Luis Landriscina  -  Chaco

 

Chaco, provincia pujante

en la vida de la Patria,

tierra que antaño fuera

rugir de tigres y hachas,

de gentes que por poblar

morían a punta de lanza,

porque el malón no perdona :

su defensa es la matanza.

 

Tierra de selvas tupidas

y también de extensas pampas,

de chacras entre los montes,

de mucho tiempo sin agua,

de cañadas y de esteros,

de bichos de toda laya,

de las mangas de langostas

matadoras de esperanzas.

 

Tierra de surcos rebeldes

que a veces no devolvían

lo que el hombre les prestaba,

de obrajes con jornaleros

que vuelcan su alma en el hacha.

Sus vidas son de los montes,

de las miserias y farras.

 

Pero al telón de ese Chaco

el tiempo lo va cerrando,

y donde el tigre rugía

hoy hay tractores arando.

Se acabaron los malones,

las tribus se han vuelto mansas,

y están chuceando la tierra

con rejas en vez de lanzas.

 

Ramillete de indios fuertes

de melancólicas razas,

son también hijos del monte,

simbólicos como el hacha.

Y no es de menos valor

el gringo de tierra extraña

que se metió en nuestros montes

y luchó en pos de sus ansias.

Tuvo que afrontar mil contras,

ahuyentar penas que matan,

y en la lucha por la vida

aprendió a querer mi Patria.

 

Ese puñado de cosas,

más voluntad y esperanza,

fueron levantando el Chaco

al nivel de sus hermanas.

Hoy sigue golpeando el hacha

y la reja no descansa.

Por eso los pueblos brotan

como por arte de magia,

los caminos se hacen anchos,

se va agrandando la Patria,

y el algodón de las chacras

va curando las heridas

de los quebrachos que sangran.

 

Chaco, provincia querida

que al progreso se encamina,

hoy, hoy abraza a sus hermanas

de esta mi tierra argentina.

 

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