PDSTIB - Recuperar el transporte público, mejor para todos
Proyecto - Octubre de 2002
4. LAS CONSECUENCIAS SOCIALES DEL DESEQUILIBRIO MODAL
Como es sabido, la seguridad del transporte
varía fuertemente de unos modos a otros. En el conjunto de la Unión Europea
la siniestralidad por modos de transporte se distribuye del modo siguiente:
ACCIDENTALIDAD POR MODOS DE TRANSPORTE. UNIÓN EUROPEA 1995
| MODOS | Nº de muertos | 109 Pas-km | Muertos/109 Pas-km |
| Motos | 6.662 | 120 | 56,0 |
| Peatones | 7.066 | 163 | 43,0 |
| Bicicletas | 2.640 | 70 | 38,0 |
| Turismos | 25.008 | 3.650 | 7,0 |
| Camiones | 2.056 | 450 | 5,0 |
| Autobuses | 215 | 380 | 1,0 |
| Trenes | 98 | 270 | 0,36 |
| Aviones | 73 | 274 | 0,27 |
Fte.: DG Transportes Comisión Europea
Por ello, existe un acuerdo creciente
en el sentido de que el principal objetivo de las políticas de seguridad vial
debe ser el de estimular la transferencia de viajeros desde los modos menos
seguros a los más seguros. El presente Plan Director asume estas directrices,
claramente expresadas en el Libro Blanco del Transporte en Europa, y pretende
contribuir a la reducción de la inseguridad vial mediante la potenciación de
los medios de transporte colectivo.
El PDSTIB se alinea así con la
nueva generación de planes de seguridad vial que están apareciendo en Europa
en los últimos años, como el “Pla Catalá de Seguretat Viària 2002-2004”, aprobado
el 5 de marzo de 2002, que entre las “Actuaciones estratégicas para reducir
la exposición a los accidentes” sitúa en primer lugar el “Cambio del reparto
modal: promover modos de transporte con bajo nivel de riesgo”.
Este es un objetivo muy prioritario en
las Islas Baleares, que vienen arrastrando desde hace mucho tiempo un serio
problema de inseguridad vial. La tasa de mortalidad por automóvil se situó en
2000 en 207 muertos por millón de habitantes, si se computa sólo la población
residente, y en 159 si se incluye tanto la población residente como los turistas,
en términos de habitantes equivalentes. Esta última tasa es netamente superior
no sólo a la media europea (100), sino incluso a la media española (143) y a
la de cualquier otro país europeo, excepto Grecia y Portugal. La reducción de
la mortalidad que se está observando en Baleares en el presente ejercicio 2002
está relacionada con la reducción de la actividad económica, como ya se observó
con anterioridad en la etapa 1992-1994.
| Muertos por accidente de tráfico en Baleares | |||
| Año | Carretera | Ciudad | TOTAL |
| 1990 | 133 | 35 | 168 |
| 1991 | 117 | 40 | 157 |
| 1992 | 111 | 19 | 130 |
| 1993 | 117 | 41 | 158 |
| 1994 | 106 | 25 | 131 |
| 1995 | 124 | 26 | 150 |
| 1996 | 143 | 28 | 171 |
| 1997 | 101 | 32 | 133 |
| 1998 | 116 | 31 | 147 |
| 1999 | 131 | 22 | 153 |
| 2000 | 125 | 40 | 165 |
| Fte.: Anuario DGT 2000 | |||
En la Unión Europea, con datos de 1997,
cinco países tenían tasas por debajo de 100 muertos anuales por millón de habitantes:
Suecia (61), Reino Unido (64), Países Bajos (75), Finlandia (85 y Dinamarca
(93). A estos países, que encabezan los avances mundiales en seguridad vial,
les siguen Alemania (104) e Italia (117).
En el contexto de los países desarrollados,
la situación de Baleares es muy anómala, especialmente tratándose de un territorio
insular de pequeño tamaño. En esta clase de espacios geográficos, las tasas
de mortalidad por automóvil son normalmente muy inferiores a la de las zonas
continentales, porque en ellas suelen ser menores tanto las velocidades medias
como las distancias recorridas, y además no se encuentran afectadas por tráficos
de tránsito nacionales o continentales, ya sean ligeros o pesados. Por ejemplo,
la tasa de Canarias es de 123 muertos por millón de habitantes, contando sólo
la población residente, y no llega a 100 si se incluye la población turista.
La tasa balear de mortalidad por automóvil es un 60% superior a la canaria.
Dentro de Baleares existen también diferencias
apreciables en materia de siniestralidad vial. La isla más segura es Menorca,
cuyo índice de mortalidad por automóvil es del orden de un 25% inferior a la
media del archipiélago. En el otro extremo se sitúa simétricamente Eivissa,
con tasas aproximadamente un 25% por encima de la media balear. Las tasas de
la isla de Eivissa no tienen parangón en contextos europeos.
La preocupación social e institucional
por esta situación no es nueva en las Islas Baleares. Su agravamiento constante
durante la década de los noventa condujo en 1997 a la creación de la Comissió
no permanent de sinistralitat de carreteres i vies urbanes de les Illes Balears.
El Informe de la Comissió, publicado
por el Parlament de Balears en Febrero de 1998, sintonizaba con las tendencias
más avanzadas a nivel internacional en cuanto a las propuestas formuladas para
lograr la reducción de accidentes. La Comissió formuló un diagnóstico bien argumentado,
en el que la excesiva velocidad de circulación, la especial composición del
tráfico y los problemas estructurales del transporte en Baleares (desequilibrio
modal, abandono del transporte público, etc.), eran señalados entre los principales
problemas. El diagnóstico de la Comissió sigue plenamente vigente. La escasa
utilización del transporte público hace que la población de Baleares siga estando
más expuesta al automóvil que la de otros países desarrollados, cuyos ciudadanos
realizan una fracción sustancialmente mayor de sus desplazamientos en medios
colectivos, mucho más seguros.
La sociedad balear debe ser ampliamente
informada de las nuevas ideas sobre la seguridad del transporte que están permitiendo
reducir sensiblemente la mortalidad por automóvil en los países más avanzados,
y que son plenamente asumidas en el presente Plan Director. Para ello es necesario
difundir campañas de concienciación explicando que la reducción de la movilidad
motorizada forzosa y el reforzamiento del transporte público son las claves
principales de la mejora de la seguridad del transporte, y ofrecer información
periódica sobre los índices de mortalidad y accidentalidad de los diferentes
modos de transporte en Baleares. Asimismo, es necesario acabar con los falsos
clichés que achacan “inseguridad” a los desplazamientos peatonales o en bicicleta,
haciendo ver que ni los peatones ni los ciclistas generan inseguridad para ningún
usuario de las vías públicas.
La seguridad global del transporte sólo se puede construir como suma de situaciones de seguridad local. En consecuencia, los municipios deben poner en práctica programas de seguridad en sus propias zonas urbanas y en sus redes de caminos locales con el enfoque de Visión Cero, esto es, poniendo los medios para que en su ámbito territorial no se produzca ninguna víctima mortal que pudiera haber sido evitada. En estos programas se debe promover la participación activa de la población.
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