Juan Manuel Grijalvo  -  Bisutería

 

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Ultima Hora,  28 de enero de 2003

 

Leo en la edición del 15 de enero de 2003 de Ultima Hora que el Govern Balear ha presentado - por fin - el anhelado proyecto del nuevo Conservatorio de Eivissa. Ya barruntaba yo que no me iba a parecer maravilloso. El centro tendrá doscientos cuarenta alumnos, y un auditorio de... ciento cincuenta plazas. No está muy claro cómo se van a acomodar si algún día la Dirección tiene la chistosa ocurrencia de convocarlos a todos a un acto académico. Lo suyo es poner dos en cada asiento, cosa que dejará libres treinta butacas, a repartir equitativamente entre las autoridades y el claustro de profesores. Probablemente, los padres asistiremos al evento desde la calle, observándolo a través de circuitos cerrados de televisión. Si hace frío o llueve y truena, tal vez condesciendan a instalarnos en esos doscientos cuarenta metros cuadrados de "espacio expositivo", calculados a razón de uno por alumno, para que los matrimonios puedan estar juntos, pero no revueltos. Esto nos confirma la vocación "multifuncional" y "polivalente" del inmueble. Se trata de hacer muchas cosas, pero todas mal.

A la presentación asistieron la Presidenta del Consell, la Consellera de Cultura, la Concejala de Cultura de Vila, el Delegat d'Educació, la Directora del Conservatori, y otras personas de menor relieve institucional. Se demuestra una vez más que en el terreno de la cultura y la educación, como en todos los demás, ya hay más jefes que indios. El actual reparto de competencias entre las administraciones garantiza que tendremos - y pagaremos - tres de todo... o más.

En su discurso, el Conseller de Cultura califica el futuro edificio de "joya de la Corona". No sé cómo define usted lo que es eso. Una joya se suele componer de varias piedras preciosas. Las gemas van engastadas en oro u otro metal noble y forman un conjunto armónico que realza las prendas físicas y morales de la persona que la lleva. Un cetro o una corona real, por ejemplo, son joyas. Por extensión se habla de una Corona para referirse a un reino, es decir, a un país gobernado por una monarquía hereditaria. En la expresión que nos ocupa, es sólo la institución que rige el Estado. Por eso las joyas de la Corona no son de la Familia real, son patrimonio público. Las reales personas sólo tienen el derecho - exclusivo, eso sí - de ostentar las que corresponden a su rango. Obviamente, las alhajas de propiedad particular de los miembros de la Familia real no son de la Corona. Veamos ahora si los repetidos términos se pueden aplicar al edificio que nos ocupa.

Pues, como se suele decir, la primera en la frente. Esta maravilla habrá de contemplarse en el marco de unos edificios antiguos y nuevos que son y serán, en el mejor de los casos, de arquitectura banal, como dice Salvador Roig. Y en el peor, directamente feos, digo yo. De forma que la montura de la joya no es la más idónea. Un Conservatorio más grande, a cuatro vientos, aunque no tuviera otras ventajas, sí habría podido ser "uno de los edificios arquitectónicos de referencia de la isla para este principio del siglo XXI", según la descripción un tanto hiperbólica que nos hace el Sr. Pons de este rascacielos bajito, plantado en una esquina de un solar que tampoco era tan grande como todo eso.

En cuanto a la joya en sí, aventuraré la hipótesis de que el diseño está sujeto a demasiadas constricciones funcionales como para permitir grandes vuelos artísticos. Probablemente, el arquitecto ha hecho un buen trabajo, pero "es un proceso complejo en el que hay que casar muchos factores. Se hace imprescindible el diálogo entre todas las partes implicadas en el mismo". En otras palabras: aunque el Sr. Payá hubiera logrado el mejor compromiso posible entre tantas exigencias contradictorias, el sentido común nos dice que no conviene acumular varias albardas sobre un solo burro.

A estas alturas, como dice Luis Jar Torre, el burro se nos ha muerto, y este Conservatorio nace con unas taras congénitas que van a impedir que funcione bien. Lamento discrepar del Sr. Antoni Marí, a quien conozco y aprecio desde hace muchos años. Dice que un Conservatorio autónomo es "un paso importante, histórico, para la educación de estas islas". A mí me parece que será un paso histórico en la dirección equivocada. Por lo tanto es, como decía cierto político ruso cuyo apodo ya no recuerda nadie, "un paso adelante y dos pasos atrás". Será el edificio "polivalente" del Govern, que no viene a complementar, sino a competir con Ca'n Ventosa, el centro "polivalente" del Ayuntamiento. El Consell ya dispone de eso de Ca's Serres, que es tan "polivalente" que hasta lo tiene escrito en la fachada. Y prepara otro artefacto que ya va a ser la quintaesencia de la polivalencia: el Centre de les Arts, que va a servir para absolutamente todo, pero estará tan mal situado que le caerá lejos a todo el mundo. Y no nos olvidemos del Ayuntamiento de Santa Eulària, que también ha puesto un caballo a correr en esta loca carrera hacia la ruina.

Si tuviéramos la administración única en Eivissa, en Ca's Serres tal vez habría un solo centro de enseñanza. Ca'n Ventosa quizá sería un teatro, una biblioteca y un punto público de acceso a Internet y otras nuevas tecnologías. En la manzana de Arts i Oficis acaso encontraríamos un Conservatorio en condiciones y un Auditorio a la altura de lo que merece Eivissa. Habría estado en el centro de la ciudad, sería cómodamente accesible a pie y estaría razonablemente bien comunicado por la telaraña de líneas de autobús que hay ahora en la isla... Una red es otra cosa. En cuanto al solar del Centre de les Arts, ahí por el campo, lo suyo es lo que decía Alfonso Guerra: plantarlo de alfalfa para invitar a unos cuantos a desayunar.

Ya sabe usted que yo nunca hablo de política. Hoy tampoco. Me guardaré muy mucho de meterme en ese berenjenal y de sugerirle subliminalmente que vote o deje de votar a unos u otros. No he levantado la veda del político, sino la del pavo real. Y es que no puedo escuchar en silencio según qué cosas. Por ejemplo, que vengan de Palma a hacer la rueda con esas plumas de la cola y vendernos como "joyas de la Corona" artículos que no pasan de bisutería.

juan_manuel@grijalvo.com

 

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