Rafael Poch - Gastándoselo en armas

 

La Vanguardia, 5 de marzo de 2008

 

En Asia Nororiental está en marcha una carrera armamentista auspiciada por Estados Unidos, que quiere compensar con potencia de fuego la pérdida de peso específico que supone la emergencia de China

 

China se gastará este año 57.200 millones de dólares en defensa. Esta es la cantidad que la Asamblea Nacional Popular de China (ANP) aprobará en su sesión anual que se ha abierto hoy en Pekín, con más de una semana de trabajo por delante. A falta de titulares más brillantes sobre la ANP, esta noticia del gasto militar chino se ha abierto paso en los medios de comunicación globales, como ocurriera el año pasado. La razón es que es una noticia que abona la fantasmagórica tesis de la "amenaza china", potenciada por los guerra-adictos de Washington, amos de la información global y siempre necesitados de enemigos, reales o imaginarios, para vender sus quimeras, la última de ellas la "guerra contra el terrorismo".

Para una realista visión del asunto a cargo de Noam Chomsky, en lengua inglesa:

http://www.japanfocus.org/products/details/2675

En cualquier caso, el presupuesto militar chino de 57.200 millones para el 2008, representa un 17,6% más que el año pasado, que registró un incremento similar. Estados Unidos afirma que China no declara todo lo que gasta en realidad en defensa (la cifra real doblaría la declarada), lo que es completamente cierto, porque todas las potencias con pretensiones militares disimulan, de una u otra forma, sus gastos reales. En Estados Unidos, por ejemplo, el presupuesto militar (Departamento de Defensa) fue en 2007 de 439.000 millones de dólares. Para el año que viene será superior a los 600.000 millones, el mayor de la historia. Pero esos números se refieren exclusivamente a gastos en armas y salarios del Departamento de Defensa. No incluyen el coste de las operaciones militares en Iraq y Afganistán (120.000 millones de dólares en 2006), ni el presupuesto para armas nucleares (16.400 millones de dólares en 2006), ni las construcciones militares (12.200 millones en el mismo año), ni los gastos hospitalarios, de pensiones e invalidez de veteranos, estimados en otros 100.000 millones. Eso significa que a las cifras del 'Presupuesto de Defensa' oficial hay que sumarles (en cifras de 2006) aun 248.600 millones de dólares más, lo que convierte los 600.000 millones solicitados este año en cerca de 900.000 millones.

Otra acusación a los chinos es la de "falta de transparencia". También es verdad, pero, de nuevo, en materia de transparencia el 40% del presupuesto militar (Departamento de Defensa) de EE.UU. es secreto, al igual que los presupuestos de agencias como la NSA y la CIA, lo que impide que el Congreso los fiscalice.

En pocas democracias del mundo es tan imposible que un líder político o una cámara de representantes recorte drásticamente gastos militares como en Estados Unidos. En el actual circo electoral que se vive allá, lo único claro es que ningún candidato demócrata ha dicho nada de reducir tropas o gastos militares. Que eso sea políticamente impensable e inviable dice mucho sobre las fuerzas que gobiernan aquel país.

Esa es la consecuencia de ser una potencia imperialista (es decir, con tendencias dictatoriales y enormes violaciones de derechos humanos hacia fuera), que siempre ha estado en guerra desde 1941, con 201 intervenciones y operaciones militares desde 1945 hasta 2001, que mantiene tropas en 93 países del mundo, e importantes bases militares en muchos de ellos.

Una de las cosas que se conoce poco de esa presencia es que, salvo algunas excepciones, los países que tienen en su territorio bases militares de Estados Unidos pagan por ello. Japón es el que más: paga 4.400 millones de dólares anuales por soportarlas. En un cómputo per cápita, los países del Golfo Pérsico son los que pagan más; Bahrein 53 millones de dólares, Kuwait 253 millones, Qatar 81 millones, y los Emiratos Árabes Unidos, 217 millones (cifras de 2002). Según cifras americanas del mismo año, Alemania paga 1.600 millones de dólares por sus bases, incluida la de Ramstein, donde hay ojivas nucleares. Turquía 116 millones, y Corea del Sur 842 millones. Respecto a España: paga 127 millones. Casi tres dólares por español, adulto, anciano o niño. Es una vergüenza tener bases militares extranjeras, más aun de una potencia imperialista, en el territorio de uno, aun más lo es pagar por ellas. Una vergüenza que nadie recuerda estos días de campaña electoral en España, porque desde el punto de vista de la "realpolitik" sería contraproducente. La España hidalga ya no existe en nuestra política, cada vez más agringada. Nuestro nexo con el elector de Estados Unidos viene por ahí: los dos vivimos en democracias limitadas; ellos no pueden plantearse el tabú imperialista, nosotros no podemos hablar del tabú de las bases.

Nada de eso es comparable con China, cuyo régimen es una dictadura… pero sin proyección imperial hacia fuera, seguramente un aspecto más relevante que la existencia o no de democracia en lo que respecta a las conclusiones que pueden extraerse de lo que un país se gasta en armas.

Desde la creación de su actual régimen, en 1949, China sólo ha conocido dos intervenciones militares en el extranjero, Corea en los cincuenta y Vietnam en 1979, las dos junto a sus fronteras y con sólo la de Vietnam con carácter agresivo. China no mantiene tropas fuera de sus fronteras, y por influyente que sea administrativamente el Ejército de Liberación Popular, está completamente sometido al poder civil del Partido Comunista. En los últimos cinco años el ejército chino ha disminuido su tamaño en efectivos en 200.000. Respecto a su arsenal nuclear, las fuentes más fiables afirman que se mantiene al mismo nivel –tanto técnico como de tamaño- que en la década de los ochenta. Pero todo esto no quiere decir que el actual incremento del gasto militar chino sea irrelevante.

Donde ese incremento se convierte en verdaderamente significativo es en una observación regional. Los seis países de Asia nororiental implicados en las conversaciones sobre la crisis nuclear norcoreana mantienen, todos ellos, importantes incrementos del gasto militar. Eso hace decir a algunos observadores que en Asia nororiental está teniendo lugar una "escalada armamentística oculta".

Japón, que tiene un ejército mayor que el de Inglaterra, ya dispone de la mejor armada y aviación militar del mundo, sólo por detrás en calidad de Estados Unidos. Su 'Agencia de Defensa', ascendida a ministerio el año pasado, espera recibir su primer portaviones ligero el año que viene y desea adquirir submarinos nucleares y bombarderos invisibles F-22. Desde el año pasado, Japón tiene en su territorio baterías 'Patriot' del llamado 'Escudo antimisiles' de Estados Unidos. Si uno circula estos días por las carreteras de Okinawa, la más meridional de las islas de Japón, ya puede ver esas baterías.

En Corea del Sur, los dos presidentes pacifistas de los diez últimos años, Kim Dae Jung (Premio Nóbel de la Paz) y Roh Moo Hyun, incrementaron un 70% el gasto militar entre 1999 y 2006, mimando a sus militares, en parte para compensar sus proyectos de liberarse de la tutela militar americana. Corea del Sur dispone de un destructor 'Aegis' (solo seis países del mundo disponen de ellos), quiere dotarse de otros tres antes de 2020, y hasta entonces espera incrementar anualmente en un 10% sus gastos militares.

Entre 2000 y 2006, Rusia casi ha multiplicado por cuatro los presupuestos de sus antes decrépitas fuerzas armadas. El incremento presupuestario del 2007 fue del 29% y para el 2015, Moscú quiere haber renovado casi la mitad de su arsenal.

El reiterado aumento del 17% anual en el presupuesto militar chino está enfocado, entre otras cosas, a la adquisición de cinco nuevos submarinos nucleares, un portaeronaves mediano, y al proyecto (oficioso) de desarrollar un portaviones grande, de 100.000 toneladas y propulsión atómica, para el año 2020.

Respecto a Estados Unidos, parte de su enorme gasto militar, ampliamente superior a todos los citados, sumados, se dedica al fortalecimiento de su presencia guerrera en el Pacífico. La influencia económica y política de China en el espacio de la ASEAN va en ascenso. Washington intenta compensarla mediante un incremento de la potencia de fuego, que arrastra a los demás. La "escalada armamentística oculta" es el resultado. Este es el contexto general en el que debe contemplarse el particular caso de Corea del Norte, el último del sexteto.

El régimen de Pyongyang es el que mayores esfuerzos militares hace. Gasta una cuarta parte de su presupuesto en defensa. Sin embargo, en términos absolutos ese gasto es una minucia: Corea del Sur gasta en defensa más que todo el PNB norcoreano. Corea del Norte es el único país de la región incapaz de mantener el actual ritmo de modernización militar, así que su recurso ha sido hacerse con la bomba atómica, que detonó en octubre de 2006. Según John Feffer, autor de muchos de estos datos, "la crisis nuclear, que tanta atención diplomática ha merecido en Asia nororiental, es, en gran parte, resultado de la carrera armamentística convencional que se libra en la región y de la imposibilidad de Corea del Norte de mantener el ritmo". El incremento presupuestario chino debe examinarse en este contexto.

rapofe@hotmail.com

 

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