Cosme Vidal Juan  -  Coger el tren

 

Eivissa, octubre de 1975

 

He de confesar que, en mis tiempos mozos, me daba mucho apuro, en las conversaciones con amigos de fuera que no conocían nuestra isla, cuando se hablaba de trenes, tener que informar de la ausencia de líneas férreas en Ibiza. Comprendo que era una tontería tal acomplejamiento, pero la verdad es que eso que ha venido en llamarse honrilla local —en este caso, insular— se resistía a la supuesta inferioridad que pudiera representar, frente a un compañero de estudios residente en Cuenca, para poner un ejemplo, esa orfandad ferroviaria ibicenca. Al final, para paliar la cosa, uno no tenía más remedio que recurrir al antiguo tren de Las Salinas y explicar, con un poco de imaginación, cómo en cierta oportunidad, en un paso a nivel sin barreras, la locomotora del "mercancías" salinero por poco nos atrapa la rueda posterior de la bicicleta que montábamos.

A estas alturas —no las nuestras, sino las que ha determinado la evolución de los tiempos para con nuestra isla—, lo que en todo caso preocupa a los ibicencos es la discutible condición de beneficiarios de la "Renfe" que ostentamos los isleños. Y, ya en otro plan, la inaplicación aquí de algunas campañas publicitarias destinadas a poner de manifiesto las excelencias del medio de transporte en cuestión. Por ejemplo, aquellos anuncios a toda plana de "Papá, ven en tren" nunca pudieron insertarse en nuestro periódico.

Ahora, no obstante, con ocasión de un singular proyecto del creador de un tipo de tren al parecer muy práctico, aparte de original, es posible que podamos adaptar nuestras pecularidades geográficas a la disponibilidad de un medio de transporte que, contrariamente a lo que pueda suponerse, no está en crisis. Ni tampoco está reñido con las islas, ya que, aparte de la saturación ferroviaria en archipiélagos remotos, tenemos ejemplos de utilización del tren en nuestra vecina Mallorca, donde, además, le tienen verdadero cariño, hasta el punto de que estuvieron a punto de armarla cuando se habló de suprimir el que presta servicio entre la capital y la población de Soller.

Pero, aparte del servicio que pueda prestar a nuestras comunicaciones interiores, lo que más nos place de ese tren que, posiblemente, dentro de unos años discurrirá por la isla, es que su proyectada implantación no supondría la presencia de líneas férreas en el territorio insular. Efectivamente, el monorraíl ideado por el señor Cambronera, que nos explicará el lunes las peculiaridades de su prototipo, parece ser que no necesita de esos complicados laberintos de hierros que en todas partes últimamente se pretenden, cuando menos, reducir en lo posible, pues el "Trans Unión S-21" circula sobre una —una sola— especie de vigueta de cemento y, se nos dice, ocupa muy poco espacio para su instalación. De ahí que, tampoco ahora, aquellas añoradas líneas férreas de tiempo atrás, ahora inefables por doquier, se darán en lbiza. Con lo que, de hacerse realidad el proyecto, nuestra isla, sin contar con líneas férreas, podrá presumir de tren.

Y hasta la espera de muchos años, habrá valido la pena. Porque lo importante no es coger el tren, sino el mejor tren. Esperemos que Ibiza, en esto, haya tenido también suerte.

 

Eivissa - Ibiza...

Monorraíl en Eivissa - Ibiza...

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