Miguel Ángel González - Aparcamientos en Dalt Vila

 

Diario de Ibiza, 9 de julio de 2007

 

Controvertida cuestión en la que no será fácil ponerse de acuerdo. Los vecinos de Dalt Vila ya criticaron en su momento que determinadas intervenciones municipales en el recinto fortificado no se aprovecharan para crear aparcamientos. Exigían las mismas comodidades y condiciones de movilidad rodada que tienen los demás vecinos de la ciudad. Ahora se adelantan presentando al Consistorio un proyecto de parking en el baluarte de Santa Lucía. Dado que el asunto afecta a toda la ciudad, cabe, creo yo, sin ponernos nerviosos, hacer algunas consideraciones.

Una premisa evidente es que todos los vecinos de la ciudad tenemos los mismos derechos. Pero no es menos cierto que cada barrio es distinto y que sus características condicionan las intervenciones que en ellos pueden hacerse. No hace falta ser ingeniero para entender que el referido proyecto plantea serias dificultades, no en vano se trata de crear cinco plantas, habilitar casi 4.000 m2 y extraer 60.000 m3. Hablamos, en fin, de vaciar buena parte de la montaña en la que se apoya la muralla en un tramo emblemático del recinto fortificado. Hoy puede hacerse casi todo, es cierto, pero ¿con qué coste? Y ¿quién tiene que pagarlo? Porque si, como parece, se propone obra pública, habrá que decir que la ciudad tiene otras urgencias. No puede acometerse una obra tan compleja dentro del recinto histórico, sólo para 326 vehículos, siendo que la ciudad no dispone de los aparcamientos perimetrales que exigen miles de plazas y que afectan a la movilidad en todas las carreteras y, por lo mismo, a toda la isla. Convendría saber, por otra parte, cuántos vehículos de residentes hay en Dalt Vila. Lo digo porque el parking debería solucionar su problema, es cierto, pero no potenciar un tráfico mayor de vehículos del que ya tenemos. En este sentido, me pregunto si el proyecto no será lo de matar hormigas a cañonazos. Habrá que ver costos, garantías de la obra, ver si ésta se corresponde con las necesidades y, en su caso, darle al proyecto el calendario que exijan las otras prioridades que hoy tiene la ciudad. De manera que, aun entendiendo el lógico interés de los vecinos y respetando sus derechos, se trata de un asunto en el que conviene andar, como solemos decir, con pies de plomo.

Miguel Ángel González...

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