PRATIP 1.7
La política europea de seguridad vial
La importancia creciente que la Comisión está otorgando al problema de la seguridad vial se hace patente en el Libro Blanco del Transporte publicado en septiembre de 20013. El Libro Blanco es taxativo en relación con la seguridad vial. Alegando que algunos países (Suecia, Reino Unido...) ya lo han conseguido, y que ello prueba que es posible, reafirma el objetivo europeo de reducir en un 50% el número de víctimas mortales en 2010. El enérgico tratamiento que el Libro Blanco administra a este tema se manifiesta en el título elegido y en el inicio del texto del apartado correspondiente:
De todos los modos de transporte, el transporte por carretera es el más peligroso y el más costoso en términos de vidas humanas4. Los accidentes de tráfico, considerados como “cosas de la vida”, no han suscitado reacciones particularmente fuertes hasta fechas muy recientes. Si no, ¿cómo podría explicarse la tolerancia relativa frente a los accidentes de tráfico, cuando cada día el número total de víctimas en las carreteras europeas corresponde prácticamente al número de víctimas registradas cuando se estrella un avión de tamaño medio?
El primer párrafo de la página de
Europ-News de Noviembre 2001 (Boletín de fichas informativas de la Comisión
Europea), que sintetizaba las Prioridades de la Seguridad Vial, resulta de gran
aplicación a la situación española:
Los accidentes mortales han
disminuido en Europa al pasar de 56 000 en 1991 a 42 500 en 1998. La mayoría
de los expertos afirman que esta disminución se ha debido principalmente a la
existencia de coches más seguros, el mayor uso del cinturón de seguridad, el
descenso de la conducción bajo los efectos del alcohol, la reducción de la
velocidad y a un tráfico más tranquilo. A pesar de ello, la Comisión no ve
ninguna razón para sentirse satisfecha de la seguridad vial, ya que el
descenso del número de accidentes mortales se está ralentizando. Las
diferencias abismales entre Estados miembros llevan a la conclusión de que
queda mucho por hacer, aunque sólo sea aplicando las mejores prácticas en toda
la UE. Lamentablemente, las medidas que podrían reducir las desgracias humanas
que se ocultan tras las estadísticas (como mejor aplicación de los niveles
máximos de alcoholemia, mejor gestión de los límites de velocidad y anuncios
más responsables) siguen siendo objeto de acusaciones fuera de lugar de que
atentan contra la «libertad personal».
En España, la disminución de los accidentes
en el período indicado ha sido muy inferior a la europea y no se ha registrado
reducción, sino aumento de la velocidad de circulación. España es uno de los
países a los que se refiere tanto el comentario de la “diferencias abismales
entre Estados miembros” como la conclusión de que “queda mucho por hacer”, y
también se cuenta entre aquellos países en los que los tres aspectos señalados
entre paréntesis (alcoholemia, velocidad y publicidad) presentan problemas de
gestión más relevantes.