JOTA - José Manuel Romero - Las Tortugas
de "Buscando a Nemo"
Dedicado a E.
He repetido en más de una ocasión que "Buscando a Nemo"
es una película para adultos; conforme más pienso en ello, más
convencido estoy. Una amiga me dijo el otro día algo acerca de las tortugas
que aparecen en esa película. La idea general me ha inspirado a escribir
estas breves líneas.
Las Tortugas en cuestión aparecen en grupo pero sin avasallarse unas
a otras, se diría que cada una va a lo suyo sin salirse de la formación,
casi militar. ¿Militar?. No, por cierto, por cuanto hay un factor que
rompe la seriedad del grupo: las crías.
Analizando la secuencia de la Corriente del Sur de Australia se puede llegar
a varias conclusiones que, sin interpretar que haya intencionalidad por parte
de los guionistas -¡faltaría más!-, son interesantes para
los humanos. A saber:
i.- Parece que Crash -la única tortuga adulta que habla- se toma las
cosas un poco a la ligera. ¿A la ligera, realmente?. Más bien
parece que lo que hace es desenvolverse sin problemas en un entorno que le es
sobradamente conocido.
ii.- La secuencia tiene lugar en un contexto que es fácilmente extrapolable
a la vida de un humano: la Corriente fluye llevándote hacia tu destino.
En la alegoría que veo, qué duda cabe de que esa corriente es
el río de la vida. En ella, las Tortugas se desenvuelven sin dificultad,
casi con despreocupación.
iii.- Es notable que las Tortugas no se dejan llevar por la corriente, sino
que lo que hacen es aprovechar su impulso para progresar. Es más, las
crías de las Tortugas se dedican a jugar y hacer lo que les place sin
salirse de la corriente.
iv.- Cuando las cosas se ponen complicadas -la corriente se acelera-, las Tortugas
dan una voz de alarma y se concentran en lo que están haciendo; tienen
más cuidado con el curso del viaje pero siguen siendo dueñas de
la situación.
v.- Cuando una de las crías se sale de la corriente por error, Crash
le deja actuar libremente a ver qué hace. La cosa es sencilla: la cría
vuelve a la corriente, se siente impresionada por la experiencia y pronto vuelve
a comportarse como ha sido natural hasta entonces.
De todo ello se pueden concluir varias cosas. Como todo, porque para gustos
hay colores, es discutible. Pero como en este foro me expreso como mi razón
me da a entender, otros llegarán para discutir lo aquí expuesto.
Al grano. Me parece que queda claro que, como he indicado antes, la corriente
es el río de la vida. Ante esto, los que están dentro pueden hacer
varias cosas: O salirse, o dejarse arrastrar, o aprovechar el impulso para progresar
hacia la meta. Esto último es, precisamente, lo que hacen las Tortugas.
A pesar del posible aire de despreocupación que tienen, lo que están
haciendo realmente es avanzar hacia el objetivo fijado pero manteniendo el control
de lo que hacen. Eso es lo que permite que las crías puedan jugar sin
problemas mientras avanzan, porque lo que realmente sucede es que saben lo que
está pasando en cada momento.
A los humanos nos pasa algo parecido en el río de la vida. Lo que nos
sucede es que al no controlar la situación, o sea la corriente, podemos
dar con nuestros cuerpos fuera, ir dando tumbos por la corriente chocando con
otros, o sencillamente ir avanzando sin darnos cuenta de por dónde pasamos
ni hacia dónde vamos.
Conozco a mucha gente (posiblemente yo mismo también estoy, o he estado)
que se deja llevar por la corriente. Algunos de ellos incluso se dan cuenta
de lo que les está pasando. Sin embargo, en vez de disfrutar de la experiencia
y pasárselo bomba como las crías de nuestas entrañables
Tortugas, lo que hacen es dejarse arrastrar sin sentido o, lo que es peor, blindarse
contra los posibles obstáculos que se encuentren en el camino (cuando
lo positivo es aprender a maniobrar, y para eso hay que tener siempre la vista
al frente). Sin tener en cuenta, claro está, que aunque mantuviesen el
dominio de la situación y son capaces de disfrutar con ello, a veces
las cosas se pueden poner feas (¡la corriente se acelera a veces!). En
resumen, nos dejamos arrastrar sin ton ni son, poniéndonos únicamente
un paragolpes para no abollarnos la carrocería -o algo peor- pero sin
aprender a maniobrar para esquivar efectivamente los obstáculos.
Todo este rollo es para decir que, si realmente queremos disfrutar del río
de la vida como las Tortugas, lo que tenemos que hacer es optar lor lo más
difícil: aprender a adaptarnos a las circunstancias. Por desgracia no
hemos tenido la oportunidad de aprender desde pequeñitos como las crías
de las Tortugas, por lo que el aprendizaje nos resultará más complicado
y, en ocasiones, doloroso. Pero eso no es óbice para seguir intentando
aprender a maniobrar porque, por difícil que nos parezca y pupa que nos
haga, es en nuestro propio beneficio. Aprendamos a nadar de una puñetera
vez, ¡es apasionante!
Palma de Mallorca, 10 de Diciembre de 2003.