Paquita Cardona Roig - El tiempo no se puede almacenar

 

Ultima Hora, 30 de mayo de 2007

 

¿Cuántas veces habremos escuchado a alguien quejarse de que no tiene tiempo para hacer A, B y C? o ¿cuántas veces hemos pensado nosotros que nos gustaría detener el tiempo para poder disfrutar más de la compañía de alguien o alargar nuestras vacaciones? o, al contrario, ¿hacer que el tiempo pasase el doble de rápido cuando tenemos por delante horas de aburrimiento y guardarlo para cuando disfrutásemos de actividades más placenteras?.

Lo que está claro es que nosotros decidimos, en más o en menos, qué hacer con nuestro tiempo pero no podemos dividirlo en compartimentos estanco para disfrutarlo cuando nos venga en gana sino que hay que hacerlo cuando tenemos ocasión.
En la medida en que no podemos convertir los días en 48 horas ni estirar a 120 segundos la duración de un minuto, es normal que nos quedemos, en ocasiones, con la sensación de que lo bueno es breve y las experiencias desagradables duran demasiado. En este último caso, quién no querría años de 24 horas cuando nos encontramos ante un "annus horribilis".

En último término, los responsables de qué hacemos con nuestro tiempo somos nosotros mismos; teniendo en consideración, claro, que vivimos en una sociedad con unas reglas a las que debemos sujetarnos y que impiden que sea una buena opción vivir como un eremita, que sería, por supuesto, la alternativa ideal para obtener, egoístamente, el máximo provecho al tiempo que dura nuestra vida. No obstante, el precio que habría que pagar por ello -la soledad- sería demasiado elevado para poder vivir de una manera mentalmente saludable. De aquí, que el mal menor sea la sociabilización lo que nos obliga, necesariamente, a sacrificar parte de nuestro tiempo en aras a compartir con los demás el suyo, sus experiencias... que también se convertirán en nuestras en la medida en que formaremos parte de ellas.

En definitiva, la conclusión lógica es que por mucho que nos gustase, en ocasiones, poder guardar parcelas de tiempo para recuperarlas más tarde, no podemos. Y ello nos obliga a hacer lo mejor con los momentos que nos reservamos para nosotros mismos, fuera del trabajo y de las rutinas con las que convivimos a diario. Es nuestra responsabilidad y sólo nuestra sacar el mayor partido a nuestra propia vida.

 

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