Pep Tur - Al sol que más calienta

 

 

(Ultima Hora, 5 de julio de 2005)

 

Es cierto, no es la primera vez que me refiero a este tema desde las páginas de este periódico, pero ante la falta de iniciativas de los responsables me veo en la obligación de insistir.

Les pondré en antecedentes: no tengo carnet de conducir, ni tan sólo de moto, y mis únicos medios de locomoción consisten en la buena voluntad de mi compañera, Sandra, que se desplaza ella en coche para desplazarme a mí, o los transportes públicos. Sobre el papel de Sandra en todo este tinglado no tengo ninguna queja, faltaría más, aunque sí la tengo acerca de la infraestructura pública.

La cuestión es sencilla. En verano tenemos tres elementos: una parada de autobús, el sol y el que suscribe (este último extrapolable a cualquiera que use este medio de transporte y en el caso del sol durante el invierno sería sustituible a modo de ejemplo por la lluvia). La suma de todos ellos lleva a un solo resultado: la lipotimia más salvaje que quepa imaginar, y todo por que a este orden de factores no se le quiere añadir uno más, conocido popularmente como toldo o marquesina.

Ya apunté en mi anterior escrito acerca del tema que no deja de ser paradójico que las paradas en el interior de las ciudades tengan cubierta y las que subsisten en los desolados páramos de las carreteras no. O sea, si esperas el autobús en Can Parentona (Sant Rafel por más señas) o te asas o te mojas sin ninguna posibilidad de evitarlo a no ser que portes siempre contigo (tanto en verano como en invierno) un paraguas.

Vivimos en un mundo dominado por los automovilistas sin que a los peatones o a los usuarios de transportes públicos se nos conceda casi ni el derecho a la pataleta. Las 2.000 o 6.000 o 10.000 o 14.500 personas que se manifestaron el pasado viernes contra las autopistas saben que lo tienen perdido, así que cómo puedo aspirar a cambiar algo desde esta humilde página. Cómo puedo siquiera proponer que se realice una pequeña inversión para mejorar la calidad de vida de quienes vivimos en paradas de autobús en verano (y en invierno).

Tal vez destinando los ingentes fondos económicos que proporcionará la Tarjeta Verde podríamos iniciar una primera fase de toldos, algo así como en una parada sí en la siguiente no, para, en un corto periodo de dos temporadas turísticas, tener toda la red de paradas perfectamente cubiertas. O más arriesgado aún, por qué no construir minipiscinas en cada una de ellas, con agua fría en verano y termales en invierno. Podemos pedir el diseño a un arquitecto de prestigio (lanzo nombres como Piano, Foster o Ando) con lo que nos garantizamos premios internacionales y turismo de calidad que vendría a las Pitiüses sólo para contemplar tamaño avance social.

Sé que durante este verano no queda más remedio que seguir dependiendo del paraguas y de la buena voluntad de Sandra, a quien nunca podré agradecer suficientemente su paciencia y empeño en que no me derrita en los arcenes pitiusos. Pero no desespero, porque ocurrirá, una mañana despertaré y descubriré que han eliminado el problema suprimiendo el transporte público.

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