Pau Sarradell - Metro

 

(Ultima Hora, 14 de febrero de 2004)

 


No tengo nada que hacer al norte de Delhi. Pero es que han inaugurado la primera línea de metro. Y eso no me lo puedo perder. El centro de la ciudad está completamente desfigurado. Calles y avenidas levantadas.

 

 

La circulación habitualmente caótica, ahora lo es un poco más. Año de elecciones. Aquí como en todas partes. Volverá a ganar Vajpayee. Sonia Gandhi no tiene ninguna posibilidad. Por muchos años que haga que es india, para la mayoría de los indios es extranjera. El motorickshaw me deja en Kashmiri Gate, delante de una estación un poco demasiado grande para ser de metro. Grandilocuente y pesada.

 

 

A la entrada control de seguridad: policía y detectores de metales. El orgullo del gobierno puede ser objetivo terrorista.

 

 

Compro un billete de seis rupias, poco más de un céntimo de euro. Me da derecho a un trayecto de cuatro estaciones. No está mal. En la taquilla me han dado una ficha de plástico. Sólo con acercarla a la máquina se abre la puerta. Lectura magnética. Instrucciones: prohibido fumar, escupir, comer y beber y llevar equipajes voluminosos. Ningún problema. En el centro de la ciudad los trenes circularán por túneles subterráneos, pero esta línea es elevada. Mejor, metro con vistas. Subo al andén. No sé por qué extraña lógica la única escalera mecánica es de bajada. Debe ser razonamiento asiático, también lo he visto en el metro de Bangkok. Un cartel dice que faltan quince, catorce, trece, doce... segundos para que el tren llegue. El contador llega a cero y el tren tarda todavía unos veinte segundos más. Se acerca blanco, brillante y modernísimo. Le hago una foto.

 

 

Un señor sin uniforme pero con un "walkie-talkie" en la mano, me dice que la fotografía también está prohibida. Pido disculpas y guardo la cámara rápidamente. Subo al tren. Una voz da la bienvenida en hindi y en inglés. Muy suavemente comienza la marcha. Sobrevolamos la ciudad a una altura de cuatro pisos. Es como violar la intimidad de los terrados llenos de vida. El tren tan moderno y tan limpio, contrasta con las fachadas que no han recibido una mano de pintura desde hace años. Y con las calles sin asfaltar. Llego a mi estació. El único objetivo es comprar un billete de vuelta. Como pasa con frecuencia, el trayecto es más interesante que el destino.

 

 

 

Artículos de Pau Sarradell...

Movilidad - Artículos ajenos...

Transporte elevado...

Transporte subterráneo...