Miguel Angel González - El autobús del aeropuerto

 

Noviembre de 2007

 

Infraestructura del transporte público en el aeropuerto

 

Buena parte de nuestro turismo llega en avión y aunque son mayoría los turistas -y no turistas- que se desplazan en taxi, vehículo propio o coche de alquiler, son también muchos los que, para bajar a Vila o ir a San Antonio, utilizan el autobús del aeropuerto. Yo mismo soy un sufrido usuario del vehículo de marras y creo que sería irresponsable no denunciar lo que no ven y no saben quienes no lo usan. Lo digo porque cabe suponer que la "línea" que cubre el servicio del aeropuerto es una concesión del Consell a determinada empresa y que, consecuentemente, es el propio Consell -o, más concretamente, su responsable de Movilidad- quien tiene la obligación de inspeccionar el servicio para asegurarse de que su funcionamiento es el que deber ser. Evidentemente, tal inspección no existe. Y, en otro caso, si existe, tendremos que decir que el inspector es un inepto.

Detallo, para ser concretos, algunas deficiencias que podrían y deberían corregirse. Lo primero que cabe decir es que la frecuencia que en verano es de 30 minutos, en estos momentos, con horario de invierno, es ya de una hora. Y no es de recibo. No sólo porque resulta inaceptable que quien llega en avión tenga que esperar, si vienen mal dadas, casi una hora a la serena, sino porque el recorrido del vehículo -además de dar servicio al aeropuerto- cubre las necesidades de barriadas muy pobladas en el entorno de Sant Jordi, Can Guerxo, Sa Carroca, Can Sifre, Ca n'Escandell y Cas Serres. La espera de una hora resulta inaceptable y es evidente que con un servicio tan tercermundista no se disuade a nadie de utilizar su coche. Pero no es sólo eso. También convendría que la inspección atendiera mínimamente a la higiene y limpieza de los vehículos utilizados, que no se limpian desde que se compraron en el Neolítico. Algunas unidades son sólo materia de desguace y si con su suciedad exterior no puede ni la lluvia, la que acumula su interior no se ve ni en Kabul. Un papel de váter enrollado en espiral para darle consistencia sujeta una papelera de plástico a los bajos de un asiento, la pintura se ve desportillada y mugrienta y el preceptivo extintor, tirado en el suelo, va de aquí para allá. No quiero cargar las tintas, pero me pregunto si es éste el servicio que el Consell quiere para sus ciudadanos y para quienes nos visitan. Espero que no.

 

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