Juan Manuel Grijalvo - El Capitán de Corbeta Sakuma

y el submarino Número 6

 

Esta imagen la he encontrado en : http://www.geocities.com/gwmccue/Submarines/Holland_7J.html

Tony Bellomo la puso allí

 

Con los japoneses uno nunca sabe a qué carta quedarse. Uno no sabe si admirarles, temerles, odiarles o qué... En cualquier caso, vale la pena leer el texto que sigue. Es un fragmento del libro "Few Survived", de Edwyn Gray, "A History of Submarine Disasters", traducido al castellano por Juan Manuel Grijalvo.

 

El 15 de abril de 1910, el Japón tuvo su primer encuentro con el desastre cuando el submarino Número 6 se hundió durante una prueba de inmersión en la bahía de Kure. Fue, si tal cosa es posible, un accidente de rutina, similar a muchos de los ya descritos en este libro. Pero la extraordinaria carta que escribió el oficial comandante del buque, Capitán de Corbeta Sakuma, mientras esperaba la muerte en el oscuro interior del submarino, lleno de vapores tóxicos, demanda un relato más completo de la tragedia. Mientras los científicos europeos trabajaban inventando equipos para ayudar a los supervivientes a escapar del fondo del mar, el fatalismo de Oriente permitía a los hombres aceptar su tremendo destino con un distanciamiento casi sobrehumano a ojos occidentales.

El Número 6 fue el primer submarino construido en el Japón. Su construcción comenzó en noviembre de 1904 en los astilleros Kawasaki de Kobe. Venía a ser una versión reducida del diseño original de Holland, del que la Armada Imperial había comprado cinco ejemplares a la Electric Boat Company. Era un buque experimental, bastante pequeño, que desplazaba apenas 57 toneladas en superficie y montaba un solo tubo lanzatorpedos a proa.

El submarino empezó la inmersión fatal a las diez de la mañana, mientras hacía prácticas en compañía de un vapor que también actuaba como ténder. Por causas desconocidas, el buque se sumergió demasiado deprisa y, como explica Sakuma en su carta, una válvula de un ventilador se atascó. Entró agua en el submarino, la popa se hundió y terminó en el fondo a 60 pies de profundidad.

A las once, alarmados al ver que el Número 6 no volvía a la superficie, el ténder envió un mensaje urgente por radio a la base naval de Kure. El 'Toyohashi', acompañado por varios remolcadores y gabarras, vino a toda máquina al lugar. A pesar de una extensa operación de búsqueda, no consiguieron localizar el buque hundido, y cuando cayó la noche suspendieron la búsqueda hasta la mañana siguiente. No encontraron el barco hasta las tres de la tarde. Tuvieron problemas con la maquinaria y no pudieron izarlo a la superficie hasta entrada la noche. Encontraron la carta de Sakuma al retirar los cadáveres:

 

 

"Lamento mucho haber hundido, por mi negligencia, el submarino de Su Majestad y causado la muerte de los oficiales y marineros bajo mi mando; pero tengo la satisfacción de que todos ellos han cumplido fielmente sus deberes con toda compostura hasta el último momento, y de que todos hemos sacrificado la vida por nuestra patria. Sin embargo, temo que este percance pueda causar confusión pública sobre la seguridad del submarino y frenar su desarrollo futuro. Si ustedes, señores míos, investigan el desarrollo del submarino con más celo y sin esta prevención, les quedaré muy agradecido.

 

La causa del accidente

Mientras navegábamos bajo el agua con el motor de gasolina nos sumergimos demasiado, y cuando intentamos cerrar la válvula del ventilador la cadena se rompió. Tratamos de cerrarla con las manos, pero era demasiado tarde. La popa estaba inundada, y el submarino se hundió. El ángulo era de unos 25 grados.

Cuando el barco se posó en el fondo, su inclinación era de unos 13 grados. Como el cuadro eléctrico estaba sumergido, las luces se apagaron y desprendió gases nocivos que volvieron difícil la respiración. El buque se hundió aproximadamente a las diez de la mañana del día 15. Intentamos achicar el agua del barco con una bomba de mano. Tan pronto como se hundió el barco, bombeamos el agua del tanque principal y, aunque no podíamos ver el indicador de nivel en la oscuridad, creemos que lo conseguimos. Falló la corriente eléctrica. Aunque la solución de las baterías rebosó un poco, el agua de mar no llegó a entrar en los vasos, lo que previno la generación de cloro. Dependemos enteramente de las bombas de mano.

Lo que antecede fue escrito en la torreta a las once y cuarto de la mañana. Los tripulantes tienen la ropa mojada de agua de mar y están pasando mucho frío.

Siempre he pensado que la dotación de un submarino debe ser muy tranquila y minuciosa, pero si no se conduce con arrojo no se conseguirá el progreso del arma, y por ello he dicho siempre a mis hombres que la timidez no había de volverlos demasiado cautos. Algunos podrán burlarse de mi fracaso en esta ocasión, pero confío en estar en lo cierto.

El indicador de profundidad de la torreta marca 52 pies, y aunque hasta el mediodía hemos hecho todo lo que hemos podido para bombear el agua, el barco no se ha movido. Creo que debemos estar a unas diez brazas.

La tripulación de un submarino debería componerse de hombres especialmente seleccionados, por si hubieran de sufrir experiencias como ésta. Estoy satisfecho de que todos mis oficiales y marineros hayan cumplido con su deber. Cada vez que salgo de mi casa para ir a mi barco pienso que tal vez no vuelva vivo, y por eso he hecho testamento y lo he dejado en un tirador de mi casa, pero no importa hablar más de ello ahora, puesto que sólo concierne a mis asuntos particulares. Ruego que los señores Taguchi y Asada hablen de ello con mi padre.

 

A Su Majestad

Señor, os ruego que cuidéis de las familias de los oficiales y marineros a mis órdenes para que no mueran de hambre; es lo único que me preocupa.

La presión atmosférica está aumentando y siento como si mis tímpanos hubieran estallado. 12-30 pm. La respiración es extraordinariamente difícil. Estoy respirando gases de petróleo. Estoy intoxicado con petróleo. Capitán Nakano, son las 12-40..."

La carta acaba en este punto. Sakuma, que había sobrevivido de milagro más de catorce horas, había muerto. Y también los otros trece valientes que componían la tripulación del Número 6.

Es muy poco frecuente que el mundo exterior llegue a saber de los pensamientos y las acciones de los hombres atrapados en un submarino cuando se pierde con toda su tripulación, y por eso reproduzco íntegramente la carta de Sakuma. Es un homenaje no sólo a un hombre valiente, sino a todos aquéllos, de cualquier nacionalidad, que han perecido sin testigos en las profundidades del océano, atrapados en los ataúdes de hierro que los han llevado a la muerte.

A las diez de la mañana del 17 de abril, exactamente cuarenta y ocho horas después de que el submarino iniciara su última inmersión, los rescatadores lo pusieron a flote. Abrieron la escotilla de torpedos y cuando el interior estuvo ventilado, el Oficial médico del "Toyohashi", con cuatro ayudantes, bajó al submarino para retirar los catorce cadáveres. Los vistieron cuidadosamente con uniformes limpios y los depositaron en féretros. Con la bandera a media asta, el "Toyohashi" volvió tristemente a Kure.

 

 

Si le ha interesado la historia y sabe inglés, cómprese el libro. El resto también vale la pena. Menciona varios desastres de los famosos submarinos ingleses de la serie K, propulsados con... turbinas de vapor. Otro día, si usted quiere, hablaremos de ellos... y de sus naufragios. El editor es Leo Cooper, Londres, ISBN 0 85052 499 7.

 

juan_manuel@grijalvo.com

 

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