Miguel Ángel González - Bernat Joan i Marí

 

(Diario de Ibiza, # de julio de 2004)

 

Parece que las españas casposas y carpetovetónicas andan un poco sorprendidas por el juego que da esta nueva pieza - digo pieza en el mejor de los sentidos - en el tablero político nacional. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) juega fuerte. Y lo hace bien. En el metro, en el autobús, en las fachadas y en las banderolas que vemos en las calles, Barcelona está literalmente empapelada con un rostro que para muchos es nuevo, pero que ya se nos ha hecho familiar. Y es que el hombre no para. Porque no le dejan parar y porque él - como cabía esperar en quien tiene tablas y fondo - aguanta el tirón. Sin descomponer la figura. Con sorprendente naturalidad. Codeándose con los dinosaurios de la política en mesas redondas, conferencias, entrevistas y debates, Bernat Joan dice lo que quiere decir. Sin circunloquios. Y como corresponde - cosa que no hacen otros -, habla de Europa, de nuestros intereses en Europa, de un proyecto concreto para Europa.


Incluso en las distancias cortas - en esos peligrosos primeros planos de la televisión que son como puñaladas - su imagen resulta sorprendentemente eficaz. Al principio podemos verle como el personaje pacífico, bonachón y de socrático talante que transmite su físico, pero enseguida nos despierta por lo que dice y por cómo lo dice. Nos convence por su seguridad, por su saber estar y por la lógica de sus argumentos. He oído no pocos comentarios sobre sus intervenciones y es del todo evidente que el personal ha descubierto en él un nuevo estilo que no es el de los políticos al uso. En los últimos días, hemos podido seguir sus innumerables apariciones en la pequeña pantalla y, a pesar de que muchas preguntas que le han hecho han tratado de encajonarle, descolocarle y ver lo que daba de sí, finalmente entrevistadores y espectadores han tenido que convencerse de que tenían delante, por así decirlo, un peso pesado. Bernat Joan sabe escuchar y sabe responder. Respeta y consigue respeto. Y el personal valora, creo yo, no ver en él esos tics políticos que tanto nos aburren: improvisación, regates, salidas por la tangente, ataques personales y divagaciones. Bernat Joan es claro, escueto y contundente. Y tiene un punto de sabía ironía que, sin herir, invita a la reflexión. Al margen de los resultados obtenidos en los comicios, es evidente que pisa fuerte, que sabe mucho y que sabe trasmitir lo que sabe.

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