Rafael Torres - Entrevista con Agustín García Calvo - "El Dinero es la última Epifanía del Señor"

 

4 de enero de 1997

 

El ilustre profesor, ensayista, agitador y poeta se ha quedado ácrata para siempre. Regresó a España hace veinte años de su destierro en París, en cuyo café de La Boule d'Or predicó ante partidarios y curiosos un magnético concepto del anarquismo. Renuente a dejarse entrevistar, renuente a casi todo, continúa escribiendo, empero, sobre lo divino ("De Dios") y lo humano ("Contra el Hombre"). Fiel a su estilo, hoy defiende la penúltima causa romántica: el Ferrocarril.

Pregunta.- Como ácrata empedernido, ¿qué me dice del anarquismo de la derecha española, desmanteladora del Estado?

Respuesta.- Exageras. A todos los partidos les gusta el Estado, y, además, todos son iguales en este Régimen que padecemos, donde el único partido de verdad es, finalmente, el del Dinero.

P.- Sólo usted sobrevive de aquel trío de réprobos: Tierno y Aranguren ya no están. ¿Una parte de su soledad se corresponde con esa supervivencia en solitario?

R.- Nuestra unión fue sólo ocasional, efecto de la revuelta de los estudiantes. No forma eso, en todo caso, lo más sensible de mi soledad, sino la defección de amigos que fueron lúcidos, rebeldes, y que se han ido incorporando a la Empresa, al Estado, al Régimen.

P.- Usted regresó a España en el 76: ¿Si lo sabe no vuelve?

R.- Yo sabía, no tenía confianza alguna en esa Transición que no significaba sino la progresiva afirmación del Régimen por medio del Dinero.

P.- Los GAL nacieron, al parecer, en el cubil del Cesid. ¿Cómo asiste usted al triste rosario de revelaciones de esta macabra historia?

R.- Con total desentendimiento. No sé lo que significan esas palabras, Cesid y GAL, ni me importan. Sé la función económica real que cumplen: llenar páginas de periódicos para hacer creer a la gente que se está jugando algo.

P.- Gibraltar, ¿español?

R.- A mí España no me interesa nada, es un sitio como otro cualquiera. Y Gibraltar me interesa como peña y, trágicamente, como faro de los huidos de los llamados terceros mundos.

P.- Ceuta y Melilla, ¿españolas?

R.- Te repito que España no me interesa nada. Lo que me duele no es España, sino el Primer Mundo, que es el centro irradiador del mal para el resto de los mundos.

P.- Bien, España no le interesa nada, pero ¿sabe usted a quién pertenece?

R.- Sí, sí, a ese Primer Mundo que te digo, al gran Régimen que abarca a todos los países desarrollados.

P.- Ultimamente se ha revelado usted como un radical activista a favor del tren, contra el automóvil.

R.- O dicho mejor: a favor de los medios de transporte útiles, contra los medios de transporte inútiles. El Capital no ha encontrado un modo mejor de explotar a la gente que vendiéndole coches, y todo es ya pura servidumbre al imperio del automóvil, a ella se sacrifica todo.

P.- ¿Qué concepto le merece la Humanidad?

R.- Según el sistema le obliga a ser y a expresarse, muy mal concepto.

P.- ¿Y la Humanidad en Navidades? ¿Peor si cabe?

R.- Naturalmente. Estas fiestas son el momento más esplendoroso del engaño, y el solo hecho de no celebrarlas se puede presentar como una fuente de placer.

P.- ¿Y la Humanidad según nos la muestra la televisión? ¿Peor que en Navidades?

R.- Peor. La televisión no muestra lo que pasa, sino que nos lo muestra como ya pasado. Esa es su gran contribución a la deformación de las masas.

P.- Anda usted proyectando la creación de un "periódico del revés". ¿Ese periódico se inventaría la realidad de otra manera?

R.- No; buscaría la verdad. Son dos cosas distintas la realidad y la verdad, y este periódico pretendería abolir la fe que los otros inculcan hacia la primera.

P.- Su último libro, "De Dios", ¿obra teológica?

R.- Ataca las formas y los nombres que Dios ha venido tomando a lo largo de la Historia, pero, sobre todo, la última, la forma y el nombre del Dinero, que es, en verdad, la última Epifanía del Señor.

 

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