Michael Mullan - Juan de Ávalos - Obituary

 

Original en inglés

 

Escultor español reclutado por Franco para crear las estatuas pías de su mausoleo

 

The Guardian, Monday July 10, 2006

 

Es difícil hacer como que no vemos el legado artístico del escultor español Juan de Ávalos, que ha muerto a los 94 años de edad. Su ubicación está señalada por un crucifijo de 150 metros de alto y 46 de ancho, que domina el valle de Cuelgamuros, al norte de Madrid. El lugar es el Valle de los Caídos, esa extravagancia monstruosa, un monumento construido con mano de obra esclavizada por el dictador Francisco Franco. El general inició su construcción un año después de derrocar la democracia española en 1939, y fue sepultado allí en 1975.

En 1950, Ávalos fue contratado para decorarlo con figuras gigantescas de mármol, representando a los evangelistas, los arcángeles, la Pietà y las virtudes clásicas: prudencia, justicia, fuerza y templanza. Franco quería glorificar la ideología "nacional-católica", de la que se sirvió para vestir su tiranía como una cruzada contra la izquierda.

Igual que otros muchos servidores del Régimen, Ávalos proclamó más tarde que siempre había sido un demócrata, o por lo menos un artista apolítico con profundas convicciones religiosas. Nació en la antigua ciudad de Mérida, en circunstancias modestas: su padre era ciego, y su madre ganaba el pan de la familia trabajando como doméstica para un maestro. Ávalos fue un buen estudiante, y ganó una plaza en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Ávalos declaró que el alcalde de Mérida lo había captado personalmente para el PSOE, aunque nunca fue un militante activo. Sin embargo, siendo un artista joven que trataba con intelectuales de izquierdas, estuvo bajo sospecha al principio del alzamiento de 1936. Según decía, sólo la intercesión de un párroco le salvó de morir fusilado. Tras la depuración, fue inhabilitado para conseguir empleos públicos en 1942, lo que hizo que se exiliara voluntariamente a Portugal dos años más tarde, con la ayuda de una beca de estudios. Pero su caída en desgracia no duró mucho tiempo.

Ávalos fue reclamado por el propio Franco para ofrecerle, en 1950, el encargo de hacer las estatuas del Valle de los Caídos. El autoproclamado caudillo estaba impresionado por algunos de sus trabajos anteriores, aunque pocos de ellos - o de los posteriores - sean de gran valor. Se especializó en imágenes religiosas, monumentos, toreros, damas de la buena sociedad y estatuas ecuestres. Su obra más conocida es el memorial de alabastro que esculpió a finales de los 50 para el sepulcro de los Amantes de Teruel, en dicha ciudad. Uno duda en describirlo como puro kitsch, porque es una representación decente de una venerable leyenda local. También fue responsable de un arco triunfal en la República Dominicana, un Sagrado Corazón en Guayaquil (Ecuador), un horripilante Franco a caballo en Santa Cruz de Tenerife, un monumento al Primer Ministro de Franco, asesinado por ETA, almirante Carrero Blanco, en Santoña, su ciudad natal, y del último retrato del caudillo en la cara de las pesetas acuñadas a partir de 1966.

Pero su reputación quedó arrruinada por su colaboración en el proyecto de Cuelgamuros, hecho con el trabajo forzado de veinte mil presos. Diseñado a escala faraónica por el arquitecto Pedro Muguruza, el mausoleo y la basílica fueron la mayor obsesión de Franco durante los dieciséis años que duró su construcción. En una época de desnutrición y desempleo, no se escatimaron los fondos públicos, para gran beneficio de algunos pilares del Régimen que tenían negocios en el sector. El trabajo forzado de los presos de la posguerra sirvió para fundar varias fortunas particulares.

Aún hoy, no falta quien dice que el Valle de los Caídos representa la reconciliación tras la contienda, porque entre los cuarenta mil cadáveres que yacen allí hay muchos defensores de la República, junto a los de quienes la derribaron. Pero los discursos del propio Franco en el lugar, invariablemente triunfalistas, nos hablan de otra cosa: quizá los demócratas fueron llevados allí como trofeos de guerra. Hasta hoy, en toda España, equipos de arqueólogos y voluntarios están excavando las fosas sin lápidas de los muertos de la guerra, esparcidas por las cunetas y los campos, para restituir algo de dignidad a las decenas de miles de personas a las que la cruzada de Franco negó siquiera un nicho en el cementerio local.

En sus últimos días Ávalos estaba trabajando en un monumento a Alfonso XIII, en Madrid. Le sobrevive su viuda, Soledad Carballo Núñez, con la que se había casado en 1937. Tuvieron tres hijos.

· Juan de Ávalos García-Taborda, escultor. Nació el 21 de octubre de 1911; murió el 6 de julio de 2006.

 

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