Juan Manuel Grijalvo  -  Carrilets del siglo XXI

 

Texto original en catalán

(English version - pending)

 

En Mallorca se celebra cada año una marcha por la recuperación de las líneas de ferrocarril clausuradas. Partiendo del hecho demostrable de que usted no es más partidario de los trens ni de los tranvías que yo - como máximo, igual - querría plantear unas cuestiones previas.

Los ferrocarriles de Mallorca se pensaron para servir una sociedad agraria. El transporte de mercancías era una de las razones de ser de la empresa. El de pasajeros era para hacer viajes esporádicos a unas ciudades muy pequeñas. El tren iba de centro a centro y los desplazamientos eran cómodos... según los criterios de comparación de la época: los carruajes con tracción de sangre, rodando sobre caminos que hoy no querríamos pasar con un "cuatro por cuatro". Aquella situación no se parece mucho a la de hoy, caracterizada por una población mucho más urbana, unas ciudades mucho más grandes... y un monocultivo turístico. Ahora mismo, muchas actividades económicas se hacen en la costa. Las construcciones existentes hacen difícil el trazado de ferrocarriles de nueva planta. Y la recuperación de los antiguos encuentra obstáculos de todos los tipos, a causa de la ocupación de la vía para toda clase de usos públicos y privados.

Recuperar los ferrocarriles sería coherente si también recuperásemos las formas de vida de la Mallorca del siglo XIX. Eso es como querer recuperar la ganadería extensiva. Ahora nadie quiere hacer de pastor. Es un trabajo de veinticuatro horas cada día, los trescientos sesenta y cinco días del año. El de los ferroviarios, cuando todas las operaciones eran manuales, no difería mucho del de un pastor. Según el reglamento, el jefe de estación había de estar físicamente en el andén y dar la salida a todos los trenes con el silbato y mostrando una bandera a los maquinistas. A todos los trenes.

Estas formas de vivir y de entender el trabajo han desaparecido. Aunque el ferrocarril permita un nivel de automatización incomparablemente más alto que la carretera, ser ferroviario todavía exige mucha disponibilidad y mucha dedicación. Y la tecnología de los ferrocarriles de vía estrecha ya había quedado anticuada a finales del siglo XIX.

Ahora estamos en el siglo XXI. Nos conviene saber qué demanda de mobilidad tendremos y la forma de satisfacerla con los mínimos costos humanos, ambientales i económicos.

Las ciudades de hoy no se han pensado para el transporte colectivo. Los viajeros de la "part forana" que quieren desplazarse por Palma se hartan de esperar autobuses que de toda maneras no los dejan donde querían ir. Encuentran más práctico hacer todo el trayecto con su coche y no usan el ferrocarril. Lógicamente, veremos trenes vacíos y autopistas saturadas.

La mitad de la población no tiene carnet ni coche y depende de los conductores cada vez que tenga la necesidad, la voluntad o el capricho de desplazarse.

Yo creo que el transporte público del siglo XXI ha de ser guiado, eléctrico, elevado y automático. Con estos requisitos rebajamos drásticamente la siniestralidad, evitamos la contaminación generalizada de los motores de explosión, minimizamos la ocupación de terrenos y reducimos mucho los gastos de personal. La automatización tiene la ventaja de que nos permite prestar el servicio con el mismo coste de día y de noche, en día laborable o festivo, sin un "cabo furriel" para hacer el cuadrante de guardias... A la vista de las dificultades para contratar buenos trabajadores para los ferrocarriles existentes, no es una ventaja pequeña.

Diversas tecnologías probadas y disponibles cumplen estos cuatro requisitos. La que más me gusta se llama Aerobus, un sistema que combina elementos antiguos de una manera nueva.

Para implantar una tecnología de transporte nueva hace falta tener una empresa para gestionarla, y una concesión administrativa para hacer pasar físicamente las líneas sobre un territorio. Resulta del todo imprescindible que las instituciones acepten el riesgo que implica una decisión positiva. Como que "nuestros" políticos no piensan en las próximas generaciones, sino en las próximas elecciones, los grandes cambios que hemos de hacer en el modelo de movilidad van quedando aplazados "sine die"... Somos prisioneros de decisiones tomadas hace un siglo por gente con suficiente testosterona para jugarse el cargo sin tantas manías.

No se puede resolver la movilidad de Mallorca con ferrocarriles de vía estrecha. Pero el problema no es técnico: es que Mallorca está llena de políticos de vía estrecha... con mentalidades de vía estrecha. Hasta que las clases empresariales y políticas no recuperen el nivel de iniciativa del siglo XIX, la implantación de tecnologías nuevas hallará obstáculos difícilmente superables.

juan_manuel@grijalvo.com

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