Miguel Ángel González  -  La forma de la ciudad

 

Diario de Ibiza,  10 de septiembre de 2010

 

Según avanzaba el verano y al acercarme a la ciudad por carretera, he tenido la extraña sensación de que algo no cuadraba en el perfil de Dalt Vila. Los cambios introducidos en el vértice urbano por las obras del Castillo me creaban incomodidad. Comentarios aparecidos después en estos papeles –tras la documentada advertencia de Salvador Roig, arquitecto que conoce bien el edificio– han minimizado tales cambios como un mal menor o como un precio que cabe pagar por el futuro Parador. En mi opinión, la forma concreta que tiene Dalt Vila es un bien patrimonial que debe respetarse. También se ha cuestionado que algunos protestemos ahora, a toro pasado. Cabe decir que lo hacemos cuando está a la vista un desatino que no estaba tan claro en los proyectos y maquetas. Y conviene protestar, en todo caso, para que los técnicos de Patrimonio afinen la mirada sobre los bienes que supuestamente defienden. El problema es que vamos sumando pifias, can Botino, el mampuesto de cemento blancuzco que remata las murallas y que sólo cabe esperar que oscurezca el paso del tiempo, los enlosados que se querían colocar en algunas calles, las piedras antiguas que se eliminaron en la entrada del Portal Nou y se sustituyeron con cerámicas de WC al hacer el parque Reina Sofía o las horrísonas luces azules del campanario de la catedral que parece un reclamo discotequero.

El hecho es que la acrópolis urbana queda ahora rematada con una guisa de plataforma en la que pierden entidad –se ven ahogadas– la torre catedralicia y la del Homenaje. Nos hemos quedado sin los mástiles de la 'barca de piedra' y, al dar más altura al ala norte del Castillo, se ha roto el final del escalonamiento urbano que nos deja un perfil tronco-cónico diferente al que tenía la ciudad. Hemos perdido algo sustancial de una imagen icónica ¿Me pregunto con qué derecho se toma alguien tales libertades con un bien patrimonial? Y me temo lo peor. Porque si en el frontis de la ciudad son capaces de tal desaguisado, ¿qué no harán en su espalda? ¿Será realmente subterráneo el aparcamiento del Soto, o también nos colocarán un cajón de cemento al pie de la muralla? Tiempo al tiempo Y otra cosa: no seamos ingenuos al creer y decir, como se dice, que tendremos el mejor Parador del país. Quien conozca la red Paradores –caso del de los Reyes Católicos en Santiago de Compostela o el del Castillo de Cardona, entre tantos otros–, sabe bien que muchos de ellos ofrecen edilicias de mucha más entidad que la que proporciona la modesta ruina de nuestro Castillo que, prácticamente, se convertirá en obra nueva.

 

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