José Manuel Piña - Perdido en mi habitación

 

Eivissa, 3 de abril de 2007

 

Pero qué oportuna, qué bien expresada y cuán al pelo viene la estrofa de esta canción, "Lucha de gigantes", que Antonio Vega no cantó en sus actuaciones del domingo en Can Ventosa y que dice "En un mundo descomunal siento tu fragilidad". Ésta es exactamente la sensación que te produce conducir por esas nuevas carreteras de las que la consellera Stella Matutes suprimirá los pasos elevados para evitar su impacto visual. Lástima que no hubiese pensado en ese aspecto antes de dar su visto bueno a los túneles de Sant Jordi y Sant Rafel y al puente de Jesús, entre otros espantos estéticos, que, precisamente, te hacen sentir muy frágil y vulnerable ante tanta descomunalidad. Yo mismo, debo reconocer que me he perdido ya varias veces por esos vericuetos asfálticos y en lugar de aparecer en sa Blanca Dona, como era mi intención, he terminado más de tres veces detrás del hospital de Can Misses. Es como si un ingeniero bromista se hubiese dedicado a cambiar al buen tun tun los carteles indicadores para crear la confusión y desesperación de los conductores.

Es falso que todos los caminos lleven a Roma. Llevan a la parte posterior de Can Misses. Esa brutal reconversión viaria nos ha convertido a todos en extranjeros en nuestra propia tierra cuando te ves en la penosa obligación de pedirle a un simpático lugareño cómo se llega a Puig de'n Valls o por dónde se sale de Sant Antoni. Que esa es otra. Son tantas las calles de Portmany que están en obras que casi tienes que recurrir al "message in a bottle" para salir de ese otro laberinto urbano que, al final, acabas recorriendo a pie hasta llegar a tu punto de destino entre montañas de cascotes y socavones. El otro día a punto estuve de lanzar bengalas para que alguien viniese a rescatarme de una zona impracticable a todas luces, a no ser que conduzcas un tanque. Lo mismo ocurre en el barrio vilero de es Pratet, que raro es el invierno que no está en obras. Esta temporada, desde hace ya casi un año, toca edificio nuevo frente a Can Ventosa para cuya construcción es preciso cerrar el paso en tres calles. Por no hablar del arreglo de las aceras, que redujo el mes pasado a cero las posibilidades de aparcar a menos de quinientos metros de tu casa.

Gracias, pues, Stella Matutes, por esos pasos de peatones semaforizados que nos evitarán la espeluznante visión de esos puentes de Brooklyn de todo a cien que salpimentan el paisaje del primer cinturón de ronda ibicenco y el comienzo de la carretera de Sant Antoni, hoy plagada de rotondas en todas las estaciones y apeaderos. Al final, tanto esfuerzo, tanto desgaste gubernamental, tanta polémica, tanto susto, tanta fanfarronada y tanto antidustirbio para que los ibicencos y sus visitantes sigamos padeciendo los mismos problemas de antes: llegar a Vila por cualquiera de las tres vías de entrada - Ignasi Wallis, avenida de Santa Eulària y Can Sifre - sigue siendo de película. De película de Ingmar Bergman, que son las más lentas. La calidad es otra cosa.

 

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