Juan B. Costa - Sobre el transporte marítimo entre Ibiza y Formentera

Capitán de la Marina Mercante

 

Enero de 2007

 

Desde finales del siglo XIX hasta hoy es bueno recordar que las comunicaciones marítimas entre Formentera e Ibiza han ido desde la pequeña embarcación a vela y remo a los hidrofoils y catamaranes de alta velocidad, pero el camino ha sido largo y penoso, tanto por la deficiencia económica de Formentera como por el abandono por parte del Estado, en todos los regímenes políticos que hemos tenido, en cuanto a ayudas para el transporte marítimo. Afortunadamente ya se empieza a ver una pequeña luz en el túnel y la Administración ya empieza a subvencionar algunos viajes en beneficio de los habitantes de Formentera.

Ya en 1760 había el llaüt del patrón Noguera que hacía viajes entre las islas, y el Archiduque Luis Salvador en su visita a Formentera en 1867 dijo que había tres puertos desde los cuales la isla se comunicaba con Ibiza: es Caló, muy peligroso y difícil; la Savina (ocasionalmente es Pujols), puerto preferido durante el verano, y el Estany des Peix, preferido en invierno.

Según cuenta Víctor Navarro en su libro "Costumbres en las Pitiüsas", editado en 1901, dice que "...las comunicaciones con Ibiza, punto el más frecuentado por los formenterenses, se hace por medio de unos faluchos tripulados por un patrón y cuatro marineros. Los vecinos de aquella isla suelen estar igualados con los patrones y por 12, 14 ó 20 reales al año tienen derecho de pasaje toda la familia y de que les lleven y traigan encargos de poco volumen y poco peso. También queda obligado el patrón, en virtud de la iguala, a ir en busca del médico y de medicinas si a algún parroquiano enfermo se le da el raro capricho de llamarlo o de utilizarlas. Para los que no están igualados, el pasaje cuesta 50 céntimos. En estos mismos faluchos se transporta toda clase de géneros, incluso la sal, grava y ganado".

Las comunicaciones marítimas entre Formentera e Ibiza, o viceversa, siempre han sido un problema de vital importancia para los habitantes de Formentera, pues sabido es que es obligado el desplazamiento a Ibiza para infinidad de motivos: el primero, para ir a nacer; el segundo, en busca de la salud perdida y, por último y desgraciadamente, para ir a morir debidamente atendido.

En 1985, con la entrada en servicio de los ferries Espalmador e Ibiza, se dignificó definitivamente el transporte marítimo entre las Pitiusas y se revolucionó el concepto del mismo en el comercio de mercancías. A partir de este año el pasajero viaja en confortables butacas, aire acondicionado y televisión. Por primera vez es transportado según las normas internacionales del Convenio para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar (SOLAS).

Los que me conocen ya lo saben, pero para los que no me conozcan deben saber que cuando los citados ferries eran solamente un proyecto sobre planos, me nombraron Director de Flota de la recién fundada naviera Umafisa y durante 10 años desempeñé el cargo con muchísima ilusión y una gran carga de trabajo que se hizo aún más a gusto tratándose de mi isla.

Los capitanes de los ferries resultaron ser, además de excelentes profesionales, pese a su juventud, hombres de gran corazón que pronto se ganaron la estima de las gentes de Formentera, porque confraternizaron con el pueblo y se ganaron inmediatamente su simpatía por su actuación en su quehacer diario en que en tantos y tantos días de crudo invierno, estuvieron dispuestos a salir del puerto en condiciones bastante extremas para no dejar a nadie en el muelle y otras veces porque había un asiduo pasajero (Jaime Juan Portas, Jaume Pins) que si no lo llevaban a Ibiza para hacer la diálisis diaria, sabían que lo condenaban a una muerte cierta.

Puedo afirmar que durante diez años al frente de la flota solamente se anularon cinco viajes por vientos sostenidos de fuerza 8 ó 9 de la Escala de Beaufort.

Hemos llegado a 2007 y llevamos ya algunos años soportando comportamientos relacionados con el transporte marítimo que nada tienen que ver con lo comentado anteriormente, hasta el punto de que tenemos que leer en la prensa que "el alcalde de Formentera pide explicaciones a Trasmapi y Balearia por la cancelación de trayectos" (Diario de Ibiza de 24-10-2006 y 27 enero 2007).

De todos es conocida la frase inglesa Master after God, el Capitán después de Dios.

Efectivamente, no conozco ninguna persona que tenga tantas atribuciones por ley como la figura del Capitán de un buque en la mar, como lo confirman el Libro Tercero del Código de Comercio y Reglamentos Internacionales. Pero también recaen sobre su cargo infinidad de obligaciones que le marcan la pauta en cada acción. Así leemos en el artículo 614 del C.C. que "El Capitán que habiendo concertado un viaje dejare de cumplir su empeño sin mediar accidente fortuito o caso de fuerza mayor que lo impida, indemnizará todos los daños que por esta causa irrogue, sin perjuicio de las sanciones penales a que hubiere lugar".

Naturalmente la ley prevé que para exonerar la responsabilidad del Capitán ante la suspensión de una salida de puerto, por ejemplo, deberá convocar junta de Oficiales, oír sus razonamientos, fundamentar los hechos mediante boletines meteorológicos adversos en el puerto de salida, asesorarse con el Práctico del puerto y Capitanía Marítima ante la posibilidad de cerrar el puerto de salida o de destino, informarse de las condiciones meteorológicas del puerto de destino y, finalmente, anotar el acta de la junta de Oficiales en el Diario de Navegación.

Al pueblo de Formentera, la mayoría hijos o nietos de gente de mar, no se le puede engañar fácilmente alegando que se ha interrumpido el servicio marítimo por condiciones meteorológicas adversas, como tan a menudo se está haciendo.

Los inconvenientes y perjuicios económicos que causan las constantes anomalías en el cumplimiento de los horarios de los barcos ferries entre Ibiza y Formentera y viceversa, han llegado a un extremo casi insoportable en la vida cotidiana de Formentera: interrupción del correo postal, falta de suministros de primera necesidad a los supermercados, bloqueo de la entrada y salida de mercancías y bloqueo total a los viajeros con vehículos. ¿Qué está pasando aquí? Porque no siempre se anulan los viajes por fuerza 7 u 8 de Beaufort, el puerto no se ha cerrado estos días. ¿Será que el barco no es idóneo para esta travesía? Si fuese así, creo que la Conselleria de Transports del Govern Balear, en defensa de los intereses de los ciudadanos de la estas islas, debería intervenir rápidamente para subsanar estas deficiencias. O tal vez cada ciudadano perjudicado deba recurrir al artículo 614 del Código de Comercio para defender sus intereses.

 

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