Pau Sarradell - Caminar

 

 

(Ultima Hora, FDS, 7 de novembre de 2003)

 

No me he enterado de nada de lo que ha pasado en el mundo en los últimos doce días. Nada de lo que ha pasado fuera del alcance de mi vista. Me he dedicado a caminar y poco más. O mucho más, según se mire. Y es que el camino de Santiago no es un viaje cualquiera. De albergue de peregrinos en albergue de peregrinos, la vida se hace monástica. Hoy he llegado a Burgos caminando. Desde Pamplona. Más de doscientos kilómetros. Que es mucho, pero muy poco, según se mire. Ayer por la noche, cenando, celebrábamos los mil y un kilómetros de una peregrina francesa, compañera de camino.

 


En estos días no he sabido nada de lo que pasaba en el mundo. Pero he visto un hospitalario lleno de buena voluntad pero con métodos militares. He visto un sacerdote que pedía plegarias por los trabajadores explotados y por los pueblos aborígenes desposeídos de sus tierras. Me he encontrado una peregrina que había comenzado a caminar en Alemania en el mes de junio. Y otra que había comenzado a caminar en Le Puy, y hacía dos etapas de las mías en una jornada. Y otra que también había comenzado a caminar en Le Puy, pero un mes antes. También una chica suiza que hablaba de los Vedas y un chico mexicano que hablaba de energías telúricas y de estados alterados de conciencia. Y de recuerdos calientes y fríos... He vist también dos chicos que pasaban rápido en bicicleta y me gritaron “¡buen camino!” y ya no los volví a ver. Y innumerables camioneros que pasando tocaban la bocina como saludo. He tenido que esperar a que pasase un rebaño de ovejas que llenaban la senda. Cuando pasaron todas el pastor se volvióhacia mí y me saludó con un correcto “buenas tardes”. He visto un peregrino buscando señales secretas en las piedras de las iglesias. Y he visto gente rezando en las mismas iglesias sin ver las señales esotéricas evidentes en las piedras.

 


No he visto la televisión ni he leído diarios. Sin embargo, una noticia me llegó fuerte y clara. Tenemos boda. El príncipe se casa. Con una joven que, según la mujer que me servía el café con leche del desayuno, es de segunda mano. Espero que sean muy felices y que nunca tengan que soportar la pesada tarea de reinar.

 

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