Pau Sarradell - Mejor un péndulo

 

Original catalán

 

(Ultima Hora, 30 de mayo de 2004)

 

“Ah, mira qué bien. Todo el mundo habla de este libro” –digo. Lo digo mientras me pasan un pesado volumen. Ochocientas páginas, calculo a ojo. Después resulta que no llega a las seiscientas: el paper es de lo más grueso. Y la letra no es muy pequeña. Todo el mundo habla de él, es cierto. Pero no todo el mundo habla bien. Se trata de El código da Vinci. Lo dejo sobre la mesa. Y allá se queda, tentador. Más tarde, claro, caigo. En la tentación de leerlo, quiero decir. Y no necesito muchas páginas para comenzar a dar la razón a los que no hablan bien. Habla de un dibujo de Leonardo que representa les proporciones del cuerpo humano. El ideal renacentista del hombre como medida de todas las cosas. Lo llama “el hombre de Vitrubio” y dice que se ha convertido en un icono de la cultura moderna que aparece en carteles, camisetas y alfombrillas de ratón en todo el mundo. No dice, en cambio, que lo llevamos con frecuencia en los bolsillos. Concretamente, en las monedas de un euro acuñadas en Italia. Quizá lo ha escrito antes de los euros, pienso. Antes lo hubiera pensado, antes me huboera topado con una referencia al euro. Y esto es un detalle, tal vez un olvido. Pocas páginas más adelante, una cita bíblica. El autor se conforma con una de las dos frases del versículo. La que le conviene. Como si no supiera que hay una biblia en cada casa. Después, los protagonistas se encuentran con uno de los enigmas que han de resolver para hallar el santo grial. Son cuatro versos escritos al revés. Es decir, como para ser leídos con la ayuda de un espejo. Me cuesta un poco leerlos, pero hago el esfuerzo por pereza de levantarme a buscar uno. En la novela, sin embargo, todo un catedrático de Harvard, un señor miembro de la academia británica de la historia y una eminente criptóloga, todos ellos conocedores de la obra de Leonardo, pasan horas elucubrando si se trata de una antigua lengua semítica y otras tonterías por el estilo. Doy por acabado el libro en la página 375. Ya veré la película –que seguro que la hacen- para enterarme del desenlace. Me levanto del sofá y voy a buscar El péndulo de Foucault de Umberto Eco. Si no lo ha leído usted, es muy recomendable. (No hay película). Y la conspiración universal le queda mucho mejor. ¡Nada de códigos da Vinci!

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