Paquita Cardona - Mercados medievales

 

Ultima Hora, mayo de 2007

 

Recuerdo que la primera vez que estuve en un mercado medieval fue en Sant Feliu de Llobregat. Poco tiempo después fui al de Dalt Vila y la sensación que me quedó al haberlos visto ambos fue que las personas, en cierto modo, tenemos necesidad de recrear épocas pasadas, no por nostalgia, sino por ubicarnos en un ambiente distinto del que habitualmente nos rodea.

Sería una forma diferente de irnos de vacaciones sin cambiar nuestro entorno diario sino transformándonos en personajes de la historia que retroceden en el tiempo. Como tener una máquina del tiempo que, por unos pocos días, te lleva al pasado y te retorna a casa, en breve. Esto es fácil de entender si nos ponemos en el papel de un actor de teatro que representa un rol en su vuelta atrás hacia un tiempo lejano. De hecho, es la única manera de viajar en el tiempo: ponernos en el lugar de quienes habitaron nuestro mundo antes que nosotros pero desde el presente.

Stephen Hawking decía, en una de sus frases célebres, algo así como que la única certeza que tenemos de que no se puede viajar en el tiempo es que no hemos sido invadidos por los turistas del futuro. Cierto. Tampoco podemos nosotros "invadir" a los habitantes de la Edad Media pero, como alternativa, sí podemos colocarnos en su lugar por unas horas y "jugar" a representar su papel ajustando nuestra indumentaria y actividades a lo que, según sabemos, se hacía en la época. El porqué hacemos recreaciones de esta época y no volvemos a la Edad de Piedra o al Imperio Romano no lo sé. En parte, imagino que no sería muy decoroso - ni higiénico - vestirnos con pieles e ir medio desnudos por la calle y vestirse de romano ya está muy visto en las películas y no es tan propicio para hacer un uso adecuado de nuestra imaginación. Lo mismo ocurriría si nos trasladásemos a Egipto. No vale ciertamente la pena pudiendo ir de turismo a visitar las pirámides al natural.

Supongo que la elección de la Edad Media y no otra será porque es relativamente fácil recrear el ambiente, suficientemente entretenido y poco peligroso, si lo comparamos con simular cómo sería el mundo dentro de 1.000 años, por si algún despistado no se entera a tiempo y piensa que realmente nos han invadido los habitantes del futuro al ver personas desfilando con trajes psicodélicos por sus calles. Así, lo que inicialmente podría pensarse como una mera diversión podría convertirse en una auténtica inocentada.

 

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