Pablo Sánchez Quinteiro - ¡Que suene la flauta!

 

La Voz de Galicia, 4 de Mayo de 2007

 

Me resulta imposible imaginar alguien con peores cualidades para la música que yo mismo.

Tengo menos oído musical que el bueno de Van Gogh; de pequeño me expulsaron del coro del colegio cuando descubrieron que disimulaba haciendo playback con los labios y cuando mis padres cometieron la imprudencia de regalarme una flauta dulce la comunidad de vecinos se puso en pie de guerra. Y sin embargo este año tengo las máximas aspiraciones de convertirme en profesor de flauta -ese instrumento del que no sé ni colocar los dedos- en un conservatorio gallego. Leyendo el DOGA me he llevado la alegría de comprobar cómo en las próximas oposiciones no sólo cumplo de sobra el requisito para concursar: ser Licenciado, en mi caso en Derecho, sino que además las pruebas que tengo que superar son de lo más asequible.

Elaborar una unidad didáctica con los cientos de modelos que hay en Internet está hecho. El temario es cuestión de codos ¡Pan comido al lado del Derecho Romano! La única pega que algún amigo agorero me pone es que no sé tocar la flauta. Pero esto no me asusta; tocar el instrumento sólo vale 2 puntos sobre los 10 totales de la oposición y lo más importante es que esta prueba práctica ¡no es eliminatoria! Aunque ya cuento con un cero en este apartado, con horas de estudio del temario aspiro a una nota final en la oposición de ocho. Las plazas son muchas y los aspirantes no tantos.

Muchísimos competidores de fuera de Galicia, muchos de ellos magníficos instrumentistas, no tienen nada que hacer pues tienen que superar la única prueba eliminatoria, un difícil examen de gallego que yo ya tengo convalidado. Con un poco de suerte. antes de hacer el examen práctico –el último de la fase de oposición- es probable que ya tenga la plaza matemáticamente conseguida, con lo que no tendré que pasar el trago de encantar al tribunal con mis dotes musicales. En el peor de los casos, con mi ocho en el bolsillo ocuparé un puesto de lujo en las listas de interinos. ¡Que no me digan que no sé hacer sonar la flauta!

 

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