Paquita Cardona Roig - "No pesan los años sino los daños"

 

Última Hora, 21 de mayo de 2006

 

A menudo, leemos o escuchamos frases, más o menos célebres, de personajes notorios que nos llevan a reflexionar sobre sus inquietudes o, simplemente, sobre opiniones que compartimos en cierto modo o, aunque no las compartamos, sí nos permiten forjarnos una idea propia sobre aquello que dicen. Reconozco que me gusta más la introspección psicológica, en la mayoría de los casos, que explicar si comparto o no una determinada opinión. Sin embargo, en ocasiones, sí hay temas dignos de prestarles atención. Así, hace poco leía una frase que merece, al menos, un comentario. Era una reflexión sobre la vida de alguien que entiende que "no pesan los años sino los daños". A menudo, escuchamos a personas quejarse de su edad. "Demasiados años", dicen. Sin embargo, quienes así opinan no prestan atención a si estos años los han vivido cómodamente y siendo felices en su vida personal y profesional sino que simplemente se quejan porque con "tantos años" no pueden, a veces, hacer lo mismo que cuando eran más jóvenes o sentir curiosidad por cosas nuevas, por nuevas experiencias porque han perdido parte de la inquietud que tenían años atrás.

La mayoría de las personas que se quejan de esta circunstancia no tienen, desde mi punto de vista, motivo alguno para quejarse. Quienes sí podrían hacerlo, a menudo, no pierden el tiempo en lamentos banales aunque no les falte razón para ello. En conclusión, llegaríamos a la frase con la que he comenzado y es que realmente, debería ser así. No deberíamos sentir que pesen los años sino, al contrario, los daños que hemos sufrido en el camino. En el fondo, ¿no será éste el autentico lamento de quienes se quejan de tener tantos años? Porque, lo cierto es que, en nuestra trayectoria vital, nunca debería pesar el hecho de vivir un año tras otro, en la medida en que madurar y, adquirir una sabiduría vital, con la que todos nacemos pero que no desarrollamos de manera simultánea ni en el mismo grado, es consustancial al ser humano. Lo que sí debería pesar, de verdad, es el hecho de sentirnos más o menos maltratados por nuestros iguales. De este modo, muchos dejarían de lamentar el peso de los años y comprobarían que la experiencia adquirida bien vale muchos cumpleaños siempre que los "daños" sufridos no pesen lo suficiente para menguar nuestra alegría innata de vivir.

 

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