ANEXO
DOCUMENTO BASE DE PARTICIPACIÓN
Plan de reducción
de accidentes de tráfico
--- Documento para el debate ---
Junio 2003
Datos estadísticos
| Movilidad de los residentes en las Pitiusas. Día laborable, año 2000. | ||||
| Modo | Viajes/día | % | % Menorca | % Mallorca |
| A pie | 90.843 | 42,7% | 39,2% | 32,8% |
| Bicicleta | 2.487 | 1,2% | 1,0% | 0,9% |
| Moto | 11.456 | 5,4% | 4,9% | 4,3% |
| Coche, taxi | 101.494 | 47,7% | 52,8% | 54,4% |
| Autobús | 6.656 | 3,1% | 2,1% | 7,6% |
| TOTAL | 212.937 | 100,0% | 100,0% | 100,0% |
El 94% de los viajes motorizados se hacen en coche, moto o taxi |
| Mortalidad del tráfico en las Pitiusas (carreteras) | |||
| Indicadores | Pitiusas | Menorca | Mallorca |
| Población 2001 | 93.629 | 71.524 | 676.516 |
| Plazas turísticas | 86.938 | 46.471 | 276.661 |
| Habitantes Equivalentes | 145.792 | 99.407 | 842.513 |
| Muertes 1989-1999 | 244 | 114 | 1.162 |
| Tasa de Mortalidad | 152 | 104 | 125 |
Tasa de Mortalidad: muertos al año por millón de habitantes-equivalentes |
|||
| Mortalidad por medios de transporte. Islas Pitiusas 1995-2000 | ||||
| Siniestros con muertes (carreteras) | 93 | |||
| Total de muertes | 103 | 100% | ||
| Automovilistas | 47 | 46% | ||
| Motoristas | 28 | 27% | ||
| Peatones y ciclistas | 28 | 27% | ||
Los motoristas hacen el 5% de los viajes y registran el 27% de los muertos |
| Distribución de los accidentes a lo largo de la semana y del año | ||||||
| Día | Siniestros | Muertes | Islas Pitiusas 1995-2000 | |||
| Lunes | 15% | 13% | ||||
| Martes | 14% | 12% | Período | Accidentes | Muertes | |
| Miércoles | 14% | 17% | Junio-Septiembre | 52% | 44% | |
| Jueves | 13% | 14% | Octubre-Enero | 23% | 23% | |
| Viernes | 14% | 10% | Febrero-Mayo | 25% | 33% | |
| Sábado | 17% | 18% | TOTAL | 100% | 100% | |
| Domingo | 13% | 16% | ||||
| TOTAL | 100% | 100% | ||||
Los sábados sube ligeramente la siniestralidadLa mitad de los accidentes se producen en los 4 meses de verano |
Introducción
La accidentalidad en las carreteras de las Islas Baleares está convirtiéndose
en un problema muy grave, por el número de accidentes registrados y por
la importancia que revisten muchos de ellos, y en especial por la cifra tan
elevada de víctimas (también víctimas mortales). Las Islas
están a la cabecera del Estado Español, tanto en los vehículos
por habitante, como por los accidentes y la mortalidad en la carretera .
A iniciativa del Consejo Insular de Ibiza y Formentera, se está realizando
un trabajo de evaluación de la situación de nuestras carreteras,
de las causas de los accidentes, y las medidas que se pueden poner en práctica
para lograr, si no la ausencia total de accidentes, por lo menos una reducción
sustancial, y principalmente, la prevención total de las víctimas
mortales.
¿Los accidentes de tránsito, un drama inevitable?
Los accidentes de tránsito mortales o graves se habían considerado hasta tiempos recientes como una consecuencia inevitable de la existencia de los automóviles, cuya utilización se supone como imprescindible para el desarrollo económico y social.
En los últimos años, en cambio, se han producido avances significativos
en la comprensión del problema de los accidentes de tránsito,
y sobre todo en la identificación de las causas y responsabilidades.
Lejos de ser una fatalidad o una casualidad desafortunada, la mayoría
de los accidentes son más bien consecuencia de un conjunto de factores:
las conductas imprudentes (estimuladas en gran medida por la publicidad agresiva
de la industria del automóvil); un diseño inadecuado del viario;
la falta de políticas de educación y prevención; y una
gestión de las vías públicas que permite la circulación
a velocidades excesivas.
Cambiar esta tendencia insostenible hacia la inseguridad vial es sin duda una
tarea compleja, donde hay que actuar a diferentes niveles: desde los hábitos
de los conductores al diseño de las carreteras.
Las respuestas dadas al problema hasta ahora han sido, sin embargo, demasiado
simples y mecánicas, haciendo recaer casi exclusivamente las responsabilidades
del problema sobre los conductores, y limitándolo a un problema individual.
De hecho, las campañas de seguridad vial se dirigen principalmente a
la culpabilización de los conductores, mientras que las innovaciones
técnicas se dirigen fundamentalmente a atenuar las consecuencias de los
accidentes (protecciones, air-bags, estructura del vehículo). Contradictoriamente,
estas mejoras son presentadas como “panacea” por la publicidad de
los automóviles, y contribuyen a reforzar una falsa sensación
de seguridad, disminuyendo la percepción del riesgo por los conductores.
Pero las más recientes metodologías de prevención de accidentes
están llegando a una comprensión muy diferente del problema. Algunos
países, tales como Japón, Canadá, Australia, Suecia...,
han logrado avances sustanciales en la reducción de la accidentalidad,
y sobre todo de las víctimas mortales de los accidentes, con medidas
y actuaciones muy diferentes.
Por una parte, se trataría de refrenar la actual tendencia al crecimiento
del parque automóvil, así como a su uso indiscriminado, mediante
políticas de “creación de proximidad” (acercamiento
de servicios y actividades habituales a los lugares de residencia) y a la creación
de redes eficaces de transporte público. En definitiva, no hacer “imprescindible”
el uso del automóvil casi para cualquiera actividad, como comienza a
pasar actualmente.
Por otra parte, se trataría de hacer visibles a los conductores suficientes
mensajes que les den percepción de los riesgos, evitando la conducción
agresiva o despreocupada, tales como el exceso de velocidad o las maniobras
imprudentes.
En tercer lugar, el rediseño de la red viaria, introduciendo medidas
de “moderación del tráfico”, más que suficientemente
ensayadas, en particular en los entornos urbanos, pero también progresivamente
en las vías interurbanas.
El elemento más innovador de estas nuevas tendencias de prevención
es la “Visión Cero”. Se trataría de afrontar las situaciones
donde se produce un riesgo de accidentes, con medidas que evitan radicalmente
la posibilidad que se produzcan víctimas mortales o graves. El objetivo,
a largo plazo, sería cero muertes, cero incapacidades.
Una estructura territorial difusa y compleja
El viario de Ibiza y Formentera está condicionado por la singular
estructura territorial de las islas.
La tradicional dispersión de la vivienda rural ha sido reproducida y
ampliada a la actualidad por el nuevo interés por vivir al campo. Como
consecuencia, los antiguos caminos que unían las diferentes parroquias
han sido convertidos en carreteras, que se prolongan también hacia las
nuevas urbanizaciones surgidas en calas o montañas, con muchos caminos
rurales, que forman una compleja red capilar.
Alrededor de las áreas urbanas (sobre todo Vila, pero también
Sant Antoni y Santa Eulària) se da una densificación aún
más grande. Están creandose unas ciudades dispersas, donde un
número importante de domicilios se encuentran a distancias excesivas
del trabajo, del comercio, de los servicios..., así como del transporte
público. Que por otra parte es insuficiente, demasiado rígido,
y poco accesible. La principal consecuencia es la dependencia del coche para
cualquier desplazamiento.
Las vías asfaltadas, de características muy variadas, alcanzan
en la actualidad casi todos los rincones de la isla. La consecuencia de tanta
actividad, tanta dispersión, y tanta accesibilidad por los vehículos
a motor, es una gran variedad de viajes y destinos, que recorren y atraviesan
todo tipo de carretera. Si observamos el conjunto de los viarios, las entradas,
salidas y cruces de las carreteras principales, la figura que nos surge no corresponde
tanto a una rama de árbol (unos grandes ejes viarios, de los que se ramifican
carreteras secundarias), sino más bien a una telaraña tupida,
compuesta por carreteras grandes y pequeñas, caminos asfaltados y sin
asfaltar.
Las carreteras más anchas, que unen los núcleos urbanos, recogen
además un gran volumen de viajes más cortos, de tráfico
local y de accesos a las viviendas rurales. Esta mezcla de destinos, y sobre
todo las numerosas salidas a los ejes principales, diseñados como vías
rápidas (con perfil de carretera interprovincial peninsular), son algunos
de los principales conflictos de la red viaria de Ibiza.
En Formentera, pese a sus pequeñas dimensiones, el eje principal tiene
también características de vía rápida, con velocidades
excesivas. En verano hay demasiados coches en circulación, de visitantes
de “un solo día”, mientras que el exceso de motos de alquiler
altera la tranquilidad y crea nuevos problemas.
Las causas de los accidentes
Los registros de accidentes consultados no parecen lo bastante útiles,
con diferencias de datos según las diferentes Administraciones, y con
importantes lagunas. El principal problema observado, sin embargo, a la hora
de estudiar las causas de los accidentes, es la falta de análisis de
las circunstancias en que se han producido.
El tradicional concepto de “punto negro” tampoco parece muy útil.
Los “puntos negros” se concentran en las principales carreteras.
Frecuentemente no se trata de un “punto”, ni de un cruce de carreteras,
sino de tramos largos y rectos de 300-400 metros, donde no hay problemas de
visibilidad ...a velocidades razonables.
En cada una de las zonas que rodean los “puntos negros” se observa,
sin embargo, la existencia de buen número de caminos laterales, así
como de naves comerciales, talleres, servicios... sobre la misma carretera.
En definitiva, los accidentes se reparten de manera uniforme por toda la isla,
concentrándose (con las características de mayor gravedad) a lo
largo de la C-731: la carretera de Sant Antoni, la diseñada con criterios
de mayor capacidad y velocidad de toda la isla. Por ello, la percepción
de los conductores es que pueden circular a velocidades más altas.
El problema de la velocidad parece estar en relación con gran parte de
los accidentes registrados, no solo en las vías principales, sino en
el conjunto de la red viaria. A pesar de las distancias tan cortas de la mayoría
de los desplazamientos, la circulación parece, en gran medida, emplear
velocidades excesivas, extendiendo los riesgos inducidos a todas las carreteras
de la Isla.
La escasa vigilancia de las carreteras, seguramente por falta de suficientes
medios, proporciona una sensación de impunidad a las conductas de riesgo,
tales como las velocidades excesivas o los adelantamientos imprudentes.
Las carreteras de las Pitiusas, ¿son seguras?
La red viaria principal (que no corresponde necesariamente con las categorías
administrativas, como en el caso de la carretera de Santa Eulària, formalmente
una ramificación de la de Portinatx) está diseñada con
criterios que no parecen adecuados para la realidad de las Islas. Parecen planeadas
para unir dos núcleos urbanos, atravesando un territorio vacío,
cuando en realidad deberían estar consideradas como las avenidas
principales de una red capilar, que recorren unas áreas suburbanas muy
difusas.
En cuanto al diseño de los cruceros y rotondas, se observan aspectos
conflictivos. En primero lugar, se prioriza de manera exclusiva las circulaciones
longitudinales a las carreteras principales. Seguramente por eso parece haber
cierta resistencia a introducir las rotondas como elementos de moderación
y regulación del tránsito en estas vías. Cuando se crea
una rotonda, en general, suele ser demasiado pequeña, con calzada muy
ancha, y frecuentes carriles “cero” (giros a la derecha por fuera
de la rotonda). La consecuencia es que el acceso se hace prácticamente
sin reducción de la velocidad.
Por otra parte, ni rotondas ni carreteras incluyen pasos protegidos para los
peatones, pese a que atraviesan en muchos casos zonas de alta densidad de viviendas
y de actividades, y a la existencia de paradas del transporte público
en ambos lados de la vía.
Las carreteras tienen, en realidad, “otros usuarios”, aparte de
los automovilistas: los peatones y los ciclistas. A causa de la dispersión
de las viviendas y actividades, incluso a lo largo de las carreteras principales
hay muchos desplazamientos de personas, para acceder a los establecimientos
situados en ellas, o al transporte público. La presencia de la bicicleta
es mayor de lo que parece, tanto usada por los residentes como por los turistas
(cada vez es más importante en las Islas el “turismo activo”
en bicicleta).
A psear de estos hechos, el diseño viario no considera las necesidades
de estos usuarios, ni su seguridad. No hay prácticamente aceras ni viales
separados, ni siquiera en las áreas urbanas, como las dos rondas de Vila.
Si bien, en principio, los ciclistas pueden compartir las vías públicas
con los coches de manera segura, cuando el tránsito motorizado circula
a velocidades moderadas, éste no es el caso en las carreteras diseñadas
como vías rápidas. En estos casos es necesaria una vía
ciclista segregada, como las que propone el “Plan de Viales no motorizados”
para las Islas, incluido en el Plan Director Sectorial de Transportes de las
Islas Baleares.
Algunas propuestas para la discusión
Hay que abrir un debate social sobre los problemas de la seguridad en las vías
públicas, para lograr un compromiso de trabajo de las diversas Instituciones
y colectivos ciudadanos, de cara a la reducción significativa de los
accidentes, y sobre todo, a la prevención de sus consecuencias más
graves: las muertes y los incapacidades. Este debate debería comenzar
por discutir si:
1 - El problema de los accidentes en las Pitiusas es debido a una serie de conductas
individuales aisladas, o bien a un problema generalizado de baja percepción
del riesgo.
2 - ¿Cuál es la parte del exceso de velocidad en la responsabilidad
de los accidentes?
3 - ¿Sería conveniente implantar limitaciones de velocidad más
estrictas?
4 - ¿Es suficiente la vigilancia (y las sanciones) en las carreteras
de las Pitiusas?
5 - ¿Se ha de modificar el diseño y la señalización
de los tramos más conflictivos, para introducir elementos de moderación
de las velocidades, y mejoras de la visibilidad y la señalización?
6 - ¿Parece conveniente recurrir más al uso de las rotondas, como
elemento de moderación de las velocidades y de distribución del
tránsito en los cruces?
7 – ¿Hay que revisar los criterios del diseño actual de
las rotondas, para obligar a una reducción efectiva de las velocidades?
8 - ¿Es necesaria la introducción de aceras pavimentadas en los
tramos más urbanos de las carreteras, o a lo largo de todo su recorrido,
siempre que encontremos viviendas próximas?
9– Las aceras de las carreteras reservadas a los peatones y ciclistas, ¿deberían
estar separadas de la calzada?
10 - ¿Es necesaria la introducción de medidas de protección
(tales como pasos bien marcados, así como isletas-refugio centrales)
para que los peatones atraviesen las calzadas de las carreteras con más
tránsito, las rotondas y cruces, y las paradas de autobús interurbano?
Movilidad en Eivissa - Ibiza...