Autor pendiente - La epopeya de Manuel Maristany

 

Manolo Maristany - Epopeya

 

¿Tienen almas las máquinas de vapor? Cualquiera se apresuraría a decir que qué tontería. Y, sin embargo, yo me atrevería a decir que si después de haber leído la obra literaria y haber contemplado las fotografías de Manuel Maristanv (Barcelona, 1930).

Lo que nos cuenta con sabia y alegre prosa Maristany va más allá de la mera descripción ferroviaria de las antiguas máquinas de vapor. Palabras como bogie, carbonilla, fogón, placa, caballos de potencia, briqueta..., las utiliza el escritor no para dar cuenta simplemente de las características técnicas de verdaderos gigantes tractores, sino para despertar la emoción de una manera de viajar, o lo que viene a ser lo mismo, de una manera de ser.

Dime cómo viajas y te diré como eres. Si, como Maristany, se tiene la conciencia de que viajar no es llegar sino ir yendo, que viajar no es trasladarse sino la manera en que vas llegando, entonces se entiende que la pasión por las máquinas de vapor no es una remembranza nostálgica; es una manera de entender el mundo, de hacerlo más habitable.

Lo diré: Maristany es un poeta del viaje del ferrocarril. Lo es desde aquella larga noche de piedra en Mora la Nova, allá por 1967, cuando una máquina diesel le derrumbó el placer estético de contemplar con un entusiasmo ensimismado el cambio de máquinas a la tenue luz amarillenta de las pocas farolas que alumbraban a lo largo de un andén sonámbulo. No hubo esa noche rebufos de vapor, ni golpes metálicos en los ejes, ni agudos pitidos bravucones ni farolillos verdes de salida. Pero sí tormenta de futuro, anuncio de esquelas del vapor, constatación del fin de un mundo que había hecho la revolución industrial del XIX , que había traído la modernidad; el fin de un mundo que había utilizado las máquinas de vapor como plumas estilográficas para escribir la historia de España usando los raíles como renglones.

Y tras esa noche oscura, el escritor, el fotógrafo decidió captar el alma de esas últimas locomotoras mastodónticas que, como ocurrió con el cinematógrafo, cerraron el tiempo del ferrocarril en blanco y negro. Tras la tempestad vino la calma y los viajes, y las horas heladas a la espera de capturar algún paso de tren por puentes de alta sierra, y los empeños por captar los últimos aullidos de las máquinas de vapor en los depósitos de Salamanca, Madrid, Barcelona... Y los libros que hablan de esa aventura vital, de ese disfrute compartido, de esas entregas entre quijotescas y científicas del saber ferroviario.

De todo aquello será testigo el lector de "La Epopeya de los Directos", que edita Revistas Profesionales, en un ejercicio más de ofrecer a los lectores apasionados por el tren un testimonio de altura como el que nos ofrece Manuel Maristany en esta obra.

 

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