José Manuel Piña - El precio real del peaje a la sombra

 

20 de mayo de 2006

 

No es que la clase política pitiusa se distinga especialmente por su cordura, aunque ésta es una virtud que escasea en la generalidad de la clase política globalmente considerada. Entre el que no vive si no monta una guerra nueva cuando la anterior que organizó pinta cada día con tintes más dramáticos, el que se muere por poner la zancadilla más criminal a cualquier avance en materia social, el que se construye una nueva vida a fuerza de subcontratas y obras públicas y el que se envanece hasta el punto de creerse el vicecónsul de Dios se podrían llenar tres o cuatro plantas de cualquier manicomio, institución que siempre se deja más usuarios potenciales fuera que dentro. La clase política pitiusa no se destaca por su sensatez, pero aun así tengo muy claro que a ninguno de sus representantes se le ocurrirá proponerme para ocupar un puesto de salida en una lista electoral para los próximos comicios municipales y autonómicos, de los que vienen oyéndose los clarines desde hace meses. Mi respuesta sería un rotundo e irrevocable no.

No porque me considere más cuerdo y sensato que cualquiera de esos turulatos de traje, corbata y portafolios que andan llenando titulares de periódico con sus chaladuras y cretineces, sino porque adivino que ningún gobernante insular podrá proponer, y mucho menos ejecutar, ninguno de los proyectos que traiga en la magín durante los próximos veinticinco años. Por lo menos. Ya puede ser brillante, resolutivo y bienintencionado el hombre o la mujer que se siente en 2007 en cualquiera de los máximos escaños autonómicos, que deberá limitarse a ver volar las moscas o a contar los bolígrafos de la institución porque desde tesorería recibirá invariablemente el mismo mensaje, «no cash», cada vez que se le ocurra convertir un proyecto en realidad. No cash para crear nuevos colegios y guarderías o ir arreglando los desperfectos que se vayan produciendo en los ya existentes. No cash para mejorar la sanidad pública y dotarla, un suponer, de los equipos necesarios para que los pacientes de Eivissa y Formentera que necesitan alguna sesión de radioterapia no tengan que desplazarse obligatoriamente a Palma. No cash para reforzar la seguridad de los ciudadanos en aquellos puntos de mayor conflictividad. No cash para descongelar el sueldo de los funcionarios de los departamentos peor tratados salarialmente. No cash para contratar más personal para los servicios del Govern y el Consell más congestionados. No cash para que los cinco municipios ibicencos sigan creando los equipamientos necesarios para convertir en urbanizables sus últimas zonas vírgenes.

Es el peaje a la sombra. Los gobernantes actuales no tienen el menor interés en ganar esa ya casi inminente convocatoria electoral. Ellos ya han cumplido con su deber. Es incluso probable que ni se presenten a la reelección y dejen el sillón y las arcas con telarañas a disposición de la competencia, para acusarla cuatro años después de no haber hecho nada ni creado nada nuevo. Es ya una vieja historia.

 

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