Michael Mullan - Obituario - Víctor Alba

 

http://www.uv.es/cultura/forumdebats/llibrescolectestalin.html

 

(The Guardian, 24 de marzo de 2003)

 

Víctor Alba, que ha muerto a los ochenta y seis años de edad, nunca existió... a pesar de un volumen inmenso de pruebas documentales de lo contrario. Tras el pseudónimo estaba el periodista radical Pere Pagès, que se exilió a Francia después de la guerra civil y trabajó a las órdenes de Albert Camus en el diario de izquierdas “Combat”. “Víctor Alba” era el protagonista de una novela que Pagès estuvo escribiendo durante seis años en las cárceles de Franco. Un día invitó a Camus a dar su opinión sobre el borrador definitivo.

“Ç’est une merde”, fue el conciso veredicto. Tras oírlo, Pagès roció el manuscrito con coñac y le prendió fuego. Pero rescató el nombre de Víctor Alba, que mantuvo como su “alter ego” durante el resto de su vida literaria. El personaje ficticio puso su firma al pie de más de cien libros y opúsculos y de miles de artículos, en los que expuso sus idiosincráticas opiniones libertarias.

Alba también compartía otras cosas con George Orwell. Cuando Eric Blair, en su momento, estuvo en Barcelona y fue testigo de las luchas intestinas entre las fuerzas que combatían del lado de la República, Alba fue su “cicerone”. Sus aptitudes para los idiomas le valieron ese encargo de Andreu Nin, el desventurado dirigente del Partit Obrer d’Unificació Marxista (POUM), el partido no ortodoxo en el que servía Alba como miliciano y propagandista. Lo que vio Orwell le inspiró su libro documental “Homenaje a Cataluña”. La película “Tierra y Libertad”, rodada por Ken Loach en 1995, debe mucho a Orwell, aunque el director también cita en los créditos la historia del POUM de Alba.

Nacido en el seno de una familia burguesa, y matriculado como estudiante de Derecho en la Universidad de Barcelona, parecía poco probable que Alba se afiliara al POUM, pero las circunstancias eran desusadas. Habiéndose metido a periodista político a los dieciséis años de edad, escribió para los órganos de prensa del partido, “Ultima Hora” y “La Batalla”. Tras la guerra, estuvo encarcelado en Alicante y Barcelona. Antes de huir a Francia en 1945, tradujo algunas obras de Mark Twain.

En 1946, Alba publicó su primer texto histórico sustancial, “Histoire des Républiques Espagnoles”. La siguiente etapa de su exilio fue Méjico, donde escribió para periódicos y revistas, dirigió un centro de investigaciones sociales, dio clases en la Universidad y escribió su “Historia del comunismo en América Latina”, publicada en 1954. Después se trasladó a los Estados Unidos, donde trabajó como traductor en la Organización Mundial de la Salud y dio clases de ciencias políticas en la Universidad de Kent, en el estado de Ohio.

En 1968 Alba empezó a viajar a Cataluña, y retornó definitivamente en 1970, para ser testigo de los últimos años del odiado régimen de Franco. Todos lo miraban con malos ojos, tanto la dictadura como la oposición clandestina, cuya columna vertebral era el Partit Socialista Unificat de Catalunya, los comunistas ortodoxos. Para el PSUC, partido con el que Alba había chocado en las filas republicanas, alguien que había pasado tanto tiempo en los Estados Unidos y criticaba a la Unión Soviética con tanta vehemencia sólo podía ser, por increíble que parezca, un “topo” de la CIA.

Durante esta década la productividad prodigiosa de Alba alcanzó la cima, publicando en un solo año cuatro o cinco libros en los diversos idiomas que poseía. A pesar de su valor como testimonio ocular, casi siempre fueron ignorados por los grandes medios de comunicación y muy pocos fueron éxitos de ventas. Sus biografías, “Andreu Nin” (1974) y “Joaquim Maurín” (1975) son indispensables para los estudiosos de esa época, igual que sus cuatro volúmenes sobre el POUM y el Bloc Obrer i Camperol. Sus novelas publicadas no tuvieron tantos lectores como su trabajo periodístico, aunque “El pájaro africano” (1975) fue finalista del premio Planeta.

Alba creó su propio género con una serie de ‘diccionarios’, libros de ensayos muy cortos sobre las cosas que le molestaban. Fue colaborador habitual del diario en lengua catalana “Avui”. Muchos periodistas lo consideraban un modelo de estilo y laboriosidad.

Alba defendió muchas causas perdidas. Por eso hace un guiño al mito de Sísifo cuando titula su autobiografía “Sísifo y su tiempo: Memorias de un cabreado, 1916-1996”. El subtítulo aprehende el tono mordaz y sarcástico que cultivó con tanto orgullo y cuidado.

Michael Portillo nos habló en este periódico (The Guardian) de su perplejidad en una entrevista con Alba, cuando le oyó decir que los años de la Guerra Civil fueron los mejores de su vida. Como manifestó a otro entrevistador: “El miedo te hace sentir vivo. Aquella época te hacía ver que cualquier cosa que estuvieras haciendo tenía verdadero sentido”.

También dijo que el siglo XX ha sido “el más hijo de puta de la historia. No sólo por la cifras absolutas de gente asesinada, torturada o perseguida, sino porque hemos tenido más capacidad tecnológica que ninguno otro y, por consiguiente, podríamos haber hecho la vida muchísimo mejor”. A pesar de todo, estaba contento de haber estado en este mundo lo suficiente para brindar por la muerte de los tres grandes objetos de su odio visceral: Hitler, Stalin y el auto-ascendido Generalísimo.

También pensaba que los protagonistas de la transición de España tras la muerte de Franco fueron demasiado tímidos aceptando aquel fácil consenso que se llamó metafóricamente “café para todos”: “Tendrían que haber pedido cafés, copas y puros para todo el mundo”.

En su lengua vernácula, Alba se describía como “sense pèls a la llengua” - no tenía pelos en la lengua. Decir exactamente lo que pensaba era uno de sus rasgos quintaesencialmente catalanes, como sus puntos de vista tenazmente libertarios, anti-comunistas, y anti-capitalistas. Era un ejemplar, para citar otro de sus títulos, de “Homo sapiens catalanibus”.

Pagès, y/o Alba, sucumbió/sucumbieron a un cáncer en Sant Pere de Ribes, cerca de Barcelona. Le han sobrevivido su esposa, la francesa Noemi (Loute) Boune, y su hija Cristina.

(N. del T.: en este párrafo encuentro un matiz muy fino que no sé cómo traducir. “Succumbed”, en inglés, es indistintamente “sucumbió” y “sucumbieron”. Por eso diría que Michael Mullan nos está hablando de las dos identidades como si hubieran sido dos personas distintas).

Pere Pagès i Elies (Víctor Alba), escritor, nació en 1916; murió el 10 de marzo de 2003.

(Traducción castellana de Juan Manuel Grijalvo)

The Guardian...

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