Juan Manuel Grijalvo - Reseña de "La enfermera de Brunete", de Manuel Maristany

 

Septiembre / Diciembre de 2008

 

A estas alturas no debe ser un secreto que soy un ávido y devoto lector de todo lo que ha escrito Manolo Maristany sobre carrilets y trenes grandes. En su día compré "Operación Impala", un poco a regañadientes, porque habla de... motocicletas. El caso es que el libro me encantó. Ahí está mi reseña, aunque sea, eso sí, "bastante ferroviaria". En septiembre de 2007 me hice con un ejemplar de "La enfermera de Brunete", que tampoco es "de trenes", simplemente por "completismo", por ir reuniendo toda la obra de Manolo. Fui a verle y a que me firmase su maravillosa "Epopeya de los Directos", y con la misma le llevé la "Enfermera". No debió verme muy convencido de sus bondades, porque me explicó una serie de cosas sobre el libro, y las redondeó diciéndome que hiciera una reseña y le trajese una copia para archivarla en la carpeta correspondiente. Salí de su casa con el compromiso moral de leerlo.

Viendo el libro desde fuera, ninguna de las portadas de las diversas ediciones me gusta. Después de leerlo me parecen todavía menos adecuadas. A priori, supongo que es una buena novela, porque "Operación Impala" se lee como una novela sin serlo. Por lo tanto, si Manolo se ha propuesto escribir una novela, estoy seguro de que tiene suficientes recursos de escritor como para hacerla bien. Por otra parte, son 1.066 páginas... Hoy, poca gente escribe - o lee - libros de este volumen. El trabajo requerirá una inversión considerable de mi escaso tiempo.

De modo que lo fui aplazando, pero un mal día mi madre tuvo un accidente, menos grave de lo que hubiera podido ser. Y Manolo es un poco mayor que ella. Bueno... la cosa es que me arremangué y me puse a leer el libro.

Y para qué voy a mentirle: el principio no me gustó nada. Manolo empieza pintando un cuadro decididamente idílico de la vida de la aristocracia y de las clases adineradas en la Cataluña de los años treinta. Nos presenta al protagonista, un joven "de buena familia" que se llama Javier de Montcada, y a sus parientes. Su abuelo paterno es duque, terrateniente y militar profesional. Ha combatido en Marruecos contra los rifeños. Su abuelo materno también es militar, pero de las guerras carlistas. En cuanto a su padre, es comandante de Caballería y está destinado en el cuartel de los Dragones de Numancia, en Barcelona. Previsiblemente, el resto de la familia es de derechas o muy de derechas. Como es natural, se relacionan con la "gente bien": el clero, los militares y las "personas de orden".

Javier no quiere ser militar. Prefiere ocuparse de la finca. Su futuro previsible es casarse con una "chica bien" de otra "buena familia" y tener un hijo que herede sus propiedades, y así para siempre.

De pronto estalla la guerra civil. Manolo empieza a contar la película desde el punto de vista del No-Do. La Patria está en peligro. Los elementos sanos, encabezados por una parte de los militares, dan un golpe de Estado que debería haber sido un pronunciamiento más, al estilo del siglo XIX; cosa de una semana, dos a lo sumo. Después, un gobierno "de facto", como la dictadura de Primo de Rivera, manteniendo tal vez una fachada republicana. Pero las cosas se tuercen. Nada más empezar la guerra, los dos bandos inician una cruenta represión, los "hunos" contra los "hotros"... A Javier le pasan muchas cosas en muy poco tiempo, casi todas muy malas. Es muy joven y se convierte en un héroe de tragedia, que mueve sobre todo a lástima. El personaje no me parece inverosímil, porque ninguna de sus desgracias tiene nada de particular si las miramos una a una. Le caen encima todas juntas, nuestro amigo se ve metido en la espiral de la guerra y hace lo que le han enseñado desde pequeño: se alista en un tercio de requetés.

Bien pronto entra en combate contra las milicias republicanas y el Eusko Gudarostea. Aquí empiezan las "hazañas bélicas"... y aquí ya empiezo a cabrearme, porque entre esos "rojos" que los ases de la aviación facciosa ametrallan desde el aire está mi madre, que huye del frente con sus padres y sus dos hermanas. Cuenta a la sazón seis años de edad... los mismos que Manolo. Y entre los "rebeldes" que machaca la ofensiva contra Bilbao está mi padre, que en paz descanse, pasando una de las peores épocas de su vida.

Volviendo a la novela, los requetés llegan a Leizaberri, un pueblo tan ficticio que parece del todo real. En la página 427 de la edición que he manejado escuchamos un instructivo diálogo entre el padre Amurrio, cura párroco de la villa, y el capitán carlista Olavide. Lo que dice éste sobre el clero vasco y el padre Ariztimuño me revuelve la sangre. Si no sabe usted quién era, aquí tiene unos apuntes biográficos.

 

Biografía del Padre Ariztimuño en la "Crónica de la guerra civil española" de la Editorial Codex

http://www.filosofia.org/ave/001/a127.htm

Artículo en la Wikipedia: Aitzol

 

Y "hasta aquí puedo leer". No hace falta que le cuente nada más, porque a estas alturas del libro ya estamos enganchados y no lo dejaremos hasta saber cómo acaba la historia.

Es un libro muy emocional; mejor dicho, es visceral. Contiene grandes dosis de hormonas: adrenalina, eritropoyetina, estrógenos, feromonas, oxitocina, prolactina, muchísima testosterona... También de secreciones: aparte de sudor y lágrimas, hay bilis, heces, orina, saliva en forma de escupitajos, y ciertas cantidades de fluidos vaginales y semen. Y está repleto de hemoglobina, porque está empapado de sangre.

Manolo tiene ojo de fotógrafo y no me sorprendería que alguien haga una película con este libro, porque ya le da el guión hecho. Él mismo debería tener un papel, por ejemplo, uno de los abuelos de Javier... como mínimo, un "cameo".

Para terminar, unas citas de Tolkien.

Tengo la sensación de que bastantes de los que han criticado "La enfermera de Brunete" no lo han leído entero. A ésos, el Profesor les dijo lo que sigue:

"Algunos de los que han leído el libro, o por lo menos lo han reseñado, lo encuentran aburrido, absurdo o despreciable; y no tengo causa para quejarme, porque tengo opiniones similares de sus obras o de los tipos de literatura que evidentemente prefieren".

También me parece aplicable ésta:

"Cuando las vidas del autor y del crítico se han solapado, también es falsa, aunque sea naturalmente atractiva, la suposición de que los movimientos intelectuales o los sucesos que ambos han vivido hayan sido necesariamente las influencias más poderosas. De hecho, uno ha de caer personalmente bajo la sombra de la guerra para sentir de lleno su opresión; pero, según pasan los años, parece que se olvida que entrar de joven en la trampa de 1914 no fue una experiencia menos horrible que verse metido en la de 1939 y los siguientes años".

Y ésta otra, que nos hace pensar en los militares profesionales:

"A todo hombre su parte. El valor en las armas es la vuestra, y en ella ganáis alto honor. Dad muerte a quienes vuestro señor llame enemigos, y estad contento. No os mezcléis en políticas que no entendéis".

Lea usted este libro - hasta el final - y dígame qué le ha parecido. Me encuentra en

juan_manuel@grijalvo.com

 

Manolo Maristany...

Libros y literatura...