Mariano Planells - Un Robinson irreductible

 

Axel tocando la batería en 1971
Foto publicada en `Memorias de Axel´

 

Apenas acabó la II Guerra Mundial, muchos niños quedaron huérfanos, muchas mujeres quedaron viudas y lo que fue peor, sin posibilidad de rehacer su vida en una sociedad en fase de reconstrucción. El mismo Diario de Ibiza ha publicado hace poco la historia de un cantante que fue adoptado por un republicano español. Son historias ejemplares, de las que dejan huella. Hoy nos parece imposible que esas cosas puedan ocurrir.

Al pequeño judío Axel le pasó casi lo mismo y fue acogido por una cantante de jazz. Al albur de aquella truculenta y naciente sociedad se han edificado las personalidades más admirables. No es raro que muchos de estos niños hayan llevado adelante gestas inimaginables y que hayan vivido vidas zarandeadas, pero plenas de creatividad. Para nadie la vida es grata por un previo guión escrito, pero menos para muchos de estos pájaros heridos. El planeta está lleno de ellos y no son pocos los que han devuelto la herida sanando las cicatrices y removiendo el fondo de la olla para crear algo positivo. Se le llama a eso ressiliance, si lo escribo bien. Recuperación. Cierre, desinfección y superación de traumas.

Axel concentró esta energía hacia la música, los libros, los amigos. Temprano mamó desgracia, pero al menos tuvo a la música como aliada maternal. A este tipo de espíritus no les gusta «contar» su vida sino «memorizar experiencias». Eso fue lo que intentamos en `Memorias de Axel´, unos textos en los que llevaba años hurgando. Pronto me di cuenta de que no usaba las fechas, como si reservara la magia matemática para el papel pautado. Mejor así, porque no daba una. Mecanismo mental fabuloso, recuperación pura, las fechas sólo son hitos para desgracias. Así que acabaron siendo memorias en vez de biografía. Y en ellas se puede seguir la historia de Ibiza durante los últimos cincuenta años. Es inútil ofrecer datos: salen, están en su vida, artistas, pinturas, aristócratas, perros abandonados, importantes personajes de la España de hoy, cineastas, amores y desamores... Desde que nació en aquella ciudad del flautista, Hamelin (Alemania), en 1946, hasta este final de octubre del 2005, media más de medio siglo dedicado a la creación, a la enseñanza y a la lectura. Un generoso náufrago, un Robinson irreductible.

Superada esta traumática infancia ya lo encontramos en Ibiza en 1966. Apenas pudo conseguir un billete, regresó a Berlín a buscar lo que más quería: su batería. Como no tenía dinero, ideó un apaño: un amigo le trasladó en su coche privado -de hecho, una ambulancia- a cambio de unas vacaciones navideñas en su casa de Ibiza. Trueque, algo muy propio de la Ibiza de los sesenta y setenta. Profesor de idiomas, músico de jazz, amigo y gran bebedor de cerveza, cada vez que desaparece un personaje popular de este calibre, Ibiza queda amputada. Son insustituibles, originales, singulares y nadie puede copiarles. Axel Blazejczak firmaba tan sólo como Axel y con el dibujo de un pajarito desconcertado debajo. El pajarito desconcertado ahora soy yo, que en cierto día me autoimpuse la norma de jamás escribir obituarios. Pero no es éste el caso: Axel sigue ahí, vive, es inolvidable y hoy me tomaré una cerveza a nuestra salud, como solíamos hacer en The Tavern cuando desaparecía algún elefante de Ibiza. Y escucharé a Roland Kirk.



Música en Eivissa...