Paquita Cardona Roig - Pretérito imperfecto

 

Ultima Hora, 13 de junio de 2007

 

Es evidente que si miramos atrás en la historia, no sólo en la colectiva sino en la nuestra propia, encontraremos cosas mejorables. El "errare humanum est" lo tenemos muy asumido pero su opuesto, "rectificar es de sabios", parece que no tanto.

También es cierto que si en la vida hubiese segundas oportunidades, podemos suponer que no tropezaríamos donde ya lo hemos hecho antes. Sin embargo, a menudo no tenemos una segunda oportunidad y, por increible que parezca, cuando la tenemos no es infrecuente que volvamos a equivocarnos.

Podemos encontrar multitud de ejemplos. En este sentido, pensemos en la esclavitud, por decir algo. Actualmente nos parece una auténtica barbaridad. No obstante, a lo largo de la historia se han repetido episodios de este tipo, que eran perfectamente coherentes con los patrones culturales de la época. Hoy, existen otras clases de esclavitud, que podemos imponernos, incluso, nosotros mismos. Así, las orientales quieren tener rasgos próximos a los nuestros. Para ello se someten a operaciones de estiramiento de piernas, corrigen la forma de sus ojos... Podríamos pensar multitud de casos: las drogas son otro "buen" ejemplo de que somos humanos y no sabios.

Quienes sí somos partidarios de la "sabiocracia" a todos los niveles, tal vez no incurramos voluntariamente en ninguna de estas formas de "esclavitud" pero sí pueden otros, por ejemplo, someternos a diversos tipos de discriminación. Es éste un tema que también ha evolucionado a lo largo de la historia y que se mantiene de forma más o menos palpable con la variante del objeto de la discriminación, es decir, el sujeto discriminado. No voy a entrar a explicar quién discrimina ni a quién. Es de sobra conocido y no es necesario poner ejemplos. Simplemente, miremos a nuestro alrededor.

Lo que es realmente curioso de la discriminación es que discriminar a uno significa, a menudo, beneficiar a otro. En esto último se fijan quienes piensan en sí mismos como buenas personas cuando en realidad no lo son. Asumir, claro, que uno es imperfecto no es tan fácil. Aprender del pasado, tampoco. En fin, que continuaremos siendo todos humanos y sabios lo serán sólo los dioses.

 

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