Lydia Riera - Carta para Andreu Buenafuente

 

24 de febrero de 2006

 

Vivo en una pequeña isla, recuerdo aún cuando era pequeña y miraba por la ventana del piso de casa de mis padres, era el segundo edificio más alto de la isla, y desde su octavo piso veía cómo reinaba la catedral rodeada de sus murallas, y podía controlar si el rey Neptuno se había enfadado, o por contra tenía su reino marino tranquilo... Si me iba al lavadero veía campo, un campo con una casa payesa al fondo debajo de una gran palmera rodeada de montones de tierra que se hacían hueco entre los almendros y algarrobos. Recuerdo cuando de la mano de mis padres fuimos a ver cómo derrumbaban un hotel que alguien se había atrevido a plantar casi a la orilla de la playa, una playa extensa y larga llena de arena donde apetecía pasear hasta no tener más fuerzas... Y recuerdo ese montón de ladrillos derrumbados a nuestros pies, era casi imposible al ver aquella escena pensar en la verdadera imagen de la misma playa vista desde ese mismo ángulo hoy día...

Siempre he estado orgullosa de mi isla, no sé si nos debe pasar a todos, supongo que la tierra tira, y yo añoro el olor, el campo, el sol, la gente.. No consigo estar más de dos semanas fuera de casa sin añorar esos almendros o esas higueras que llenan mi tierra, mi campo... Esas tierras de las que vivieron mis abuelos, esas tierras de las que aún comemos mi familia y yo, y esas tierras que quieren arrasar llenándolas de kilos y kilos de alquitrán... He estado pensando varios días cómo explicaros este sentimiento que me corre por dentro de mi ser, a vosotros a los que considero ya mi familia y a los que creo que tengo obligación de pediros ayuda.

No podemos consentir que siga adelante este proyecto, no cabe más cemento en la isla, no pueden llenarse más los bolsillos los
mismos que a la sombra siguen gobernando y siguen dando órdenes... Y menos haciéndolo tan descaradamente, echando a decenas de familias de sus casas centenarias, familias que tras sus casas y tras su historia tienen tierras en las que hoy mismo siguen cultivando y labrando la tierra, tierra de sus antepasados, tierra que les pertenece y tierra que no merece ser cubierta de toneladas de hormigón ¡¡con la excusa de llevar más seguridad a nuestras carreteras!! ¿De verdad creen nuestros ilustres políticos que serán más seguras las carreteras construyendo estos macroproyectos? ¿De verdad evitaremos más muertes? No creo que ensanchar una carretera en la que actualmente el límite de velocidad es de 90 km/h para hacerla una autovía donde el límite es 30 km/h superior sea la solución. Y si de verdad lo fuera, ¿me quiere explicar alguien la vergüenza de los desvíos que se pretenden hacer en los planos para no tocar ni un solo metro de las tierras del señor Matutes?

¿De verdad tenemos que seguir llenándole los bolsillos? El problema ya no es de quien gobierne o no, señores, el problema es que el pueblo del que realmente viven todos ustedes no quiere este proyecto. El viernes pasado los ibicencos salimos a la calle, al día siguiente el conseller parecía un locutor de la Cope miminizando los 22.000 asistentes a la manifestación a 6.000 según sus datos... Señor conseller, ¿cree realmente que el pueblo es imbécil? Dijimos NO en una manifestación pacífica que llenó las calles de la ciudad y que gritó unánimemente un NO VOLEM AUTOPISTES!! ¿Qué no entendieron del mensaje?

Si por algo no nos caracterizamos los ibicencos es por ir a manifestaciones y unirnos por una causa, pero el viernes con mis dos pies en el paseo de Vara de Rey y mirando a mi alrededor me sentí orgullosa, me sentí orgullosa de ser ibicenca, orgullosa de mi
pueblo, de mi isla y orgullosa de que nos hayamos unido todos para intentar evitar el desastre... Y así se sigue haciendo cada día en nuestro cuartel general, Ca Na Palleva, donde gente desinteresada lucha por una isla sin cemento, donde la gente se cuelga de los almendros y algarrobos porque creen que valen mucho más que nada de lo que nos puedan aportar los kilómetros de asfalto que piensan poner en su lugar... Quiero poder pasear como hasta ahora (¡aunque ya quitaría mucho cemento!) por mi isla, quiero llegar al aeropuerto como hasta ahora y respirar el aire puro que se respira aquí, quiero seguir disfrutando de mi arena, de mi mar... Pero no voy a permitir que nuestros gobernantes sigan haciendo lo que les dé la gana, o dicho de otra manera, beneficiarse particularmente de los desastres a causa de nuestra isla.

Esta mañana me he levantado a las siete, el rey sol reinaba en un cielo despejado por lo que he decidido pasar por Ca Na Palleva como otro día cualquiera y ver cómo estaba el ambiente... He bajado los cuatro kilómetros de casa hasta la rotonda de "Ses Salines" y cuando he ido a entrar en el pueblo me he encontrado una patrulla de la Guardia Civil cortando el paso, al igual que en todas las entradas a la carretera del aeropuerto... algún alto mandatario había dado orden de bloquear la carretera para el tránsito, nos estaban prohibiendo circular por nuestro pueblo, llevar a nuestros niños al colegio, no podíamos si quiera tomar un café en el bar habitual, y todo ¿por qué? ¿¿Para evitar que el pueblo se siente delante de las máquinas que pretenden entrar ilegalmente en las fincas y defender lo que es nuestro?? ¡¡Dios mío!! He llegado indignada a la oficina, con lágrimas en los ojos y he llamado para intentar averiguar qué estaba pasando... El golpe ha sido durísimo ya que las máquinas habían entrado rodeadas por los "Antidisturbios" a Can Malalt y con ellas se han llevado todo por delante... ¡¡Dios!! La gente no ha podido con la indignación, la Guardia Civil estaba delante del pueblo que se supone que tienen que guardar, no atacar por estar sentados en sus propias tierras... Y el grupo de manifestantes (¡menos los dos detenidos!) ha empezado la marcha hasta el Consell Insular para dejarle claro a los señores políticos que NO estamos de acuerdo con su macroproyecto y contestar a las palabras del Señor Palau: "el presidente del Consell se ha de regir por otras normas que lo que diga la calle". ¡¡La "CALLE" fue quien lo sentó en ese sillón desde el que se cree rey y señor de la isla!! No, señor Palau, aquí estamos todos nosotros, su pueblo, "la calle", diciéndole que no estamos a favor de su política de carreteras, diciéndole que queremos una isla blanca, no negra, como la que está usted promoviendo con la ayuda de la familia Matutes.

El próximo 11 de marzo hará un año que asistí a vuestro programa y os traje una lagartija de metal. Ahora, Andreu, casi un año después tengo miedo de que en un par de años más sólo podamos contemplar lagartijas como la que te traje con todo mi amor, tengo miedo de no poder volverme a emborrachar de un buen hartón de hierbas ibicencas ya que no habrá campo para cultivarlas... Tengo miedo de quedarnos rodeados de cemento, sin poder hacer nada, tengo miedo de que mientras unos se llenan los bolsillos otros nos quedemos sin nada, con las manos vacías, pero eso sí, que nunca nadie diga que no lo intentamos, ¡¡¡porque Ibiza está unida!!!

Eivissa - Ibiza...

Movilidad - Eivissa...