Julio Reyes Fuentes - Navegación en el río Paraná

 

Capitán de la Marina Mercante

 

El río Paraná y el Delta

 

Me vienen a la memoria los viajes que como profesional me tocó realizar por el Paraná, que juntamente con el Uruguay desemboca en el inmenso estuario del Río de la Plata que termina en el Océano Atlántico bordeando la costa Norte de la Provincia de Buenos Aires (Argentina) y la costa Sur de Uruguay.

Los buques que llegaban del Océano Atlántico al Río de la Plata recalaban a un buque fondeado (pontón Recalada) situado al Sur del Puerto de Montevideo. Allí embarcábamos al práctico del canal del Río de la Plata, que nos daba las instrucciones adecuadas para navegar por un canal boyado de aproximadamente 100 millas náuticas hasta llegar a un punto del estuario llamado Intersección donde terminaba su tarea. En este punto se cambia de práctico y embarca el que llevaría el buque hasta el puerto de Buenos Aires (unos 35 Km.) o el práctico del Paraná, si nuestro destino era uno de los puertos de este gran río.

El objeto de esta página es la admiración, que pese a los años transcurridos ha quedado grabada en mi mente, por el desempeño profesional de estos pilotos. Comenzaban como patrones de los barcos fluviales (por lo general remolcadores de gabarras) que transportaban cereales y mercancías generales desde distintos puertos del Río Paraná a Buenos Aires y viceversa. Después de muchos años obtenían la titulación pertinente para el pilotaje del río con buques de gran tamaño.

Ahora quisiera transportar al paciente lector al puente de mando de un buque de 200 metros de eslora, semi-cargado y con 25 pies de calado; navegando por el río con el agua justa bajo la quilla día y noche. Durante el día tenía el práctico una visión clara de los pasos donde tendría suficiente agua, confiando en su buena memoria y en los informes personales de sus colegas sobre los bancos de arena, cuya situación variaba con gran frecuencia. Llegada la noche, el buque tenía que continuar su navegación, pero ¿cómo se orientaba?... La sombra de una arboleda espesa por aquí... Las luces de un pueblecito de la ribera por la proa... La sonda ecoica que le indicaba el agua que tenía el buque bajo la quilla y el auxilio del radar que le señalaba los bordes del río pero no su profundidad… En fin: los oficiales nos limitábamos a estar junto al timonel vigilando el cumplimiento estricto de las indicaciones del práctico: “Timón a la vía”, “Así derecho”, “Cayendo a Estribor despacio”, “Aguante así”, etcétera… Igualmente atendiendo a las órdenes constantes a la máquina. Si el buque no lleva la velocidad adecuada al pasar frente a los pequeños puertos en el río, forma una ola que al llegar a la orilla envía a tierra firme embarcaciones de pequeño y mediano tamaño con los destrozos consiguientes.

 

El río Paraná entre San Pedro y San Nicolás

 

El viaje desde el puerto de Buenos Aires hasta el de San Lorenzo duraba unas 24 horas pasando sucesivamente por las poblaciones portuarias de San Pedro, Ramallo, San Nicolás, Villa Constitución y Rosario (principal puerto de la Provincia de Santa Fe). La navegación río arriba tiene la ventaja de que el buque se gobierna mejor por ir con menos calado y con la corriente de proa, lo que hace que la velocidad del paso del agua bajo la quilla sea mayor que la velocidad real del mismo, que obedece así perfectamente al timón. Por el contrario, río abajo, con el buque cargado y con la corriente de popa se hace más difícil y peligroso el gobierno.

En días de niebla era imprescindible fondear el buque, comunicar su situación por radio y poner un hombre de guardia en el castillo de proa tocando cada minuto la campana de bronce de fondeo, para tratar de evitar una eventual colisión con cualquier otro buque.

En una ocasión ocurrió una varada en un bajo fondo de arena, viajando con un petrolero cargado de gasolina. Se hicieron las maniobras correctas del caso, consistentes en fondear un ancla filando un par de grilletes de cadena y sondar a lo largo de toda la eslora del buque por ambas bandas para saber las condiciones de la varada, avisar el lugar de la misma y tratar de salir de esta situación por los propios medios. Estar atentos a una subida del nivel del río influenciado por los vientos reinantes, o pedir en último extremo la ayuda de un potente remolcador. En nuestro caso pudimos salir a las veinticuatro horas por nuestros propios medios con la ayuda de la máquina y de una ligera subida del río como consecuencia de una Suestada (vientos del SE) que hacen subir el río de la Plata y consecuentemente a sus tributarios como el río Paraná.

 

El puerto de Rosario

 

Quiero dejar constancia de la belleza del río Paraná, todo naturaleza y verdor en sus orillas… que nos permite percibir los aromas de las tierras, praderas y vegetaciones húmedas por las que transcurren sus aguas.

De regreso a Buenos Aires dejamos atrás un gran delta (Delta del Tigre) formado con el transcurso de los años por el Paraná y que termina en el estuario del Río de la Plata, un mar de agua dulce que separa Argentina de Uruguay y de tal anchura que no se divisa la orilla del país vecino.

Y nada más. Espero no haberles aburrido, aunque tengo la certeza de que cualquier marino o profesional del mar que lea estos apuntes compartirá mi admiración y respeto por los prácticos del Río Paraná.

 

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