyes de Gondor eran conocidos por su capacidad de curar. Elrond, un descendiente mucho más próximo de Lúthien, salvo la vida y el alma de Frodo al sacarle del hombro la esquirla envenenada de Morgul; la Reina Arwen Undómiel prescribió el remedio para los males mentales y emocionales del Portador del Anillo.

Sin embargo, los curanderos reales de Tolkien eran muy diferentes de los monarcas medievales, que se basaban en la fe de sus súbditos en su vinculación con la divinidad para cualesquiera curaciones que puedan haber conseguido. Tolkien dijo que los poderes de Aragorn podían considerarse "una mezcla de magia con farmacia y procesos hipnóticos" (Carta núm. 155). En otras palabras, Aragorn y sus reales antepasados, igual que Elrond y otros hijos de Lúthien, tenían ciertos poderes salutíferos que sólo podían describirse como mágicos. Además, puede que tuvieran conocimientos médicos, transmitidos oralmente de un curandero a otro. Parte de esta información pudo haber sido de dominio público, y haberse perdido a medida que los saberes de Númenor se iban olvidando. Y a veces, los hijos de Lúthien pudieran haber empleado materiales corrientes, que adquirían en sus manos poderes extraordinarios o especiales. El herborista de las Casas de Curación desprecia las escasa virtudes del "athelas", cuando lo usaban los plebeyos. El real toque de Aragorn despertaba los poderes superiores latentes de la planta.

¿Cómo practicaba Aragorn sus curaciones? Seguramente, no con la simple imposición de manos, según la técnica de la realeza medieval y los "sanadores" modernos. Cuando los Nazgûl hirieron a Frodo en Weathertop, Aragorn cantó una salmodia sobre el mango del cuchillo, quizá para exorcizar el hechizo maligno, y luego lavó la herida con una infusión de "athelas". El dolor de Frodo se redujo y mejoraron los ánimos del resto de los hobbits. Aragorn volvió a usarla para atender a Sam y a Frodo cuando escaparon de Moria. Esta vez las lesiones no eran tan graves y no les hicieron falta más asistencia. En las dos ocasiones, el único poder curativo que muestra Aragorn es hacer manifestarse las propiedades superiores del "athelas". Cuando fue a las Casas de Curación lo empleó de nuevo, combinándolo con lo que Tolkien llama "procesos hipnóticos". Trajo a Faramir, Eowyn y Merry de vuelta de las sombras, curándolos al parecer más con su voz que por cualquier acción física. Después de estos éxitos, el diluvio de súplicas que cayó sobre él fue tan grande que se vio obligado a pedir ayuda a los hijos de Elrond. La recuperación de Frodo y Sam, tras su rescate del Monte del Destino, fue debida también a Aragorn, que usó de nuevo la "hipnosis" para enviarlos al "dulce olvido del sueño". Sus poderes salutíferos, para entonces ya divulgados, fueron citados como una prueba más de su derecho al trono en su coronación.

Pese a la gran diferencia entre el "toque del Mal del Rey" de los monarcas medievales y la indudable capacidad curativa de Aragorn, hay semejanzas. Los Reyes de Inglaterra y Francia decían serlo "por la Gracia de Dios". Eran protectores y defensores de la fe establecida en su país. Estos deberes y títulos religiosos, y su supuesto poder sobre la escrófula, eran las últimas reliquias de la majestad de sus lejanos predecesores, que combinaban las funciones de Rey y sumo sacerdote. Asimismo, los Reyes antiguos eran considerados muchas veces no sólo sumos pontífices, sino seres divinos, con todos los atributos y poderes de los dioses. Cuando el cristianismo desalojó las viejas religiones paganas, el papel del monarca como dios se hizo menos visible. En su lugar, aparecieron gradualmente doctrinas como la del derecho divino, que sostenía que el Rey era un representante de Dios en la tierra. De este modo, una Reina Ana o un Luis XIV que imponían las manos a sus súbditos no estaban intentando sólo hacer una buena obra. Estaban remontándose a las funciones de sus antepasados más antiguos como guías religiosos o divinidades, para legitimar su poder político presente.

Este mismo concepto del sacerdote-rey aparece en la obra de Tolkien. Guiado por el Rey, el pueblo de Númenor había rendido culto a Eru. Sólo el Rey podía hablar en la sagrada cima del Moneltarma. Cuando los Reyes se rebelaron contra el Decreto de los Valar y dejaron de conducir al pueblo a la montaña sagrada, la mayoría de los Númenoreanos dejó el culto al Dios Único, según nos recuerda el Akallabêth. Tras la caída de Númenor y la fundación de los Reinos en el Exilio, pareció que las casas de Isildur y Anárion retomaran el papel religioso del sacerdote-rey. Una nueva cima fue consagrada en el Mindollium. Y de nuevo, cuando la línea real se extinguió, el culto de Eru fue abandonado, salvo por algunos vestigios (Carta num. 156). Para el pueblo de Gondor, las manos salutíferas de Aragorn fueron el signo de que los sacerdotes-reyes, semidivinos por descender de Lúthien, habían vuelto.

Utiles como eran los poderes curativos de Aragorn mientras no fue sino un Ranger desposeído, resultarán aun más importantes cuando recuperó los tronos de Arnor y Gondor, pues le diferenciaban no sólo de los hombres corrientes, sino también de los otros monarcas. Por ejemplo, nunca se atribuyeron tales facultades a la casa de Eorl en Rohan. El Rey Elessar Telcontar tenía indiscutiblemente lo que muchos gobernantes medievales buscaron al imponer las manos contra la escrófula: legitimidad religiosa y, al mismo tiempo, política.

Copyright: Reprinted from 'Beyond Bree', Newsletter of the Mensa Tolkien Special Interest Group, issue of July 1986.

Traducido al castellano por Juan Manuel Grijalvo y publicado con el amable permiso del autor y de Nancy Martsch, Editora de 'Beyond Bree', boletín del Grupo de Interés Especial de Tolkien de Mensa.

 

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