Julio Reyes Fuentes - Conocí a un gaucho argentino

 

Las Palmas de Gran Canaria, junio de 2007

 

Camino de entrada

 

Durante los años que permanecí en Argentina tuve oportunidad de conocer al propietario de un establecimiento ganadero en el noroeste argentino, con el que me unió una gran amistad. Fui invitado a pasar temporadas en su estancia, poniendo a mi disposición la casa e instalaciones de la misma. Acepté su generosa invitación en varias oportunidades, aprovechando mis descansos vacacionales durante mi época de marino en aquel país. De ahí mi conocimiento del campo argentino y de su gente.

 

Fabio Ruiz

 

Los mejores momentos que pasé en el campo fueron los paseos de reconocimiento a caballo, acompañado por el puestero y encargado principal. Se llamaba Fabio Ruiz, un gaucho de castizo apellido hispánico y cabellos rojizos. Empezábamos mirando cuidadosamente al suelo mientras me iba explicando todo lo que nos enseñaba…

- Fíjese, señor… en esas huellas que están ahora delante suyo (yo ni me había dado cuenta de que había huellas)… por aquí pasó anoche un ñandú. ¿No ve la forma de la pata de dos dedos dirigidos hacia adelante?

 

Ñandú, el avestruz americano

 

- ¿Por qué sabe que pasó anoche?

- Por la dirección de la huella. El animal se dirigía a su echadero para incubar, de acuerdo a la fecha en que estamos.

Un poco más adelante vemos una serie de pisadas confusas…

- Por aquí pasó una tropa de vaquillonas con sus crías en dirección a los bebederos. ¿Ve esta otra huella pequeñita?.... Es la de una corzuela o cabrilla del monte.

 

Corzuela o cabrilla del monte

 

Más adelante me muestra un rastro que yo no podía creer cuando me dice que era de uno de los pumas que se meten en el campo en busca de agua y que de vez en cuando, de paso, matan a un potrillo. La yegua huye abandonando al potrillo, y sin embargo la vaca defiende a su ternero. Después de su primera comida el puma entierra el alimento sobrante para volver al sitio y comer durante varios días. El daño de los pumas es irrelevante y estaba prohibida su caza y captura para no contribuir a su desaparición. Recuerdo que al poco tiempo el personal me invitó a un asado. Observé que una parte de la carne no podía ser vacuna. Me dijeron que era el lomo de un puma que uno de los peones, desobedeciendo la prohibición, había cazado días antes. El puma se caza con trampas que se dejan sueltas en lugares por donde se sabe que suelen pasar. Al pisarla, se cierra sobre una de sus patas y el pobre animal camina arrastrándola y dejando una clara huella de sus patas y de la trampa. Los gauchos en sus recorridas ven estos rastros y los siguen, ayudados por los perros. Al final el animal queda acorralado por la jauría y el peón lo mata de un tiro.

 

Cría de puma

 

También tuve oportunidad de ver tropas de pecarís, los jabalíes de Sudamérica, que se cruzaban en fila india por el camino. Posteriormente ocurrió que fueron desapareciendo con la tala indiscriminada de los campos de los alrededores para la agricultura, porque diezmaban los sembrados de soja y otras leguminosas y ya era raro verlos. Cuando los peones veían un rastro, lo seguían con los perros y al final cercaban al animal contra un árbol y allí lo mataban. A continuación venía la ceremonia del destripado del animal y ¡oh asombro!, los perros se ponían en fila según su orden jerárquico y esperaban que el jinete les fuera tirando las vísceras para irlas comiendo por riguroso turno.

Tras este paréntesis continúo narrando mis recorridas del campo acompañado por el amigo Fabio. Mi admiración por él era consecuencia de todo lo que me enseñó sobre el campo, su flora, su fauna y su adecuado manejo y mantenimiento.

Me indicaba los nombres de las plantas, árboles, arbustos, flores y hierbas que crecían en el monte. Sólo pude asimilar una pequeña parte de su sabiduría...

 

Ganado en el campo

 

- Las ramitas de esta planta sirven para el mal de vientre. Esto es poleo. Esa parte alta de las palmeras que usted ve se corta y es el palmito que tanto se vende envasado en los mercados. Este árbol hermoso que ve usted por todo el campo es el quebracho.

Me explicó varias veces cómo se distinguía el quebracho colorado del blanco, aunque nunca logré distinguirlos bien. Con el colorado se confeccionan actualmente los postes para los alambrados del campo. Durante mucho tiempo se hacían los durmientes para los ferrocarriles con su madera, muy dura y pesada. Además, nos provee de tanino, la materia prima esencial para el curtido de cueros. Dichas demandas han contribuido a la extinción casi total de la especie. Con el quebracho blanco también se hacen varillas para alambrados y es la principal materia prima para la fabricación del carbón vegetal. Otro árbol, también muy abundante, es el algarrobo. Cuando es joven, su tronco es usado como espaldera en los viñedos, para soportar los sarmientos. El fruto de las palmeras, cuya abundancia se cuenta por miles en el campo, es una especie de dátil redondo llamado buluncho que al caer come la hacienda por ser muy dulce y “engordador”.

 

Monte virgen

 

Volviendo a las huellas, me viene a la memoria una historia sobre Fabio que me contó el estanciero. En una oportunidad se metieron en el establecimiento unos cuatreros para robar caballos. Fue de noche, estando Fabio ausente. Al día siguiente notó la falta de cuatro animales. Preparó su potro y siguió las huellas a partir del punto en que salió la tropilla robada. Siguió las huellas durante dos días, cruzando a veces riachuelos y buscando su continuación en la otra orilla, atravesando caminos polvorientos... Los ladrones no se meten en el monte. Al fin llegó a un pueblecito a 150 kilómetros del establecimiento, donde encontró amarrados a los animales. Dio parte de inmediato a la policía del lugar, identificando a los animales por su marca y señal, y volvió con ellos. Los ladrones quedaron detenidos (“en cana”, como dicen en Argentina ) aunque supongo que no por mucho tiempo. En ese país, hasta tiempos recientes, el “abigeato” (cuatrerismo) no era castigado con severidad. Recuerdo que en las películas del Oeste Americano el robo de ganado estaba penado con la horca.

El estanciero me contó otra anécdota. Durante la época de la guerrilla en Tucumán notó Fabio que alguien extraño había entrado al campo. Observó que las huellas no partían del portón de la entrada y se iniciaban como si unos intrusos hubieran saltado por el alambrado. Al seguirlas vio que eran varias personas y que iban a pie, no a caballo. Las siguió pacientemente, observando cuando hacían altos para descansar o para comer, hasta que llegó a un lugar donde vio el pasto removido. A continuación y con la peonada como testigo excavó el lugar, hallando diversas armas de guerra, lo cual denunció Fabio a las autoridades.

 

Camino interior

 

De otro seguimiento de huellas puedo dar fe personalmente. Una tarde, estando de visita en el campo salí a dar un paseo a caballo acompañado por Saúl, el hermano de Fabio. Llevaba yo una escopeta en la mano; no recuerdo por qué, puesto que jamás maté a un animal por divertirme. La escopeta tenía una mira enroscada en la parte delantera del caño y con mi distracción por el paseo fue rozando los arbustos por todo el camino de ida y vuelta. Caminamos aproximadamente tres kilómetros de ida y tres de regreso por un camino interior y regresamos a la casa. Al llegar me di cuenta que con tanto roce con las plantas, la mira de la escopeta se había desenroscado y perdido. Esa misma tarde salía yo para el aeropuerto para regresar a la capital. Aunque parezca difícil de creer, Saúl había recorrido todo el camino que hicimos juntos siguiendo las huellas de los dos caballos hasta que encontró, semienterrada entre la hierba y el polvo, la dichosa mira.

Se acompañan a estas memorias algunas fotografías del campo, así como de parte de la flora y fauna del mismo.

 

Fotografías...

 

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