Miguel Ángel González - Llueve sobre mojado

 

Diciembre de 2007

 

Dos noticias que se han solapado estos últimos días me han dejado pasmado. Por una parte, nos dicen que el 64% de los jóvenes de Baleares no utiliza el catalán aunque sabe hablarlo, y añaden que en el futuro, si no cambian las tendencias, la lengua de Verdaguer y Pla se utilizará todavía menos. A renglón seguido, otro sesudo estudio nos descubre que el 59% de los pitiusos no han leído ni un solo libro en el último año, siendo nuestra población la que menos lee de Baleares. A partir de aquí, no hace falta una bola de cristal ni caer en alarmismos para vaticinar, si la regresión se mantiene, un empobrecimiento sociocultural devastador. Algo que ya está sucediendo. En cualquier caso, de nada sirve lamentarse y más nos vale aplicarnos en reconducir la situación, pues ignorarla o minimizarla será contribuir a que el desastre sea todavía mayor.

Tampoco hace falta que busquemos culpables, pues, de una u otra forma, todos hemos metido la pata, profesores, alumnos, familias y administraciones. Hemos dejado que se nos fueran por el tubo de desagüe los principios, criterios y valores en los que encontraba asiento nuestra dignidad. Actitudes como el respeto, la voluntad y el esfuerzo tienen mala prensa y han entrado en crisis los principios básicos de todo aprendizaje: saber hablar, leer y escribir en la propia lengua. Estamos entrando, no nos engañemos, en una nueva forma de analfabetismo y un indicio claro nos lo dan los educadores cuando advierten la baja comprensión lectora de sus alumnos. Alumnos que, mayoritariamente, tienen sus referencias principales -por no decir exclusivas- en las discotecas, en la tele-basura, en el consumismo fácil y en una realidad virtual mal utilizada que los idiotiza. Me pregunto cuál será el precio que pagarán -y pagaremos- por tan monumental estupidez. Algunos dirán que no hay para tanto, pero los datos son tercos y nos advierten de que, en formación y conocimientos, los jóvenes de nuestro país están en el furgón de cola de la Unión Europea. Y si Baleares está en la cola de nuestro país y las Pitiusas en la cola de Baleares, el lector puede sacar sus propias conclusiones.

 

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