Julio Reyes Fuentes - Recuerdos de la navegación de cabotaje en las Islas Canarias

 

Capitán de la Marina Mercante

Las Palmas de Gran Canaria, enero de 2007

 

La comunicación y los primeros transportes de mercancías entre las islas eran efectuados por embarcaciones de madera y a vela (pailebots de dos palos), algunos con motor auxiliar.

El pailebot mencionado llevaba dos velas con el mismo nombre que sus palos (trinquete y mayor) y dos o tres foques sobre su bauprés. Como los vientos predominantes en las islas son los alisios del NE y los rumbos entre islas son entre el primer y segundo cuadrante en un sentido o entre el tercer y cuarto cuadrante al regreso, generalmente se podía navegar de bolina o a un largo sin mayores problemas. La capacidad de carga de estas embarcaciones oscilaba alrededor de las 100 toneladas.

El progreso llegó a las islas con la incorporación de los CORREÍLLOS, embarcaciones con máquinas alternativas de vapor de triple expansión para pasaje y carga, construidas en Inglaterra por el año 1912. Tenían 67 metros de eslora, 894 toneladas de Registro Bruto, y podían transportar 190 pasajeros entre camarotes y entrepuentes (en 1ª y 3ª clases). Estas características corresponden a los tres mayores: León y Castillo, Viera y Clavijo y La Palma. También se incorporaron otros tres de las mismas características, pero algo menores: Gomera, Lanzarote y Fuerteventura.

Lamentablemente, todas estas embarcaciones se han perdido por abandono, salvo el correíllo La Palma. El empeño de unos oficiales de la Marina Mercante ha logrado que actualmente esté en varadero antes de su nueva botadura al mar, para poder mostrar a las generaciones actuales el más importante medio de comunicación entre las islas por muchos años. ¿Qué canario a partir de la generación del 27 no ha viajado en estos barcos? Recuerdo perfectamente que el viaje de Las Palmas a Santa Cruz de Tenerife (54 millas náuticas) duraba ocho horas (a 6,75 nudos de velocidad). Hoy este viaje se hace en buques ferry en un máximo de tres horas (a 18 nudos).

También se efectuaba con estos correíllos la línea con el Sahara Español, a los fondeaderos de Cabo Juby, El Aaiún y Tan Tan.

Fue en el Gomera, bajo el mando del Capitán y excelente marino D. Luis Vallejo donde inicié mis primeros viajes como alumno de Náutica. Guardo el mejor de los recuerdos del Capitán Vallejo, tanto en lo personal como por el respeto que me inspiró como excelente profesional.

No quiero dejar de anotar mis recuerdos sobre lo que eran los viajes a la costa del Sahara. A la salida de Las Palmas llevábamos en pescantes dos lanchones cargados con mercancías (generalmente artículos alimenticios y provisiones generales). Fondeábamos el buque a media milla de la costa (no había puertos) y arriábamos las lanchas al costado para llevarlas a remo hasta la playa. Al llegar a la costa esperábamos el “jacio”, que es un pequeño intervalo cada tres olas, y en ese momento se remaba fuerte hasta varar el lanchón en la orilla, donde nos esperaban nuestros amigos saharauis para proceder a la descarga después de los abrazos de bienvenida. Abrazos sinceros y cariñosos por ambas partes, aumentados por la de ellos, si cabe, por el gran agradecimiento que nos tenían.

Y así fue por muchos años. De ahí la simpatía que siempre hemos tenido en Canarias por la causa saharaui, demostrada, entre otras cosas, por las colonias de niños que traemos todos los años a pasar temporadas con nosotros para conocernos mejor y tratar sus dolencias, especialmente en los ojos, enfermos por la falta de los cuidados oportunos en el desierto. El pueblo saharaui, pese a los años transcurridos, sigue luchando en la O.N.U. por conseguir su definitiva independencia del reino de Marruecos.

 

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