Carles Bellsolà - Entrevista:

Juan Carlos Moreno Cabrera
habla sobre su libro "El nacionalismo lingüístico" (Ed. Península)

 

eldebat.cat, 14 de septiembre de 2008

El catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid Juan Carlos Moreno Cabrera ha publicado un libro, "El nacionalismo lingüístico" (Península), con una tesis profundamente provocadora: que el único nacionalismo lingüístico que existe en el Estado es el español. Y que es muy agresivo, como explica en esta entrevista con eldebat.cat.

- ¿En qué consiste el nacionalismo lingüístico?

- La idea de que se suele tener en España es que el nacionalismo, lingüístico y en general, son las reivindicaciones de una serie de regiones que se han empeñado, de forma obsesiva y exagerada, que se reconozca su lengua y su cultura. Para que muchos consideran que esta lengua y esta cultura están ya reconocidas en la Constitución y que, por lo tanto, toda esta insistencia corresponde a un deseo de diferenciarse que va en contra de la sociedad de la globalización.

- Pero usted, en cambio, sostiene que hay un nacionalismo lingüístico por parte española.

- Al titular así mi libro, seguro que mucha gente lo ha leído con la intención de reafirmar sus ideas. Para ellos, la lectura del libro puede resultar insoportable, porque se pone de manifiesto una cosa que está oculta, que es el nacionalismo de Estado. Que no se reconoce como tal porque se parte de la falacia de que, una vez establecido el Estado, en este caso, el español, se produce una superación de todas las diferencias étnicas e identitarias. En el libro demuestro que eso es completamente falso. No sólo el Estado no ha trascendido la cuestión nacional, sino que se basa en una nación, una cultura y una lengua concreta, que sigue siente la lengua castellana.

- Así, ¿cuál de las dos partes da más muestras de nacionalismo?

- Es que, según mi definición de nacionalismo lingüístico, no existen ni el nacionalismo lingüístico catalán, ni el vasco ni el gallego. ¿Por qué? El principal rasgo definitorio del nacionalismo lingüístico es considerar que la lengua propia es superior a las otras. Cosa que no tiene sentido con razones estrictamente lingüísticas. Esta idea, que procede de Menéndez Pidal, existe en el nacionalismo castellanista. Pero yo no la veo ni en el llamado nacionalismo catalán, ni en el vasco, ni en el gallego. Yo no veo a nadie que diga que el catalán es superior al castellano lingüísticamente.

- Cosa que sí hace el nacionalismo español, según su libro.

- El segundo rasgo definitorio es que, como mi lengua es superior, estoy haciendo un favor a los otros si se la impongo. Tampoco veo eso en el llamado nacionalismo catalán. Los catalanes no pretenden que se hable catalán en Málaga o en Castilla-La Mancha. Yo no sé de ningún catalanista que defienda eso. En cambio, los castellanistas sí que defienden que el castellano sea dominante en Cataluña, que sea su lengua principal. Aunque lo disfrazan al hablar de "lengua de comunicación" o "lengua de encuentro". De mi libro se deduce que, si aplicamos estos criterios, no existe el nacionalismo lingüístico catalán, vasco ni gallego. Mucha gente me ha echado en cara que no critico la "imposición del catalán". Pero, ¿qué imposición? Si yo digo que en Castilla se hable castellano, ¿eso es una imposición? Por tanto, si los catalanes dicen que el catalán tiene que ser la lengua predominante en Cataluña, ¿eso es una imposición?

- Pero los nacionalistas españoles no suelen decir abiertamente que el castellano debe ser la lengua dominante. Lo que hacen es argumentar los derechos individuales de los hablantes.

- Se habla de derechos individuales, pero las lenguas existen dentro de de una comunidad lingüística, no se trata de individuos aislados. Si yo me voy a Alemana, puedo tener todo el derecho del mundo a hablar castellano, pero tengo que hablar alemán. Porque me estoy integrando en un colectivo con unas relaciones lingüísticas donde predomina el alemán. Hablar de derechos individuales en cuestiones lingüísticas no tiene sentido. Y cuando critican que el catalán comience a adquirir predominio en ciertos ámbitos, lo hacen porque eso conlleva la pérdida del predominio absoluto, en estos mismos ámbitos, del castellano. Cuando critican eso, aunque no lo digan abiertamente, están poniendo de manifiesto que lo que temen los castellanistas no es que el castellano desaparezca de Cataluña, como dicen ellos. A nadie con dos dedos de frente se le ocurre que el castellano pueda desaparecer de Cataluña, es una estupidez pensarlo. En realidad, lo que expresan es su temor a que el castellano pierda el predominio absoluto en Cataluña.

- En cambio, sí que hay estudiosos que afirman que el catalán corre cierto peligro de extinción.

- Depende de con qué otras lenguas lo compares. Si comparamos el catalán con el aragonés, pues no está en peligro de extinción. Pero el catalán se compara con otras lenguas de su nivel demográfico. El catalán es una lengua europea muy importante desde del punto de vista demográfico y no está en peligro de extinción. Ahora bien, en los Países Catalanes el catalán no es la lengua dominante, eso está claro. Y hay muchos terrenos en los que no logra hacerse con este dominio. Por dominio no debemos entender nada negativo, sino que sea la lengua de uso habitual, la lengua por defecto. Cosa que sería lógica. Cuando se convive con una lengua poderosa desde el punto de vista demográfico, económico y político como es el castellano, los avances son muy difíciles. Nunca se puede decir que el catalán esté fuera de peligro, precisamente porque convive con el castellano.

- Por este mismo motivo, ¿son apropiadas las medidas de fomento de la lengua tales como la inmersión lingüística?

- La única inmersión lingüística que conozco es la del castellano. En Cataluña no hay inmersión lingüística. Si en Cataluña se usa el catalán en la escuela, eso me parece normal. ¿Diríamos que enseñar en castellano en Madrid es inmersión lingüística? Yo no lo diría. Por inmersión entendemos lo que ocurre cuando una lengua oficial no es la lengua de la población y se obliga a usar esta lengua en la escuela, cosa que pasa en muchos países del mundo. En Nigeria, la lengua de la escuela es el inglés, y cualquier niño que se quiera escolarizar tiene que aprender inglés. Que no lo habla ni él ni nadie de su familia. Porque el inglés, y ésta es la cuestión, no es una lengua de Nigeria, es una lengua impuesta por las potencias coloniales. Pero el catalán no es una lengua impuesta por las potencias coloniales, es la lengua propia de Cataluña.

- Usted, en su libro, diferencia entre bilingüismo aditivo y sustitutivo. ¿Cuál es el caso en Cataluña?

- El bilingüismo que se dice promover desde el centro es teóricamente aditivo. Es decir, que yo añado mi lengua a la autóctona y ambas conviven. Pero en el 90% de los casos, en realidad, es un bilingüismo sustitutivo, en que se pretende que la lengua nueva acabe sustituyendo a la autóctona. Si a un niño catalán se le educa en castellano, porque hay muchos más libros, más programas de TV, más oportunidades, lo que se propicia es que el niño diga: "Ah, yo hablo en catalán con mi familia, pero a mí lo que me interesa es el castellano, porque me da más posibilidades". Precisamente por eso, el castellano no se habría de enseñar en las escuelas de Cataluña. Ya sé que es duro decirlo, que mucha gente me criticará por eso, pero es así. En estos momentos hay una situación de desequilibrio muy fuerte en favor del castellano. ¿Cómo la corregimos? ¿Apoyando por igual las dos lenguas? Entonces se mantendrá el desequilibrio. La única solución es apoyar la lengua autóctona, la lengua propia, mucho más que la otra. Cae por su propio peso.

- Pero buena parte de la opinión pública española tiene la percepción contraria, que el castellano es una lengua de segunda en Cataluña y que está perseguido.

- Es que debería ser de segunda, claro que sí. Por las razones que ya he dado. Exactamente igual que el catalán es una lengua de segunda en Castilla. En Madrid, si es que existe, el catalán es una lengua de segunda o de tercera. Y eso, a todo el mundo le parece muy bien. Que el castellano sea una lengua de segunda en Cataluña, a mí no me parecería mal. Pero el caso es que no lo es, que sigue siendo dominante en muchos ámbitos. La idea de que el castellano se ha perseguido en Cataluña es una manipulación ideológica. Quien ha ido a Cataluña sabe que eso no es así, pero el que no ha ido se lo acaba creyendo. Los mismos argumentos sobra esta 'persecución' del castellano no se aplican, por ejemplo, en el caso de Puerto Rico. ¿Qué ocurre cuando se choca con un nacionalismo lingüístico más poderoso que el propio, como es el caso del inglés? Que, entonces, el ideólogo del nacionalismo lingüístico de la lengua menos poderosa pasa a utilizar los mismos argumentos de autoconciencia lingüística que usan los que defienden las lenguas periféricas. Sin embargo, en tal caso, ya no les parecen argumentos nacionalistas. Cuando yo defiendo el castellano en Puerto Rico, amenazado por el inglés, no soy nacionalista; cuando los catalanes hacen eso mismo, entonces sí que se les considera nacionalistas.

- También se suelen invocar razones de mercado o 'darwinistas', como dice usted, para justificar el predominio de una determinada lengua.

- El nuevo discurso del nacionalismo se basa en criterios economicistas. Se dice que hay lenguas que tienen un gran mercado y que otras lo tienen pequeño. Eso significa emplear criterios de la globalización capitalista, de verlo todo como mercados, productos y clientes. Así es como funciona la economía, pero lo que no se puede hacer es utilizar estos criterios economicistas en la cultura. Es como si en el Museo del Prado un cuadro hubiese sido visitado por 5.000 personas y otro, sólo por 50. Y dijésemos: "Destruyámoslo, o bajémoslo al sótano, que lo visita muy poca gente". La cultura no es economía, es otra cosa.

- ¿Por qué los escritores en catalán venden tan pocos libros en el resto del Estado?

- España no ha asumido su carácter plurinacional. Si se hubiera hecho una política plurilingüística de veras, a los niños se les habría enseñado al menos a leer y entender las diversas lenguas del Estado. Así, un adulto escolarizado sería capaz de leer a Josep Pla sin traducir. Y un autor catalán podría vender en su lengua en todo el Estado. Así, los autores catalanes no se plantearían escribir en castellano. Ahora, si un autor catalán, con toda lógica, quiere ser leído tanto como sea posible, acaba escribiendo en castellano. De esta manera, la presencia del catalán va desapareciendo, y sólo se lee en Cataluña. Y además, poca gente.

- ¿Cómo ha sido recibido su libro en el resto del Estado?

- Prácticamente todas las reseñas y entrevistas que he tenido han sido de Cataluña, Galicia o el País Vasco. En el resto del Estado, el libro casi no ha tenido ninguna incidencia. A la gente le gusta leer opiniones que refuercen las suyas, no opiniones totalmente contrarias.

 

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