Rafael Aguirre Grijalvo  -  Mañana de desaciertos - 1

 

– ¡Qué buena pinta tienen esas pijotas! ¿Son de Sanlúcar? – inquiero a una oronda pescadera de generosas formas.

– ¡Y recién traídas de la lonja!, están saltando; con decirle que hemos tenido que ponerles hielo encima para que no se salgan de la caja – contesta la voluminosa, mientras observo desconfiadamente sus peces, encontrándolos a todos la mar de quietecitos.

– Es que tengo un compromiso – miento, tratando de arrancarle a la gorda una confesión acerca del estado real de las pijotas.

– En fin, voy a dar una vuelta a ver... – reflexiono en voz alta abandonando el puesto al no estar del todo convencido de la calidad del producto.

– ¡Pijotas vivas! ¡Pijotas vivas! – vocea un larguirucho bigotudo desde su puesto situado unos metros más allá.

– ¿Son frescas? – pregunto estúpidamente, a sabiendas de que si no lo son tampoco me lo va a decir.

– Están saltando; con decirle que hemos tenido que ponerles hielo encima para que...

– El caso es que... – dudo, pues me parecían mejores las otras. – A ver, enséñeme una – sugiero al pescadero, mostrándome éste de mala gana la que debe de ser la más agraciada del lote.

– Está bien, póngame un kilo – decido la compra, más que por estar convencido de la calidad del género, porque una clienta que aguarda impacientemente turno detrás de mí me está manchando los bajos del pantalón con las ruedas de su dichoso carrito...

Tras pagar miro de reojo al fondo de la bolsa, observando total tranquilidad en la misma, al tiempo que olfateo un intenso olor a tripa añeja.

Me dirijo hacia la zona de la fruta cuando al pasar frente a la pescadería de la exuberante vendedora experimento una fuerte sensación de ridículo al descubrir a aquélla fuera del puesto corriendo detrás de tres pijotas...

 

Rafael Aguirre Grijalvo...

Grijalvo, Grijalva, Grijalba, Grijalbo...