Pilar Vega Pindado - Las mujeres: de peatonas a conductoras

 

Revista de Viandantes A pie. Boletín periódico sobre el peatón en la ciudad, Núm. 4 - Invierno 2003.

 

En las ciudades españolas los desplazamientos a pie representan entre una tercera parte y la mitad de la movilidad, pero son las mujeres las que realizan la mayor parte de estos viajes. La movilidad de las mujeres está condicionada por el papel que desempeñan socialmente, por su incorporación o no al mercado laboral, así como por su edad. Una gran mayoría realizan itinerarios complejos: en una misma salida tratan de resolver varias cosas, por lo que sus trayectorias marcan esquemas complicados; de la casa se va a la guardería, se hace la compra o se acompaña al abuelo a la consulta del médico; esta movilidad dibuja una tela de araña que tiene como punto de partida el hogar, y que se estructura fundamentalmente en desplazamientos peatonales.

Las mujeres que se desplazan andando cargan con bultos, trasladan la compra hasta los hogares, llevan las carteras de los niños; suelen acompañar a otras personas que por diversas razones dependen de ellas; es frecuente verlas empujando sillas de ruedas, carritos de la compra o de bebé. Acciones todas ellas que se convierten en verdaderas proezas por las dificultades derivadas de un absurdo diseño de los espacios urbanos, agravado por el indebido uso que los conductores hacen de la calle.

La contaminación atmosférica y el ruido que provoca el tráfico añaden aún más inconvenientes; las obras y las continuas zanjas hacen inservibles los itinerarios peatonales; todo hace de la ciudad un espacio que mantiene a sus habitantes atrincherados en las viviendas, al resguardo de las agresiones de la jungla del asfalto. Esta situación provoca que muchas familias abandonen las áreas centrales y se reubiquen en la periferia suburbial, lo que lógicamente, genera nuevos desplazamientos motorizados.

A todo esto hay que añadir la frecuencia con la que los itinerarios para peatones transcurren por espacios de desconfianza, compuestos por oscuros túneles subterráneos o inseguras pasarelas elevadas; caminos solitarios y desprotegidos que obligan a las mujeres a rediseñar sus mapas mentales en la utilización del espacio público a costa de absurdos rodeos y que las obligan a emplear mayores tiempos de viaje.

Este sinfín de conflictos cotidianos muestra cómo la ciudad no se adapta a las necesidades de las mujeres y como la nueva ciudad, que coloniza las periferias, tiene aún mayores incertidumbres para los peatones: rectas y amplias calles, sin árboles, sin tiendas, con muchas casas todas iguales, una urbanización que no logra ser ciudad; un espacio vedado al caminante, negado para el encuentro o la comunicación; son espacios conscientemente diseñados para el rápido paso de los automóviles, donde los más débiles no tienen cabida.

Ante este panorama, las pautas de movilidad de las mujeres han experimentado en los últimos veinte años un incremento generalizado de los desplazamientos motorizados frente a los modos más compatibles con la mejora de la calidad ambiental, como los peatonales.

Las dificultades que las mujeres padecen en la ciudad actual obligan a que muchas opten por soluciones motorizadas para sus desplazamientos habituales.

Entre 1981 y 1996 los viajes andando efectuados por las mujeres madrileñas son los que han registrado una mayor disminución, siendo sustituidos por los desplazamientos en transporte público y, sobre todo, por un incremento enorme en el uso del automóvil. A pesar de esta evolución, los viajes peatonales continúan siendo los mayoritarios entre las mujeres, alcanzando un 45%.

 

Evolución de la distribución modal de la movilidad en la CAM por género (1974 - 1996)

A pie
T. Público
T. Privado
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
1974
65
42,6
25,4
32,8
9,6
24,6
1981
67
45,8
25,4
32,6
7,3
20,9
1988
59,4
42,3
26
25,2
11,3
27,1
1996
45,09
31,89
34,23
28,78
20,48
39,33

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Consorcio Regional de Transporte, 1996

 

Lo que ocurre es que han aparecido nuevas pautas de comportamiento en la movilidad cotidiana: acciones como comprar, llevar los niños al colegio o ir a trabajar, siguen siendo realizadas por mujeres, pero ahora en modos motorizados.

Un indicador que también permite observar esta tendencia es el incremento del número de conductoras. En 1980 únicamente representaban el 6% de la población española, mientras que ahora suponen más del 17%. Desde 1997, cada año, la cifra de nuevas conductoras es superior a la de nuevos conductores. Este nuevo panorama refleja una realidad y unas tendencias futuras que, desgraciadamente, son negativas para la movilidad peatonal, y para la consecución de una ciudad más amigable ambientalmente.

 

Evolución de los conductores en España por género (1980-2000)

Hombres
Mujeres
Conductores
Total
%
Total
%
Total
%
1980
7.581.712
77,14
2.246.623
22,86
9.828.335

  26,08

1986
8.975.139
72,70
3.370.450
27,30
12.345.589
32,76
1990
9.969.898
69,49
4.377.241
30,51
14.347.139
38,07
1996
11.255.539
65,49
5.932.077
34,51
17.187.616
44,21
2000
11.944.220
63,10
6.986.043
36,90
18.930.263
47,32

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Anuario Estadístico, DGT.2000

 

Por otro lado, los avances en la incorporación de los principios feministas a la vida cotidiana han hecho ver a muchas mujeres su derecho a tener comportamientos similares a los de los hombres. En la elección del automóvil como modo de desplazamiento, la mujer conquista no sólo un símbolo cultural sino también el emblema del poder económico que representa socialmente, y que hasta hace pocas décadas era privativo de los varones.

En el futuro es necesario analizar si el automóvil, y el cada vez mayor uso que las mujeres hacen de esta forma de transporte, contribuirá a que la mujer reconquiste espacios y mejore su situación general, o si por el contrario, sólo servirá para copiar modelos masculinos que no coinciden realmente con sus verdaderas necesidades.

La falta de un análisis profundo de la movilidad femenina ha llevado en muchas ocasiones, a confundir las conquistas del progreso con las necesidades de las mujeres en su movilidad cotidiana. Habría que estudiar con detenimiento si la ciudad suburbial, basada en el alejamiento y en el uso del vehículo privado, permite a las mujeres ser más libres, o si por el contrario, las enclaustra en compartimentos estancos donde la socialización es cada vez más difícil.

La planificación urbanística de nuestras ciudades pone difícil las cosas a las mujeres; las distancias cada vez más alejadas obligan a invertir más tiempo en los desplazamientos; las tareas siguen siendo las mismas que hace medio siglo, con las mujeres volcadas en el cuidado y avituallamiento de la unidad familiar, pero ahora todo está más lejos y se emplea más tiempo para acercarse hasta los diferentes destinos.

Pero esta tendencia no significa que las cosas vayan a ser siempre así. Es necesario instaurar escenarios de reconversión y reequilibrio de la movilidad general hacia pautas de una movilidad social y ambientalmente sostenible que facilite la vida de las mujeres. Una ciudad habitable se consigue con la autonomía y singularidad de las personas. Para ello es necesario volver a caminar y tener menos prisa.

 

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