José Roig Marí - Cartas de un emigrante ibicenco en 1951

Transcritas por José Miguel Roig Tur - Pujol Negre

 

Marco Polo, 25 Abril de 1951

Sr. D. Antonio Roig
Ibiza - Baleares

 

Querido hermano,

Esta mañana al levantarnos me he encontrado navegando entre África y España, viendo el Peñón y el Estrecho de Gibraltar con sus poblaciones de la Línea y Algeciras y los montes del Marruecos Español, con el mar bastante calmado, pues la salida de Barcelona fue algo catastrófica debido a la marea reinante que perduró a lo largo de todo el litoral levantino. Hoy estamos en la costa Occidental del África, rumbo a Canarias con un mar bastante abonanzado; pues, ya me he aclimatado a la vida de abordo, y me hace el efecto que es un gran hotel flotante pasándome horas y horas sin ver el mar, además estoy anhelando llegar a dichas islas donde permaneceremos unas 8 horas en Las Palmas, según me ha informado un marinero, será lo suficiente para conocer algo de dichas islas, que jamás habría pensado en conocer, y de donde espero proveerme de un buen cigarro puro.

La vida de abordo no se hace nada pesada; al contrario, nunca habría creído poderla pasar tan bien, pues se come estupendamente y con abundancia sobrándome todos los días comida. A las 8 desayunamos, a la 1 comemos y a las 8 cenamos. El demás tiempo lo pasamos al salón del barco, fumando, charlando, jugando a las cartas, leyendo y escuchando música que lleva el barco. A todas horas vemos barcos en todas direcciones y de distintas nacionalidades que pasan junto a nosotros.

Los marineros son muy simpáticos; pero todos italianos y creo antes de mucho hablar ya el “macaroni”, aunque de momento no se me pega mucho, la mayor parte del pasaje son italianos, algunos griegos, y el resto españoles.

Por aquí ya me he hecho algunas amistades que me permiten pasar el tiempo la mar de bien.

Mi compañero Arabí sigue como siempre, algo despistado, pasándose las mañanas sin verlo, ya que ha alternado con una serie de mallorquines de su ramo, y que se dedican a sus diversiones particulares.

26-4-51.- Hoy me he levantado a las 7 horas de la mañana y subí a cubierta estando el mar en calma, navegábamos rumbo a Canarias, el sol picaba ya en cubierta y el horizonte permanecía despejado. Todos los viajeros contentos se iban despertando y esperando la hora del desayuno, que por exceso de viajeros tenemos que hacer turnos para poder llegar a él; los mareos han desaparecido por completo y todo el mundo es valiente en el Marco Polo, se oyen guitarras, acordeones, flamencos y toda suerte de distracciones que alegran al pasajero de esos días interminables de agua por todas partes; pues del estrecho a Canarias pondremos unas 48 horas de navegación, según el itinerario que llevamos.

A las 4 ½ nos han tocado la alarma en el barco, hemos subido todos a cubierta con el salvavidas puesto, parecíamos una cuadrilla de disfrazados, entre las risas, decires y comparaciones de tipos pasamos unos minutos, viniendo la desalarma que fuimos luego cada cual a su distracción particular. Pues, eso lo hacen durante el trayecto para el caso que fuera preciso.

Termino de cenar, haciendo una escapadita a mis amigos, para dar fin a esta, anhelando que llegue la mañana para poderme encontrar paseando por unas pocas horas por el puerto de Las Palmas, y hacer unas pequeñas provisiones de cigarrillos y otras chucherías para emprender el viaje a través del Océano, que perdurará 7 ó 8 días antes de llegar a Río.

Recibid muchos saludos y abrazos para todos Vds. y mis amigos que los recuerdo de todo corazón, sobre todo a Font, que mucho le gustaría hacer un viaje como el mío.

Sin más de particular me despido hasta Río de Janeiro donde os escribiré la próxima

José Roig Marí

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Marco Polo, 27 - 4 - 51

Sr. D. Antonio Roig
Ibiza - Baleares

 

Querido hermano,

Esta mañana a las 4 ½ subimos a cubierta viendo al horizonte el resplandor de una gran brecha de luces que se extendían a lo largo de una cordillera montañosa, era la capital de Gran Canaria “Las Palmas” a izquierda y derecha, como farolillos perdidos en medio del inmenso Océano se veían algunas luces de otros islotes de este archipiélago; que tantas cosas podría contarte a pesar del poco rato que he estado en él. Pues a las 6 todo el pasaje ya estaba en cubierta viendo la entrada de esta bella bahía que se halla guardada por un largo muro de miles de metros de longitud y que al mismo tiempo sirve de muelle a los trasatlánticos que por pocas horas se apean en él. En el fondo y en la izquierda se extiende la población, a lo largo de algunos kilómetros; pero de poca profundidad.

A las 7 ½ abandonamos el barco yo y otra compañera de viaje, llevábamos algunas cartas para echar al correo y un buen apetito por no haber tenido tiempo de hacerlo en el barco; ya que cuatro días hacía que no habíamos bajado a tierra . Lo primero que vimos fue vendedores de tabaco, plátanos y recuerdos de Canarias que se dirigían al puerto en busca de los barcos que como nosotros hacemos escala en él.

A pesar de su buena propaganda y buena calidad de la mercancía no les compramos nada, ya que nos habían aconsejado que eran algo abusivos en el precio; seguimos adelante y al primer guardia le pregunté por el edificio de Correos, dándome en breves palabras, las señas que le preguntaba, más adelante encontré un estanco donde entramos para comprar sellos. Tabaco mucho pero sellos ni uno; seguimos adelante y llegamos junto al edificio de correos, donde echamos las cartas, compré tabaco, haciendo provisión para el viaje, pues es muy bueno y a granel.

Después fuimos a un bar, donde tomamos un desayuno acompañado de unas pastas y compré una botella de coñac, como provisión del viaje o para regalo a mi llegada allá, los pocos minutos habíamos recorrido unas cuantas calles y estábamos enterados de todo cuanto encierra de bello y simpático esta solitaria capital, perdida en el Atlántico. Unas cuantas tonterías más compramos y camino del puerto ya nos encontramos, ya que a las 10 el barco salía otra vez para no tocar otro puerto español durante todo este viaje. Alrededor del barco parecía un mercado; pues allí se compraba y vendía toda clase de objetos, del más valioso al más ordinario, se cambiaba toda clase de moneda, liras, francos, pesos, cruceiros, etc. Es decir estaba todo muy animado. Unos se proveían de frutos, otros de sombreros para pasar el Ecuador; pues, aquí hace un calor bastante respetable y en el barco ya no se duerme muy bien tapado.

Otra distracción que nos llamó la atención fue que los pasajeros del Marco Polo echaban monedas al mar y unos chicos de 14 a 18 años se echaban de varias chalanas que teníamos a nuestro alrededor, al mar, y las sacaban de gran profundidad.

Es decir todo para mí es de gran encanto y belleza, excepto el calor que se hace bastante pesado, pero la vida del barco me cuadra muy bien; pues se pasan las horas sin darme cuenta que esté embarcado. Esta noche, según he visto en una pizarra tenemos cine en el barco. A las 2 ½ terminé de comer y salí a cubierta y la isla ya no la vi por ninguna parte, navegamos en pleno Océano rumbo a Río de Janeiro.

28 y 29 - 4 - 51 - Hoy dicen que es domingo, lo creo porque lo he visto en un almanaque de la oficina del comisario de nuestro barco. Dos días hace que hemos abandonado las islas Canarias, hallándonos ya cerca de las islas de Cabo Verde, donde no nos pararemos, ni quizás las veamos; ya que será anochecido cuando pasaremos junto a ellas.

A pesar de los días que llevo a bordo, la vida no se hace nada pesada ni aburrida , ya que hay abundancia de distracciones que organiza el pasaje, aparte de las que nos proporciona el barco. Ahora parece que estamos en la playa; pues la mayor parte vamos en pantalón corto, camiseta, y bañándonos a menudo. Estamos atravesando unos días de mucho calor que perdurará hasta Río de Janeiro, según las marineros del Marco Polo. Por la noche tenemos cine todos los días y hoy por ser domingo, hay baile.

En cuanto a la comida, se trata de cocina italiana, algo diferente de la española; pues es más que abundante, sobrándonos en todos ellos, y en caso necesario se puede repetir cuantas veces sea necesario. Yo como en una mesa de 8 personas, dándonos 4 litros de vino para cada comida, dos platos, fruta y café y pan todo el que se quiera, pues creo habré engordado al fin del viaje. Sobre el mareo te diré que de momento no lo he conocido en absoluto, lo mismo que mis compañeros de comedor. Además he conocido una joven gallega, que viaja sola, come conmigo y nos hemos hecho la mar de amigos; hasta tal extremo que es mi mejor placer del viaje, me acompaña desde Mallorca, nos hablamos en Barcelona y vamos juntos hasta Buenos Aires. Luego se dirige a Rosario de Santa Fe, donde tiene un tío que es médico en aquella población.

30 - 4 - 51 - Hemos pasado las islas Cabo Verde, sin verlas; pues hemos pasado muchas millas lejos de ellas, hallándonos ahora entre éstas y las de San Pablo, es decir en medio del inmenso Océano. Menos mal que el tiempo es excelente, haciendo un calor espantoso en esas latitudes; hasta el extremo que únicamente se ven desnudos en el barco, pareciendo que estamos veraneando en las playas de San Antonio. Han instalado duchas y baños en distintos puntos del barco, incluso en cubierta, donde el pasaje se presenta allí en bañador y se ducha y pasea todo el santo día al sol.

Ayer hablé al jefe de comedor y me dijo que éramos 954 pasajeros a bordo, de los cuales 150 se quedaban en Río de Janeiro y Santos y el resto con destino a Buenos Aires. Aquí se oye a hablar toda clase de idiomas; pues incluso llevamos entre nosotros algunos moros; que a todos momentos nos dan la lata con sus tradicionales llantos.

Ayer pasó a gran distancia de nosotros un barco, que creo que era algún correo que se dirigía a Europa; pues ya hacía muchos días que no habíamos visto ninguno.

También cruzan a nuestro alrededor gran cantidad de peces voladores, que a veces nos tomamos por gusto de contarlos, hasta estar cansados de hacerlo.

Hoy nos han tomado la filiación y entregado unos tickets para pegar a nuestras maletas y recogerlas en la Aduana de Buenos Aires; puesto que desde Montevideo empiezan a revisar el equipaje y a la llegada de Bs. As. ya se cuidan de bajar todo el equipaje, a fin de que el pasajero no tenga ningún trabajo.

1 y 2 - 5 - 51.- Hoy a las 6 ¼ hemos pasado junto a las islas de San Pablo, islas de pequeña superficie o mejor dicho, tres peñascos de roca con un faro en su cúspide sin habitante alguno, excepto muchas gaviotas volando sobre ella.

A las 11 horas hemos pasado la línea del Ecuador navegando entre esta isla y la de San Fernando de Noronha (también de poca importancia); pues son los primeros peñascos de tierra Americana.

La vida de a bordo se desarrolla sin novedad, hoy teníamos el barco engalanado con luces de colores para celebrar la fiesta Ecuatorial; pero el temporal ha imposibilitado hacerlo, pues las señoritas han preferido mas permanecer en el camarote que asistir al baile, que por tal motivo estaba anunciado para esta noche, quedando aplazado para otro día que las circunstancias lo permitan. Yo de momento no he sufrido ningún día de mareo ni de no asistir a las tres comidas del barco. Pero, por el exceso de calor reinante en estas latitudes me he aligerado de ropas y he cogido un ligero catarro con escozor en el cuello.

Ayer entregué a mi compañera de viaje mi ropa sucia y arrugada para que me la lavara y planchara lo cual me ha hecho con gran esmero, pues a la llegada a Río de Janeiro, tenemos que ir un poco decentes, que será el Domingo a las 4 de la tarde.

A decir verdad, la vida a bordo, hay ratos que se hace un poco pesada, debido a tantos días, pero nada aburrida para aquel que no se marea y quiere aprovechar los planes que se presentan aquí, ya que aquí, estamos gente de todos los gremios y profesiones y se habla de todo, pareciendo una pequeña peña de buenos amigos de ambos sexos.

3 - 5 - 51.- Navegamos a pocas millas de Natal (frente a la costa brasileña), de todas formas aún no la hemos visto; pero según el itinerario seguido en un mapa en el cual van indicando día por día el punto donde se llega se puede observar dónde nos encontramos.

Hoy pasado el santo, hemos celebrado la fiesta del Dios Júpiter, que se ha desarrollado de la forma siguiente:

Ayer tuvimos una excelente cena a base de tres platos, pollo, vino blanco, fruta, café, y helado; pero con tan mala pata que hoy nos hemos levantado todos con diarrea, llegando a haber de 10 a 15 haciendo cola ante el water. Por la noche se celebró un animado baile en honor a Júpiter, el Dios de estas latitudes y hoy ha aparecido a bordo acompañado de dos bellas damas de su corte, con elegantes vestidos, repartiendo títulos a todos los que iban a rendirle sus honores. Una de las damas ofrecía una cucharada de sal al visitante, que permanecía arrodillado ante él y la otra dama enmascaraba la cara al visitante mientras que el Rey aprovechaba dichas ceremonias para echar un cubo de agua a la cabeza de su súbdito. Siendo el estruendo y risa de la mayor parte del pasaje del Marco Polo.

Tenemos el tiempo algo calmado, aunque seguimos dando saltos y las señoritas siguen de vez en cuando descambiando la peseta, pero de todas formas somos más que marineros y sabemos aguantar las peripecias del viaje, que aunque bueno, se hace ya un tanto pesado, menos mal que ya estamos junto a la costa y antes de mucho llegamos a destino. Aquí nos cansamos de pasear, jugar a las cartas, leer , escribir, hacer conquistas, etc. Pues aquí todo esto está a nuestro alcance, sobre todo del que es un poco caradura y atrevido.

4 y 5 - 5 - 51.- Sin novedad alguna continuamos avanzando junto al litoral brasileño, en estos dos días hemos encontrado unos 5 barcos rumbo contrario al nuestro, todos ellos correos y petroleros. De momento no hemos visto la costa pero mañana llegaremos al Puerto de Río de Janeiro, donde permaneceremos unas cuantas horas; lo suficiente para echar la correspondencia y permanecer a tierra algunas pocas horas; pues ya es nuestro anhelo.

En estos dos últimos días hemos tenido una protesta de los españoles, sobre todo catalanes, respecto a la cocina italiana, pues ya estamos más que hartos de comer macarrones y más macarrones (sopa achuta) según ellos; no es que no sea buena, pero tantas veces de probar el mismo plato llega a cansar y es lo que ha sucedido entre un pequeño grupo de catalanes. Que a decir verdad, no se han salido por completo con la suya, aunque en algo ha habido un poco de variación.

Navegamos a diferentes latitudes, que estos últimos días, encontrando ya temperaturas diferentes, y atravesando zonas de lluvias, que ha refrescado bastante el fuerte calor que hemos sufrido en estos ultimos días.

Esta noche pasada subí a cubierta y empecé a ver unas luces que surcaban las aguas en nuestro alrededor, como si fueran faros, pues se trata de unos peces que viven en estas latitudes, que debido a su gran cantidad de fósforo, desprenden una luminosidad bastante visible y característica para el que la ve por vez primera.

Anoche tuvimos baile hasta la una de la noche, yo no pude ir porque me hallaba un poco acatarrado y con dolor de cabeza y tuve que acostarme deseguida de cenar.

6 y 7 - 5 - 51.- Después de muchas horas de navegación se nos ha aparecido ante nosotros la silueta de algunos faros del Puerto de Río de Janeiro. A medida que nos acercamos se ven las primeras luces de la capital que se extienden a lo largo de muchos km. de longitud dando una sensación sumamente extraordinaria, pues lo primero que vemos es “El Pan de Azúcar” que es un peñasco de muchos metros de altura que está a la entrada del Puerto y a su cima hay un faro y un restaurante, su ascensión se hace mediante un funicular, que va de su cima a la de otra montaña, bastante distantes una de otra.

En el fondo de la capital hay otra montaña de gran elevación que en su cima hay un crucifijo con los brazos tendidos; por la noche aparece iluminado y como el monte no se ve, da la sensación de que desciende de los cielos.

Íbamos avanzando poco a poco, barcos a todos lados anclados, aviones cruzando los espacios, etc., daba una impresión algo asombrosa para el primer vistazo que se da a un punto de tal magnitud, pues tiene muchos Km. de longitud. Por fin quedamos parados en medio del Puerto empezando a venir canoas y más canoas; policía, aduana, sanidad, práctico, etc. Allí empezaron a revisar los documentos de todos los que se quedaban en Río. Por fin hubieron terminado la tarea y el barco se fue acercando al puerto y el personal que se quedaba bajó.

Nosotros no pudimos bajar hasta hoy, desde las 9 a 4 de la tarde. Pues yo y otros amigos hemos aprovechado bien las horas y hemos visitado muchas calles y barrios de la capital.

Es modernísima y bella, las calles rectas, limpias y no muy anchas; mucho arbolado en las calles de tal forma que parece un verdadero parque, excelentes comercios y tiendas de todas clases. Patios, jardines, de tal forma que es lo más bonito que he visto hasta ahora en capital alguna.

El movimiento de las calles es tan extraordinario que las vemos abarrotadas a todas horas y los coches son tan abundantes y modernos (sin exagerar) no había visto tantos en mi vida; pues creo que hay más en Río que en España entera; lo que hace suponer que no hay familia sin coche, su precio es de unos 60.000 cruceiros los más modernos, pudiéndoles pagar a plazos; y los de segunda mano se pueden adquirir por unos 20.000.

La vida está bien proporcionada con el sueldo del obrero, pues un obrero término medio gana unos 3.000 cruceiros al mes y gasta unos 40 diarios para comer a base de bien.

Aquí, según he podido observar, escasean los obreros; pues han venido patronos al barco pidiendo obreros para trabajar, llevándose algunos mallorquines.

La población de aquí está muy mezclada; pues hay muchos negros entre los blancos, que son los que predominan, los negros se dedican a chóferes y trabajos de limpieza y del puerto.

Los hombres en general son arrogantes y bien plantados, mientras que las mujeres no he visto ninguna bonita, delgadas, negras y poco coquetonas.

Aquí he comprado uva y plátanos para continuar el viaje para Santos y a las 4 ½ de la tarde dejábamos la bonita ciudad de Río que tan bonitas impresiones me ha dado, y que deseo en otra época visitar más detenidamente.

De ésta no pude abandonarla sin echarte una carta, que espero pronto acompañar otras.

8 - 5 - 51.- Los gritos de mis vecinos de camarote ¡Santos! ¡estamos en Santos! me han despertado de mi sueño matinal, me he levantado, lavado, como de costumbre, pero no afeitado porque me daba pereza y es necesario formar cola muchas veces en los lavabos a estas horas. Una vez aseado y vestido subí a cubierta y en efectivo, navegábamos en una ría con tierra a cada lado de nosotros y un paisaje muy bonito, pues es muy verde y lozano, hasta tal extremo que las mismas montañas parece que se siegan y los plátanos se hacen en ellas. Es lo que llama más la atención al viajante que por vez primera la ve.- Fuimos avanzando poco a poco girando a un lado y otro hasta encontrarnos juntos a una de las orillas de la ría en que había un gran número de barcos anclados, algunos de ellos de gran tonelaje.- El sol se había elevado sobre la colina de uno de estos montículos; pues, es muy montañosa esta región y daba la sensación de un verdadero parque, pues repito, el paisaje es lo más bonito que tiene Santos.

Una vez anclados y bajado el pasaje que se queda aquí , se nos entregó el volante correspondiente y nos bajamos a tierra en busca de la población, ya que del Puerto no se ve nada de ella.

Enfiltrados ya en sus calles y en busca de alguna casa de cambio, para poder cambiar algunas monedas, observé que no tiene nada de extraordinario, al contrario, sus calles son sucias, los edificios pobres, de un solo piso y la gente aparenta la mayor parte obreros del punto; los comercios son pequeños y nada lujosos.

En resumen, Santos no tiene nada de extraordinario para aquel que unas horas antes estaba en la bella capital de Río de Janeiro, y del Brasil.

A las 4 salimos rumbo a Montevideo.

 

11 - 5 - 51.- Hoy a primeras horas de la mañana hemos llegado a la ciudad de Montevideo (capital de la república del Uruguay). Después de bajados siete pasajeros nos hemos apeado nosotros del barco, aunque únicamente para dos horas, ya que a las 10 salíamos otra vez, remontando el Río de la Plata rumbo a Buenos Aires.

Montevideo, bajo mi punto de vista, es una ciudad de tipo español, diferente de las otras visitadas, aquí se habla el español, digo el cristiano, ya que en los demás es una mezcla que poco se entiende cuando hablan un poco deprisa. Aquí en un breve tiempo he visitado a 3 ibicencos que me habían dado su dirección lo cual he hecho con bastante rapidez, pero aparte de ello me llevo un buen recuerdo de esta simpática tierra; pues aquí se vive excelentemente bien y sin preocupaciones de la vida, ya que un obrero se gana al día 10 pesos uruguayos y con dos tienes lo suficiente para poder comer en pensión. Dicho sueldo vienen a ser 275 pts. diarias en moneda española.

En cuanto a la capital es muy bonita, los edificios no son rascacielos como en Río, las calles bastante limpias y no hay el tráfico de coches que en las demás visitadas. Pero todo su conjunto hace que sea más atractiva, y sus habitantes muy simpáticos para el extranjero que llega allí.

La entrada a dicho país es muy difícil, según me han informado los nativos de allí, lo cual hace que se viva tan bien; pues es una nación sumamente pequeña y no se pueden tener abierta la inmigración ante tales circunstancias.

A las 10 salimos de Montevideo remontando el Río de la Plata, dirección Buenos Aires.

 

América...

José Miguel Roig Tur, Pujol Negre...

Todos vamos en el mismo barco...