PRATIP 1.6 Objetivo
a largo plazo: el enfoque Visión Cero
Desde hace algunos años se están
consolidando nuevas políticas de seguridad vial que abordan frontalmente este
problema, y al mismo tiempo articulan toda la nueva seguridad vial bajo
principios similares y coherentes en todos los ámbitos de la circulación. De
ellas, las que han recibido ya mayor apoyo institucional son las que se basan en
el enfoque conocido como " Zero Vision ", que puede ser traducido directamente
al castellano como "Visión Cero". Por decisión parlamentaria adoptada en octubre
de 1997, este es el enfoque actual de la política de seguridad vial en Suecia.
Desde entonces, Noruega, Reino Unido, Países Bajos y Dinamarca han adoptado
decisiones que comienzan a orientar sus políticas de seguridad vial en esta
dirección.
El principio básico de Visión Cero es
el de contemplar los accidentes de automóvil como una epidemia que, como toda
epidemia con causas conocidas y evitables, es necesario erradicar. Una
administración estatal responsable no puede tener como objetivo político el
mantener una determinada incidencia del tifus, o del cólera, o de cualquier otra
enfermedad que resulte evitable con los conocimientos y los medios disponibles.
Su objetivo ha de ser erradicarla en el plazo de tiempo más breve posible.
El enfoque de Visión Cero establece
como objetivo la erradicación de los accidentes con resultado de víctimas
mortales, o con heridos que queden gravemente incapacitados de por vida. Para
lograr este objetivo, es necesario reinterpretar toda la ordenación del tráfico
desde una perspectiva biomédica: el tráfico debe ser ordenado de tal modo, que
los impactos derivados de los accidentes que resulte imposible evitar, puedan
ser soportados por el cuerpo humano sin resultado de muerte ni de incapacidad
permanente.
Este planteamiento tiene diferentes
consecuencias cuando se aplica a los diferentes ámbitos del tráfico. En espacios
urbanos, en los que los vehículos y los peatones conviven en proximidad, la vida
de los peatones debe salvaguardarse ante un eventual atropello, para lo cual, la
velocidad de los vehículos debe mantenerse por debajo de 30 km/hora, y además
debe ser rediseñado el morro de los automóviles para que cause menores daños
ante un eventual atropello. Este aspecto está ya asumido por la Unión Europea en
sus orientaciones de seguridad vial.
En las carreteras de dos direcciones,
la peor de las colisiones posibles es la colisión frontal entre dos vehículos.
Asumiendo que todos los vehículos tienen diseños adecuados, y que todos los
usuarios llevan puesto el cinturón de seguridad, la velocidad máxima a la que se
reducen drásticamente los riesgos de muerte o incapacidad de alguno de los
usuarios implicados está en el entorno de 60 o 70 km/hora. Esta es, por tanto,
la hipótesis de trabajo en cuanto a limitación de velocidad para este tipo de
vías.
En las autopistas o carreteras de doble
calzada, asumiendo un buen diseño de las mismas que evite cualquier posibilidad
de invasión de la calzada contraria, la peor colisión o accidente posible es la
salida de la calzada con vuelco, o la colisión con algún obstáculo fijo, así
como la colisión por alcance entre vehículos circulando en la misma dirección.
En las mismas condiciones anteriores de diseño adecuado de vehículos y uso
generalizado de cinturones de seguridad, el entorno de velocidades admisible
está entre los 90 y los 100 km/hora, y más próxima a la primera que a la segunda
cifra. Esta es, por tanto, la hipótesis de trabajo para la velocidad máxima en
vías de doble calzada, siempre que se imposibilite la invasión del carril
contrario.
La circulación a estas velocidades en
carreteras y autopistas rompe con los hábitos de conducción establecidos, y
afecta a los intereses comerciales de la industria del automóvil, por lo que no
es nada fácil de establecer. El proceso de aplicación práctica del enfoque de
Visión Cero trata, por tanto, de ir aproximándose a las mismas mediante un
proceso paulatino, en el que es fundamental ir ganando apoyo social y
comprensión del problema por parte de la población.
El cumplimiento de las limitaciones de
velocidad es muy difícil de imponer, incluso a largo plazo, sólo mediante
medidas coercitivas. Por ello, es necesario, por una parte, actuar sobre la red
viaria, rediseñando las vías para velocidades menores, y no mayores, como se
sigue haciendo todavía en muchos lugares, entre ellos en España, y también en
Baleares.
Por otra parte, las consecuencias de
este enfoque sobre la concepción de los vehículos será muy importante. Por
ejemplo, las motocicletas son inasumibles desde la perspectiva de Visión Cero,
ya que es imposible proteger a sus usuarios de los posibles efectos letales de
una colisión, incluso a velocidades relativamente moderadas. El enfoque visión
cero propone sencillamente prohibir la circulación de motocicletas, excepto
quizá de algunos modelos de potencia muy reducida, con limitadores de velocidad
en el entorno de 30 km/hora. De momento, la potencia de las grandes motocicletas
comerciales ya está limitada en Europa (aunque en niveles tan altos que no
tienen influencia alguna en la seguridad), y se está valorando seriamente la
posibilidad de prohibir la circulación de cualquier clase de motocicleta con
pasajero-acompañante.
Asimismo, y según se señalaba en apartados
anteriores, la Unión Europea ya ha planteado la instalación de limitadores de
velocidad en los vehículos comerciales por encima de las 3,5 Tm. Esta medida
es un nuevo paso en el paulatino establecimiento de limitadores de velocidad
en todos los vehículos, medida que posee una aplastante lógica interna, y que
constituye el horizonte ineludible de las políticas de seguridad vial a medio
o largo plazo, si se desea realmente acabar con la tragedia colectiva de los
accidentes de tráfico.