Rafael Fernández Aldana  -  El tradicional abandono del ferrocarril en La Rioja

 

La Rioja,  4 de noviembre de 2007

 

Un año más se anuncian las grandes inversiones del Estado en La Rioja, y un año más se comprueba el tradicional abandono que el ferrocarril sufre en nuestra comunidad autónoma. Si se dejan de lado las inversiones relativas al macroproyecto de soterramiento de la vía férrea a su paso por Logroño, actuación fundamentalmente ligada a resolver el efecto barrera que produce en el desarrollo urbanístico de la capital, tan sólo aparecen pequeñas partidas destinadas a la realización de estudios y más estudios, estudios sobre la alta velocidad, estudios sobre el corredor ferroviario del Ebro y etcétera.

Hace ya muchos años que esta región se movilizó a través de una Plataforma, apoyada por la mayoría de las fuerzas sociales, en defensa del ferrocarril bajo el lema «La Rioja exige su tren de vida» y con el fin de luchar contra la marginación del tramo riojano en los grandes planes estatales de infraestructuras ferroviarias, en detrimento de otros corredores cercanos. Mucho ha llovido desde entonces, y aunque parece ser que, formalmente, volvemos a no quedar marginados en el mapa final del ferrocarril estatal, la realidad es que poco o nada se ha avanzado en su modernización, salvo actuaciones puntuales como el túnel de El Cortijo o la estación de mercancías de El Sequero, es decir, continuamos con el mismo trazado decimonónico que en épocas pasadas sirvió para impulsar la economía riojana.

Es evidente que las propuestas de los gobiernos estatales y regionales parecen ir por otros derroteros y, no contentos con tener un corredor del Valle del Ebro surcado por una autopista de gran capacidad y una carretera nacional paralela, se plantean la posibilidad de duplicar la carretera N-232 y fomentar aún más el insostenible transporte por carretera. Lo cual resulta aberrante si tenemos en cuenta la destrucción innecesaria de territorio, de recursos naturales o de paisaje para acabar realizando el mismo recorrido y mediante un sistema de transporte totalmente dependiente de recursos energéticos no renovables como el petróleo y causante de un porcentaje importante de la emisión de gases con efecto invernadero, cercano al 35% del total.

Al mismo tiempo, se fomentan otras formas de transporte de dudosa viabilidad como el transporte aéreo mediante el Aeropuerto de Agoncillo, e igualmente dependiente de energías no renovables y contaminantes y cuya aportación a la resolución de los problemas de comunicación de La Rioja con el resto del país resulta claramente minoritaria.

De este modo, frente a un medio de transporte mucho más ecológico se apuesta por más coches y más contaminación cuando una auténtica modernización del eje Miranda de Ebro - Logroño - Zaragoza haría innecesarias mayores inversiones en carreteras, máxime con la existencia de una vía de gran capacidad como la autopista AP-68, y permitiría el enlace de La Rioja con los ejes ferroviarios de norte a sur (Madrid - Castilla - País Vasco - Francia) y de este a oeste (Galicia - Castilla - La Rioja - Aragón - Cataluña - Francia).

Además, en este papel del ferrocarril como medio de comunicación de La Rioja con el resto del país se olvida siempre que el trazado ferroviario permite la unión de Logroño con tres cabeceras de comarca, Calahorra, Haro y Alfaro, junto a otras localidades de menor entidad, como Rincón de Soto, Briones, Cenicero, Fuenmayor, Agoncillo, Arrúbal o Alcanadre, que alcanzan una población cercana a los 55.000 habitantes, pudiendo convertirse en un auténtico servicio de cercanías. Es decir, una modernización del trazado, junto con la mejora del servicio, permitiría unir a más de un tercio de la población riojana no residente en la capital con la ciudad de Logroño y con una duración del trayecto viable para trayectos de carácter diario, teniendo en cuenta que Haro se encuentra a 44 kilómetros de Logroño, Calahorra a 49 y Alfaro a 71.

La experiencia demuestra cómo por desgracia el ferrocarril, al margen de la continua elaboración de estudios de viabilidad y de alternativas, sigue siendo el gran ausente en los debates sobre la planificación de las infraestructuras de transporte en La Rioja, cuando por el contrario podría asumir una parte importante del transporte de personas y mercancías hacia destinos nacionales e internacionales, y comenzar a representar un papel importante en los desplazamientos internos regionales de La Rioja Alta y la Rioja Baja con la capital.

Quizás la amenaza mundial del cambio climático y las políticas europeas para reducir los gases efecto invernadero empujen algún día a los poderes públicos de este país a tomarse en serio la modernización del ferrocarril en La Rioja, que languidece desde hace décadas ante el empuje de autopistas y autovías paralelas. O quizás sea necesario movilizar de nuevo a las fuerzas sociales para reclamar un transporte de futuro y ecológico, vital para el desarrollo económico de la región.

 

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