Miquel Ángel Maria, profesor - Daños colaterales

(Diari de Balears, 7 de junio de 2005)

Cuenta Ryszard Kapucinski en "El Emperador" -y te hiela la sangre a las venas- que hasta bien entrado el siglo XX en Etiopía se practicaba la "liebasha", un sistema mágico para encontrar ladrones fugitivos: un hechicero daba un brebaje a un niño pequeño y éste, embriagado (guiado por fuerzas sobrenaturales, decían los brujos) era puesto en medio de la calle. El malaventurado infante comenzaba a dar tumbos, entraba a cualquiera casa y señalaba un hombre: ya tenían culpable, que era inmediatamente detenido por la policía. El infeliz podía ser inocente, pero si entraba un briboncillo de aquellos y le apuntaba con el dedo, ya había "begut oli" (N. del T.: expresión catalana que indica algo así como que "la has cagado, macho"). De acuerdo, el sistema era un poco bestia, pero garantizaba que siempre se hallara un culpable, cosa que es, al fin y al cabo, lo que hace la Justicia. Al fin y al cabo, siempre se pueden cometer errores, ¿no?

Sea como fuere, aquí podemos estar tranquilos, estas cosas no pasan. Los infantes de nuestro país no callejean por las rúas y ningún brujo les da pócimas alucinógenas. ¿O sí? Bueno, es igual, eso sería tema de otra reflexión. Lo que quiero decir es que no entrará a nuestra casa ningún duendecillo enviado por un brujo y, por error, hará que nos detengan. Alerta sin embargo, que eso no quiere decir que sin salir de casa estemos seguros. Nos puede pasar, por ejemplo, que mientras estamos repantingados en una butaca de nuestra salita echando una cabezada nos embista una excavadora y nos tumbe la casa. No, no me digan exagerado, que eso acaba de suceder en Algaida. El viernes pasado, los operarios que trabajan en la autovía Palma-Manacor fueron enviados a demoler una casa y, por error, tiraron otra. La casa derribada era inocente, no había hecho nada, la pobre. La casa culpable era la otra, pero por equivocación cayó la casa inocente. Y eso que la casa-víctima era un inmueble protegido, pero ya sabemos que en Mallorca la protección del patrimonio no es gran cosa más que un triste expediente cubierto de polvo, olvidado en un cajón cualquiera.

De toda manera, tampoco deberíamos exagerar el infortunio y sacar las cosas de quicio. Desde el Departamento de Carreteras del Consell nos tranquilizaron enseguida: "la casa ya estaba en escombros", por lo cual la acción de las máquinas "parece más espectacular de lo que fue". Ya lo vale. Suerte tenemos que en Mallorca los edificios protegidos ya suelen estar en ruinas. Si los tuviésemos cuidados y enteros, un accidente como el que ha acontecido sería mucho más lamentable.

La vida es así, qué se le va a hacer. Una cosa son las buenas intenciones -todos los políticos dicen tener intención de preservar el patrimonio-, y otra las servidumbres del progreso. Y el progreso -¡ay, el progreso...!- a veces hace estos daños colaterales. Fruslerías sin importancia, comparadas con los beneficios presentes y futuros que nos depara la Mallorca asfaltada, desde Ses Salinas, y desde la Punta des Freu fins a Sant Elm. Lo comprendo. Así y todo, no me negarán que es curioso que los errores siempre se cometan en la misma dirección. Como los daños colaterales de las guerras modernas, que siempre caen del mismo lado, y generalmente golpean a los más desgraciados. Aquí, igual: que yo sepa, en Mallorca no ha pasado nunca que al hacer unas obras para rehabilitar un edificio protegido, se haya demolido por equivocación una autopista. Eso sería un disparate, está claro.

 

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